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Crónica Fib 2013 (sábado y domingo)

Autor:  | Google+ | @blutaski

La tercera jornada del FIB 2013 tenía como plato fuerte la vuelta de Arctic Monkeys  y Miles Kane al festival. Y aunque todavía estaba reciente su anterior visita, la gran mayoría tenía muchas ganas de volver a verlos. Sobre todo por la gran expectación que provoca el inminente nuevo álbum de los primeros y porque el segundo presentaba su segundo trabajo recién editado. Pero empecemos por el principio.

Iniciamos nuestro recorrido en el Escenario Trident Senses donde Soledad Vélez interpretó los temas de su primer disco Wild Fishing (2012) acompañada, como de costumbre, de Jesús de Santos y, especialmente para la ocasión, Dani García a la batería. La joven chilena afincada en Valencia se ha ganado a base de composiciones como I’ve Been Gone So Long, Hug MeDon’t Worry Babe y gracias a su característica voz diferenciarse de la avalancha de cantantes folk femeninas cortadas por el mismo patrón que se ha dado últimamente en nuestro país.

Sin movernos de donde acabábamos de disfrutar de la pureza del folk de Soledad Vélez esperamos el  pop vigoroso de actitud punk rock de China Rats que ya fue una de las sorpresas de la edición de 2011. Son de Leeds y conjugan lo que en su día hicieron The Undertones, Buzzcocks o The Clash sumándole un aire pop retro 50’s– similar al que imprimían The Raveonettes en sus comienzos-, como nos mostraron en To Be Like I, Take No Prisioners o Nip in the Bud. Tienen claro lo que buscan, componer melodías básicas para canciones aguerridas que interpretan sin tregua. Y la verdad es que no les hace falta más equipaje que éste para obtener buenos resultados allá donde van.

Nuestro siguiente paso fue acudir al Escenario Maravillas para degustar a los artistas elegidos como cabezas de cartel. El primero de ellos era Miles Kane, que, como hemos dicho, estuvo en el anterior FIB con un directo que dejó un muy buen sabor de boca.  En su nuevo álbum Don’t Forget Who You Are (2013) se ha distanciado de las melodías del pop más clásico de su debut acercándose al rock de los 70. Con este cambio de estilo, en mi opinión, abandona lo que mejor sabe hacer pero hay que reconocer que, por lo visto sobre el escenario, las nuevas canciones han añadido a su directo todavía más fuerza y empuje. En este caso y por si la garra de su música no fuera suficiente, desde antes de que Kane cogiera la guitarra para comenzar con Taking Over no paró de jalear a un público que ya comenzó rendido. Su actuación se basó en una estudiada combinación de sus novedades – You’re gonna Get It, Better Than That, First of My Kind, Don’t Forget Who You Are o Give Up– y los hits de su primer disco –Kingcrawler, Rearrange, Telepathy o Inhaler– , para completar un show muy dinámico que cerró, como el año anterior, con Come Closer, volviendo a dejar a los asistentes coreando su estribillo. Fue un espectáculo milimetrado y redondo. Ahora nos preguntamos si la carrera de Miles Kane va a enfocarse a crear hits instantáneos carne de directo o si recobrará en nuevos trabajos la sensibilidad de algunas composiciones de su debut o de su proyecto paralelo con The Last Shadow Puppets.

Nadie mejor que Alex Turner para suceder a su amigo Miles Kane, y es que Arctic Monkeys se han convertido en la apuesta más segura del FIB en los últimos años –con cuatro participaciones desde su primera aparición en 2007-. Aunque su carrera ya empezó en alto, tanto en calidad como en popularidad, en estos seis años han escalado los pocos metros que les faltaban para alcanzar la cima, dejando atrás a sus compañeros de promoción de manera obvia. A esta nueva aparición venían con puñado de nuevas canciones que formarán parte de su inminente quinto disco, además de un estilo mucho más duro, rockero y americanizado, el cual llevan puliendo desde su anterior álbum con la ayuda de Josh Homme.

El aspecto y las maneras de Arctic Monkeys han evolucionado radicalmente: ya no son aquellos mocosos con polo que descargaban sus adrenalínicas melodías sin apenas respiro. Ahora son capaces de bajar las pulsaciones de la actuación a su antojo y además lucen como estrellas del rock clásico y utilizan ropa estilo años 50 –no hay más que ver a Alex Turner hablar con el público imitando el tono chulesco de Elvis o peinarse el tupé con tanta clase entre canción y canción-.

El concierto comenzó con los primeros acordes de Do You Wanna Know?, ejemplo de la densidad y sensualidad recién adquirida en su música, para posteriormente ir intercalando canciones de todos sus trabajos. Recurrieron tanto a sus juveniles comienzos con Dancing Shoes, Teddy Picker o I Bet You Look Good On The Dance Floor como a temas más recientes y oscuros como Brick by Brick, Crying Lightning o She’s Thunderstorms, hasta llegar al momento en el que las luces bajaron la intensidad para que Turner, señalando a la luna llena, interpretase en acústico Cornerstone y Mardy Bum. Dominaban el ritmo con descaro y de nuevo apretaron el acelerador para enfilar la potente recta final con Suck It And See, Fluorescent Adolescent y R U Mine? Como corresponde a la banda principal de la noche, volvieron para hacer los bises y los elegidos fueron Mad Sounds, When the Sun Goes Down y 505 con Miles Kane a la guitarra. Mucho se había especulado a cerca de una posible reunión de Turner y Kane en escena y sobre cuál sería la canción elegida – en Glastonbury interpretaron Standing Next To Me de The Last Shadow Puppets– y finalmente se decantaron por un tema menor de Favourite Worst Nightmare (2007). Con su estado de forma Arctic Monkeys no necesitan hacer concesiones a nadie.

Después de la actuación de los grandes protagonistas de la noche la mayoría del público salió en estampida (muchos de los jóvenes anglosajones ya habían consumido su ración de conciertos diaria y ahora les tocaba divertirse de otra manera. Los que seguían teniendo ganas de música se quedaron en el Escenario Maravillas para ver a Kaiser Chiefs. Porque aunque a esta banda se le acuse de tener pocas pretensiones y estar enfocada a la búsqueda del éxito con el que corear un estribillo pegadizo y poder saltar, esas son también las armas que les convierten en el complemento perfecto para cualquier festival, más aún cuando vienen con un recopilatorio bajo el brazo. Su cantante Ricky Wilson no paró de brincar y correr de un lado a otro – ¿Cuántos kilos ha perdido este chico?- incitando al público a que bailara y se divirtiera. Repasaron su ya clásico historial de singles entre los que destacan Everyday I Love You Less and Less, Ruby, Never Miss a Beat, Modern Way o I Predict A Riot – en un concierto en el que Wilson se subió a una de las torres laterales del escenario como tiene por costumbre-. Una auténtica juerga, lo que se les pedía, por tanto misión cumplida.

Antes de marcharnos a casa pasamos por la Carpa Jack Daniel’s Stage, llena gracias a Dani Less DJ residente de Independance – a ritmo de grandes éxitos. La gente tenía ganas de fiesta y pronto tuvieron que restringir la entrada a la carpa al completar su aforo. Fue un final de fiesta redondo.

Al hacer reflexión nos damos cuenta de que el balance de nuevo fue positivo gracias a Arctic Monkeys y Miles Kane, que mostraron estar en un momento de sus carreras de lo más dulce, pero también es verdad que fue una noche menos completa en cuanto a los grupos de la mitad baja de la tabla.

DOMINGO

El último día del FIB 2013 los más valientes nos plantamos bajo el sol de Benicassim ante el escenario grande para disfrutar de un grupo americano que, al igual que Hanni el Katib el viernes, difícilmente podríamos ver de otra manera en España. Deap Vally, dúo formado por Lindsey Troy y Julie Edwards, hacen rock básico y cáustico con toques de blues y tienen como clara referencia a The White Stripes. La rubia Lindsay canta y toca la guitarra con la voracidad de una leona encerrada en una jaula, mientras la pelirroja Julie marca el ritmo y canta sin que en su cara se aprecie ningún atisbo de esfuerzo. Tienen garra y carisma y sólo unas rockeras tan auténticas pueden ir descalzas y vestidas de forma extravagante resultando tan sexys. Por si faltaba algo para que nos robaran los corazones, se mostraron todo el tiempo muy simpáticas, agradeciendo al público la temprana presencia para disfrutar de su música. Un comienzo acertadísimo para el último día.

El siguiente concierto marcado en nuestra agenda era el de Splashh en el Escenario FIBCLUB. Un grupo muy joven que consigue el sonido resultante de mezclar shoegaze, pop lo-fi, psicodeliagaraje, con claras influencias a los maestros de estos estilos de mediados de los 80 y principios de los 90. Están afincados en Londres, aunque tres de sus cuatro miembros provienen de Nueva Zelanda y Australia y el grupo está abalado por excelentes críticas, pero aunque su debut Comfort (2013) ya ha sido editado en Estados Unidos, tendrá que esperar al 4 de septiembre para ver la luz en el Reino Unido. A pesar de esta espera, y como es costumbre británica, han editado varios singles que se han hecho populares rápidamente, como Today Fade Away, Vacation y sobre todo All I Wanna Do. Auténticos hits.

Antes de que acabaran Splashh tuvimos que correr hacia el Escenario Maravillas para ver a Palma Violets. Para nosotros este fue un solape incomprensible, -son dos grupos jóvenes con estilos emparentados y que seguro comparten fans-, pero la denominada Mejor Banda Joven 2012 por NME merecía que le prestásemos toda nuestra atención. Con estas credenciales y un disco como 180 (2013) que está funcionando como un cohete era obvia su programación en un festival que tiene su máxima prioridad en satisfacer al público anglosajón. Además crece su interés viendo las muchas similitudes, tanto en la música como en la actitud, que tienen con  The Libertines y Babyshambles y ya se habla de ellos como sus herederos. Palma Violets ofreció un espectáculo muy entretenido, jugando constantemente entre ellos, con las cámaras y con los allí presentes y tocando temas tan pegadizos como Last of The Summer Wine, We Found Love, All The Garden Birds o Best Friends para regocijo del numeroso público congregado para ser aún de día.

Que el escenario principal se llene expectante para verle actuar o que le comparen continuamente con Bob Dylan parece no impresionar demasiado a Jake Bugg, un chaval de diecinueve años con aspecto de tener menos y composiciones para tener muchos más. Esta perla, que ya está triunfando a nivel mundial, ha sabido conjugar perfectamente el folk más elegante con el pop más accesible y  así hacer llegar su música a las grandes masas. Lightning Bolt, Trouble Town, Two Fingers o Broken son composiciones atemporales que nos hacen frotarnos las manos ante la prometedora carrera que este jovenzuelo tiene por delante. Bugg sonaba bien en su trabajo con banda pero fue  absolutamente impresionante cuando se quedaba sólo con su guitarra acústica.

Conocemos de sobra las virtudes de Black Rebel Motorcycle Club y ya les hemos visto desplegarlas en este mismo contexto. Su mejor trabajo con diferencia fue el primerizo B.R.C.M. (2001) y desde entonces han tenido una carrera llena de altibajos hasta llegar a Specter And The Beast (2013), un disco menos contundente pero con el que parecen haber quitado el polvo a sus chaquetas negras de cuero. Este último álbum viene claramente marcado por la muerte de su manager Peter Been, exmiembro de The Call y padre del bajista Robert Been, al que recordaron eligiendo como single una versión del grupo del que formó parte “Let de Day Begin”, la cual le dedicaron en directo. Repasaron su discografía con canciones como Hate the Taste, Beat the Devil’s Tattoo, Berlin, Conscience Killer o Sell It, para terminar con las infalibles Whatever Happened To My Rock’n Roll (Punk Song) y Spread Your Love de su primer disco -solamentemente se echó en falta Love Burns, para mí, su mejor canción-. A pesar de un volumen extrañamente bajo –en las primeras filas se podía hablar sin ningún problema- que perjudicaba a su característico sonido sucio y oscuro que funciona mucho mejor a más decibelios, salvaron los muebles con el buen repertorio y una conexión con el público a la que no nos tienen acostumbrados.

Abandonamos el escenario principal para ver a I Was A King, una propuesta sugerente aunque minoritaria ya que un grupo noruego de power pop no encaja en absoluto con el perfil del público del FIB y menos aún cuando un megagrupo comercial actúa en la misma franja horaria. (Al que escribe no le interesaba en absoluto la música megalómana de The Killers, me resulta completamente vacía – desde aquí mis disculpas a sus fans si están leyendo estas palabras-, aunque después de acabar  los escandinavos nos acercaríamos a presenciar la parte final de su actuación).

Minutos antes de I Was A King no había ni un alma apostada delante del Escenario FIBCLUB, pero al inicio de su actuación poco a poco fueron acercándose varios grupos de personas, entre ellos los componentes de Splashh y Palma Violets que se lo pasaron en grande bailando y haciendo gracias en las primeras filas. El encanto de este grupo nórdico reside en el impecable power pop de manual que bebe de fuentes como Big Star o Teenage FanClub, no en vano Robyn Hitchcock y Norman Blake han sido los productores de su tercer álbum You Love it Here (2012). Guitarras felices, melodías vocales cristalinas y un puñado de canciones magníficas como Forzen Disease, A Million Signs -con intro de The One I Love de REM– o Norman Bleik -guiño a su mentor- les abalan para poder ser nombrados como uno de los tesoros escondidos del cartel de este año.

Con la energía positiva que nos acababa de inyectar semejante lección de power pop nos tomamos con buen talante la tarea de acercarnos a ver a Brandon Flowers y su grupo. A nuestra llegada The Killers ya habían interpretado Mr. Brightside y Spaceman, dos de sus mayores éxitos con los que abrieron el concierto, pero todavía tenían bastante repertorio que desgranar y poco a poco fueron cayendo temas como Human y una versión descafeinada de Shadowplay de Joy Division, hasta finalizar con When You Were Young en pleno éxtasis de confeti y fuegos artificiales. No faltaron los halagos al numerosísimo público que abarrotaba la explanada del Escenario Maravillas y los ánimos a un Vince Power del que Flowers lució una camiseta a modo de apoyo. En resumen, hicieron rock de estadio con maneras de estadio, con una iluminación impresionante y láseres apabullantes, pero siguen siendo a la música lo que un whooper a la gastronomía.

Cuando aún se deshacía la masa de público que acababa de ver a Brandon Flowers y compañía, nosotros nos dirigimos al Escenario FIBCLUB donde estaban a punto de comenzar Chvurches, para con ellos terminar nuestro periplo por el FIB 2013. A pesar de lo interesante de su propuesta y de ser un grupo recomendado por la prensa musical, poca fue la gente que respondió a la llamada del elegante electropop de los escoceses. Un alto porcentaje de los fibers ya había visto los cuatro o cinco grupos que quería ver este año y no le interesaba nada más.

Como conclusión general nos damos cuenta de que la decimonovena edición del FIB ha tenido cabezas de cartel muy previsibles –salvo QOTSA todos ellos son visitantes asiduos- pero no por eso hay que dejar de lado la calidad que han conseguido ofrecer en esta ocasión respecto a años anteriores. Y la clave la encontramos en el buen ojo para elegir los grupos de mitad de la tabla, lo que ha permitido crear recorridos muy agradables entre escenarios.

Los astros  se han alineado para que la nueva hornada de grupos del Reino Unido –Palma Violets, Splashh, China Rats, Temples, Attic Light o Little Green Cars– sea prometedora. Nos hemos encontrado a un par de grupos interesantes de la Europa no británica como son Alba Lua y I Was A King y además ha tenido cabida el rock&roll americano con Hanni el Khatib y Deap Vally. Si a todo esto le sumamos el buen hacer de los pocos grupos españoles que aparecieron en el cartel – mención especial a Toundra, Guadalupe Plata y Soledad Vélez– la suma final es positiva y satisfactoria.

Quizá esto siga quedándose corto para un festival que ha vivido tiempos significativamente mejores y cuyas señas de identidad están ahora difusas. Pero nosotros, que asistimos año tras año, agradecemos que en la presente edición se haya cuadrado un cartel muy correcto evitando los desengaños de años anteriores. Posiblemente el listón siga demasiado bajo para un evento de la importancia del FIB, pero no sumar nuevas decepciones es un buen comienzo para retomar el camino perdido. Porque, tengámoslos claro, la señal de alarma está encendida y si no se consigue atajar pronto la vía de agua este barco pronto irá a pique.

Las razones que les han llevado a esta situación son conocidas y discutidas desde hace años. El rumbo que ha asumido la dirección de Maraworld desde la salida de los hermanos Morán y el exagerado enfoque hacia los jóvenes anglosajones bajo la promesa de “música y playa” ha hecho que se descuiden muchas otras cosas y, a día de hoy, queda demostrado que el FIB no puede sobrevivir sólo con eso. La crisis, el IVA, y demás, son excusas que caen por su propio peso cuando propuestas con una filosofía diferente –ya sea el Primavera Sound, Arenal Sound o Low Cost– siguen creciendo y colgando el cartel de entradas agotadas.

También os digo que todo mundo cree tener una fácil solución, lo mismo que todos nos creemos entrenadores de fútbol o economistas cuando hace falta, pero esta solución no es ni sencilla ni inmediata y pasa por un cambio profundo de identidad y mentalidad. Se ha abandonado al público de mediana edad con gustos musicales fuera del consumo inmediato, se ha abandonado al público español que quiere descubrir cosas interesantes a las que normalmente no tiene acceso.  Y sigue candente el tema de los grupos españoles, tan polémico en algunos foros, el cual no se consigue solucionar trayendo a bandas que no paran de rodar por todas partes, pero si quizá por dejar algún pequeño espacio para grupos emergentes, singulares o interesantes, ya sea con showcases patrocinados o cualquier otra alternativa válida (no olvidamos que es un negocio y ninguno de ellos puede llenar un escenario grande).

Personalmente, no espero ni creo que sea posible un cambio semejante de un año para otro, recuperar la confianza es difícil, pero sí espero, por el bien de este festival que tantos momentos felices nos ha dado, ver un esfuerzo por reconducir esta situación que a todos nos preocupa. Desde aquí, en ese caso y si nos es posible, intentaremos poner nuestro granito de arena. Nos vemos en el vigésimo aniversario del Festival Internacional de Benicassim.

 Fotos: Laura de Marco

 

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