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Crónica del Primavera Sound (sábado 25 de mayo)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Por la mañana temprano nos fuimos al Parc a ver a Sean Nicholas Savage, del que nos habían hablado maravillas. A medio camino entre la delicadeza de Jens Lekman y la genialidad de Jonathan Richman, el canadiense se mostró elegante, sutil y muy dicharachero. Sus canciones hablan de amores pasados y presentes y delante de aquel museo, cobraban mucha más trascendencia si cabe. Siguesiguepop.

Nada más empezar  el espectáculo de Phanta du Prince & The Bell Laboratory, ya me pareció estar visionando y escuchando algo fuera de lo normal. Salieron ataviados de blanco con delantales grises. Reunidos en el centro del Auditori, las pequeñas campanas que agitaban con sus manos iban creando melodía poco a poco y, de menos a más, las canciones se crecían añadiendo los sonidos de sintetizadores, de la batería y del sonido de los instrumentos a base de campanas que, desplegados por todo el escenario, los alemanes combinaban milagrosamente haciendo de ello un espectáculo visual y sonoro. Todo el Auditori en pie aplaudía con ganas el final del soberbio concierto de una hora. Saliendo del Auditori me sentía feliz de saber que aún hay cosas innovadoras y originales que aún se pueden inventar y sorprender musicalmente y que hay gente que tiene agallas para hacerlas. Brutal. M.R.

En el techo de un autobús vimos a Kokoshca. Los pamploneses, esta vez en formato cuarteto, con Pol de Mujeres ayudando, dieron brío a hits como Mi chica preferida y La fuerza y aprovecharon para presentar hasta cuatro canciones de lo que será su tercer largo. Tan eficaces como siempre, no se dejaron nada por el camino y a pesar de fastidiarnos la siesta, fue un placer verles otra vez, porque ellos ya son leyenda. Siguesiguepop.

El sábado en el Myspace vimos a las Las Tocayas. El trío castellano-madrileño es adorable y divertido a partes iguales, y tienen unas canciones que resultan mucho más enrevesadas de lo que a simple vista dicen. Con algunos fallos todavía, pero reivindicándose como una de esas sorpresas que nos brindó el añorado sello Birra y Perdiz. Siguesiguepop.

En uno de los escenarios grandes (el Primavera) vimos a los barceloneses Extraperlo. Alba, Aleix, Cacho y Borja se mostraron algo más oscuros que otras veces, pero también más solventes y mucho más convincentes. Mezclando canciones de “Desayuno continental” y “Delirio específico” se desnudaron emocionalmente para llegar más a una audiencia que estuvo fiel en todo momento y que lo cantó y lo bailó absolutamente todo. Siguesiguepop.

Grushenka tocaban en la carpita SMINT, pero eso es lo de menos. Para la que escribe, una de las citas impepinables del festival. Aunque hubiera que madrugar, lloviera sol como miel o el sonido de esa carpa dejase (mucho) que desear. Aunque empezasen tarde y los 20 escasos minutos que tocaron se hicieran cortos. Todo daba igual. Estos chicos le dieron duro a las guitarras como cuchillos, y como novedad iban con un Pad electrónico como batería, cosa que funcionó muy bien. Especialmente brillantes sonaron Piel de naranja, Punset ya me lo dijo o Ese gran lunar de tu espalda. Estos chicos son buenísimos y no es nada extraño verlos ya, pese a su juventud vital y como formación, siendo parte de un cartel como el de este PS, un elenco en el que estoy segura que volverán a estar en repetidas ocasiones, y en formato y escenario grandes. Entonces el tiempo no apremiará y no nos tendremos que quedar sin Mi estrategia vital ni sin Visión nocturna. Larga vida a Grushenka. H.O.

Me habían recomendado a estos americanos y no me decepcionaron. Mount Eerie se compone de Phil Elverum y de tres chicas que, al estilo Dirty Projectors para hacer una idea aproximada, complementan unas preciosas e intimistas melodías con dulces registros de voces.

Lo peor fue que las canciones de Mount Eerie sobre el escenario ATP a esa hora tuvieron interferencias sonoras del concierto de Adam Green & Binki Shapiro que tocaban en el escenario Heineken justo al lado.

Algo que dejó mal sabor de boca a algunos y creo que hasta a los mismos Mount Eerie. M.R.

Adam Green es un payaso (él mismo lo dice siempre en sus conciertos), pero es un payaso con encanto. El Adam Green que vimos no tenía nada que ver con el borracho patético que se subió al escenario y apenas podía cantar en el Summercase de hace unos años. No sabemos si es porque ahora va acompañado de la guapa Binki Sapiro, pero dio un concierto muy agradable y entretenido. Tanto las composiciones que han creado juntos, como las de Green (tocó Friends of Mine) funcionaron muy bien. Además, no resultó pesado con sus coñas, y acabó el concierto haciendo un Crowd Surfing (en esta edición se han visto unos cuantos). Una muy buena forma de empezar la tarde. F.C.

Lo del quinteto norteamoericano Cayucas pilló por sorpresa a más de uno. Los californianos estuvieron brillantes y con una sonrisa siempre en la cara de todos y cada uno de ellos. Presentando las canciones de su reciente debut “Bigfoot” sonaron como unos primerizos Vampire Weekend y dejaron claro que lo suyo no es suerte. Su hit “High School Lover” fue lo más aplaudido de un mini show que encantó. Siguesiguepop.

Chucho son mucho Chucho, y como ya lo demostraran hace unas semanas en su concierto en la Joy Eslava de Madrid, están en plena forma. Ha tenido que caerse Rodríguez para que entren en el cartel de este PS (una pena lo de Rodríguez, hubiera sido una gran catarsis colectiva), pero el aforo del escenario Primavera durante el concierto dejó claro que fuimos muchos los que dijimos “no hay mal que por bien no venga”. El Ángel exterminador, El detonador, Cirujano patafísico o Perruzo fueron coreados y brincados con fervor. La voz de Alfaro sigue con la potencia tamizada que le caracteriza, y las guitarras de la banda rugen como el primer día. Especialmente álgido fue el final, con  Revolución y con Magic, con un inicio que en directo te hace sentir por un momento como en un concierto de La Casa Azul y que te deja dándole vueltas a esa gran verdad que contiene: …que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir. Una delicia sonora y un gran bolo el que hicieron. A ver si a la próxima vemos a Alfaro con su proyecto Alfacrepus. H.O.

Dead Can Dance hacían acto de aparición aportando su particularísima visión de la música, una extraña mezcla de world music (con sonidos provenientes del folklore de diferentes lugares del mundo) y vanguardia. En 2012 editaban nuevo material tras 16 años de silencio. Lisa Gerrard (ataviada como si estuviera a punto de interpretar una ópera en la Scala de Milan) y el imponente Brendan Perry nos maravillaron de principio a fin con sus voces profundas y sus ritmos repetitivos e hipnóticos. Complicado mantener en vilo al público festivalero (al final de la actuación se notaba como parte había ido abandonando el concierto, muchos de ellos seguramente poco motivados por estos sonidos tan lisérgicos más lógicos de auditorio que de escenario de festival), pero allá ellos. El rato que pudimos disfrutar con su música fue sin duda uno de los más soberbios, mágicos e intensos del festival. Piel de gallina es poco. J.C.

Muchos no entendíamos que pintaban Dexys en el auditorio, ya que su toque festivo invita a bailar con una cerveza en la mano y al aire libre. Pero los Dexys llevaban un espectáculo muy teatral centrado en su último trabajo, que casi parecía más un musical que un concierto. La primera parte del show estuvo dedicada a las canciones nuevas, y tuvo momentos brillantes como I’m Always Going To Love You o la muy festiva Free, donde todo el Auditori se levantó y dio palmas. Pero también tuvo algunos “peros” que deslucieron un poco esta parte, como la excesiva duración de algunos temas, o la sensación de que a veces se repetían. Para la segunda parte se fueron a los hits y nos deleitaron con una coreada Geno. Pero el gran momento fue el final, con la inmensa This Is What She’s Like, donde demostraron lo grandes que son. Lo malo es que reniegan de su mayor éxito, y aunque algunos la pidieron, nos quedamos sin escuchar Come On Eileen. Una pena. F.C.

Es duro ser un grupo español en el Primavera Sound. Por un lado, como en cualquier festival, es una oportunidad única de ampliar público, pero por otra, suelen quedar relegados a escenarios menores y a horarios poco apropiados, salvando excepciones. Hidrogenesse tuvieron buena fortuna, y fueron programados en un escenario acorde, el Vice, y a una hora perfecta para su propuesta, las 10 de la noche. Carlos y Genís salieron a darlo todo, con una puesta en escena parecida a la que llevan en los últimos tiempos pero adaptada a las circunstancias: nueva ropa, proyecciones, pero la misma disposición. Quien esto escribe ha visto a la banda demasiadas veces, y en el último año juraría que unas 5 o 6, y aquello fue lo mejor que he visto de ellos nunca. El público abarrotaba el escenario y a medida que iban desgranando sus hits ellos mismos se iban animando, yendo cada vez a más. Repasaron, por supuesto, Un dígito binario dudoso, con mash-up de Enigma y Maricas de Los Punsetes incluido, temazos primigenios como Vuelve conmigo a Italia o No hay nada más triste que lo tuyo (que sirvió de cierre) y dejaron espacio para el presente y el futuro. Sonó también lo que será su próximo single mexicano, El artista, y una de sus caras B, la peculiar versión al castellano de Dieu fumeur de havanes, que cantó en su momento Gainsbourg con Catherine Deneuve. Como en cada una de sus apariciones, Disfraz de tigre fue la canción que generó más consenso entre el público, pero personalmente me quedo con lo que está por venir, y es ese tema nuevo (que ya habían tocado alguna vez), que habla de unas hermanas que llevan 40 años viviendo juntas, además de con los grandes momentos de “Animalitos, especialmente Caballos y Ponis y Schloss. Qué a gusto se queda uno cuando espera un concierto sin más y termina viviendo una de las actuaciones más impresionantes del festival. B.D.

Thee Oh Sees son uno de uno de esos incondicionales del Primavera (como Deerhunter o Shellac), y vinieron cargados de su rock tan excitante para hacernos saltar y bailar a ritmo de canciones tan poderosas como Carrion Crawler que fue con la que iniciaron su concierto. Presentando temas de su último trabajo “Floating Coffinestos californianos de San Francisco son realmente el punto algo punk-rock que el Primavera necesita para los que precisan descargar energía.

Ahí metida en segunda fila los botes de la gente me aplastaba, lo cual me gusta y me disgusta a la vez. Preferí verlos desde el balcón del VIP a partir de la quinta canción y con una cerveza en la mano.¡Me hago mayor y el Primavera desgasta!. M.R.

Gran momento el brindado por Wu-Tang-Clan en la noche del sábado. Con seis MCs y un DJ sobre el escenario y toda la mala hostia del barrio neoyorquino de Staten Island junta, la sensación de que sacaban la pipa y se ponían a disparar aumentaba canción a canción. El vivir aquello hacía sentirte que estabas viendo algo histórico y escuchar canciones como Shame on a nigga o C.R.E.A.M. sirvió para dar un golpe en la mesa y dejar claro que el hip hop tiene definitivamente un público en el Primavera. Siguesiguepop.

A Camera Obscura les tocó competir con el cabeza de cartel del sábado (Nick Cave), y aunque no lograron llenar el escenario Ray-Ban, sí consiguieron una gran afluencia de público. Venían a presentar su nuevo trabajo (“Desire Lines”), del que cayeron tres canciones (genial el comienzo con Do It Again), pero fue su colección de hits la que hizo bailar y cantar a los allí presentes. Temas como Lloyd I’m Ready To Be Heartbroken, French Navy o If Looks Could Kill, levantaron el ánimo del público y consiguieron que nos olvidáramos de algunos problemas con el sonido (un Mac que no quería funcionar empañó un poco la actuación). Muy entretenidos. F.C.

A Nick Cave o lo quieres o lo odias. Después del concierto oí de alguien un comentario sobre su look a lo chulo/gitano de negro y despechado luciendo su medalla de oro con ese parecer tan engreído y altivo encima del escenario. Pues así es como a mí me gusta Nick Cave & the Bad Seeds.

Gritando y arañando desgarradamente preciosas melodías que hipnotizan y te llegan como The Weeping SongJubilee Street , The Mercy Seat o la preciosa Push the Sky Away. Cantando y subido a la valla del foso se agarraba a la gente que, en primera fila no dejaban de manosearlo. Dando largos paseos arriba y abajo del escenario me recordaba a un animal herido que busca tranquilizarse sacando todo lo que lleva dentro mientras aúlla. No cantó Loverman pero para quien la conozca estará de acuerdo que esa es la impresión que se tiene de Nick Cave..¡Todo un diablo!. M.R.

Irresistibles. No se me ocurre mejor adjetivo para la electrizante actuación de The Babies, el sensacional resultado de la unión entre Kevin Morby, bajista de Woods Cassie Ramone de Vivian Girls. Indie rock americano de toda la vida, sin experimentación,  vueltas, sorpresas, ni necesidad alguna de todo ello. Solo emoción juvenil a raudales, guitarras crujientes, estribillos que prácticamente exigen ser coreados y ritmos que deben  ser saltados. Si no has oído aún Meet Me in the City o Baby, ya tardas, pero que sepas que en el escenario sonaron diez veces mejor que en disco. Como debe ser. Palmer.

¿Os acordáis de Los Planetas de mediados de los 90? Pues esos fueron los que subieron al escenario del Primavera Sound. Y no porque vinieran a tocar su insuperable “Una semana en el motor de un autobús”, sino porque hicieron un concierto desganado y sin fuerza alguna. No sé si fue por los problemas internos que tienen (Erik prácticamente está fuera de la banda), pero los de Granada perdieron la oportunidad de salir por la puerta grande, y dieron uno de esos conciertos horribles, de los que un servidor ya no se acordaba. Gran parte de la culpa la tuvo J, al que se le notaba que prefería estar en cualquier otro sitio antes que encima del escenario. Cantó peor que nunca (y mira que es difícil), se olvidó de las letras y entró tarde en muchas de las canciones. Tampoco ayudó el volumen tan bajo de ese escenario (lo deberían mirar para próximas ediciones), y la lentitud con la que tocaron muchas de las canciones. ¿Hubo algo bueno? Sí. Una emotiva Línea 1 y el final de La Copa de Europa a lo Spacemen 3 estuvieron bien. El resto lo hemos visto muchas veces, y mucho mejor. F.C.

En agosto ya supe que Liars habían hecho con WIXIW un buen trabajo y por eso tenía curiosidad. A esa hora o ibas a Los Planetas dónde estaban la mayoría de Españoles o al Pitchfork dónde estaban el resto, es decir, todos los extranjeros y otros como yo. Liars, especialistas en composiciones dance-punk, creo que para esta ocasión en el escenario Pitchfork, recurrieron más a su repertorio bailable. Con lo cual me era difícil reconocer a los Liars que conozco bien. No obstante, sus canciones me hicieron entrar algo en calor ante el frío que hacía a esas horas. Cosa que les agradezco. M.R.

Sin concesiones ni importarles qué iba antes o qué iba después, MBV dieron comienzo a su actuación en el escenario Heineken (recordemos, el más grande) dejando claro quiénes son, a qué han venido y cuál es su especialidad: ruidaco. Una cama de distorsión como un somier de alambres puntiagudos pero placenteros meció a todos los que se decidieron por los de Dublín en ese segmento tan disputado (al mismo tiempo estaba tocando en el escenario Rayban Crystal Castles). No sé si otras bandas no supieron luchar contra el viento, no son tan contundentes o por qué no fueron capaces de hacerse oír como debieran, pero los MBV metieron una caña descomunal y un empaste de guitarras espectacular. Una Bilinda Butcher vestida de señora oficinista no hacía presagiar que se mantuvieran tan en buena forma. Eso sí: imposible diferenciar ni una sola de las canciones, imperceptibles las voces (que según parecía en las imágenes de las pantallas, ellos cantaban), y adictiva la sensación de reverberveración que invade cuerpo y mente y cuerpo y mente en loop. Especialmente poco acertada (y moñas) fue la realización de las pantallas de ese concierto, con un cámara empeñado en sacar planos “de personas” de entre el público: gente ensimismada, besos, miradas perdidas, gente como en trance… y no pegaba nada. Un concierto el de MBV que demuestra que el que quiere suena como en sala, que reyes del shoegazer no hay más que unos y que si una fórmula funciona, para qué cambiarla. De lo mejorcito del PS13 y, en general, de allá donde vayan. H.O.

Crystal Castles tocaron a la hora perfecta y en el escenario adecuado. El dúo  canadiense dio al público lo que quería, y la cosa les salió de perlas. Petaron el escenario Ray-Ban, y la gente botó y bailo como si estuviera poseída. A mí, que en disco no me gustan nada de nada, me dejaron impactado con un directo potente y muy contundente. Ya no solo por las poses y las concesiones a la galería de su cantante (eso es lo de menos), sino porque me parecieron una máquina muy bien engrasada. Todo estaba donde tenía que estar. Celestica fue uno de los momentazos indiscutibles del festival, y triunfaron muy merecidamente. F.C.

Poner a Hot Chip a las 4 de la mañana para cerrar uno de los dos escenarios principales del festival, fue todo un acierto. Los británicos arrasaron con su colección de hits y, aunque algunos temas como Ready To The Floor o And I Was A Boy Froom The School sonaron muy diferentes, consiguieron su propósito: hacer bailar al público que abarrotaba el escenario Primavera. Hicieron un corto repaso a su carrera, donde ganó su último trabajo, del que tocaron cuatro temas (lástima que se dejaran ese Motion Sickness que lo abre). Pero fueron Over And Over y I Feel Better (con la que cerraron) las que más hicieron vibrar al público. Tremendos. F.C.

Foto: Dani Cantó (Primavera Sound)

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