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Crónica del Primavera Sound 2013 (viernes 24 de mayo)

Autor:  | Google+ | @curtillo

El viernes me tocaba madrugar para ver a Ethan Johns en el Auditori. Este productor musical británico que ha trabajado con gente como Ryan Adams, Laura Marling o Crosby, Stills & Nash, se presentaba solo con su guitarra con composiciones que sonaban al más puro estilo americano, llenando en solitario el amplio escenario del Auditori. No necesitaba más. Buen sonido y buenas canciones que tuvimos la suerte de escuchar. M.R.

Cinco de la tarde, “qué pereza”, “apuufff ir ahora hasta allí”, cola eterna, “deja la comida que lleves en la mochila en la puerta del Auditori como puedas”… tras todas estas exhortaciones y situaciones surreales fue entrar al Auditorio y, oh magia… atmósfera, virtuosismo, exotismo y muchos más ismos fue lo que vivimos allí los que tuvimos la suerte de estar en el concierto de Mulatu Askatu. Con unas luces bajas muy evocadoras que recreaban ambientes de otros lugares y otros tiempos, el combo de brillantes músicos fueron desgranando melodías juguetonas, revoltosas, de desarrollos cambiantes y saltos impecables, bajo la atónita mirada de muchos que (me incluyo) pensábamos que íbamos allí a dormir la siesta y NO. Capitaneados por el veteranísimo Mulatu haciendo como de director de orquesta, el pianista brilló, el trompetista deleitó, el saxofonista enamoró, el que tocaba los bongos administró dosis de buen rollo, y así todos. Especialmente álgida fue la interpretación de la pieza perteneciente a la BSO de Broken Flowers, el film de Jim Jarmush (quien también comparecía en el festival con su faceta musical), con numerosas interrupciones por parte del público a golpe de merecidísimos aplausos. Un concierto del que salías habiendo vivido dentro de una película de gangsters y de timbas con mucho humo de tabaco, del bar de Rick de Casablanca y con la felicidad de haber presenciado genialidad musical en estado puro, calidad suprema de concierto gourmet y todo el fundamento necesario para poder seguir viendo a niñatos más de nuestro mundo diario aporreando guitarras y haciendo música, o algo que se le parece lejanamente, porque música es lo que hubo en ese Auditorio: pura esencia. H.O.

El cuarteto de chicas PANTY PANTERA derrochó alegría y belleza en su mini-set del Salón MySpace Smint a temprana hora. Las navarras solo tienen un puñado de canciones recogidas en una maqueta, pero no les faltan actitud ni ganas para convertirse en una de las bandas de aquí de las que todo el mundo debería hablar en poco tiempo. Con hits como Cocodrilo o Apestoso la verdad es que muy difícil no lo van a tener. Siguesiguepop.

Los sevillanos PONY BRAVO tuvieron suerte porque les tocó uno de los escenarios grandes (el Primavera) del festival. El tamaño no jugó en su contra, al contrario, lo llenaron todo con su rumba deslenguada y su desparpajo post-loilailo para presentar su reciente “De palmas y cacería“. Como añadido, contaron con la colaboración de los no menos arrolladores ZA!, que terminaron por llenar de color aquel fiestón del sur. Siguesiguepop.

A Kurt Vile le pasó lo mismo que a Wild Nothing: abrir el escenario Heineken le vino grande, y no terminó de sintonizar con el público. Es la única pega que se le puede poner a su actuación, ya que su rock psicodélico sonó muy bien (a pesar del fuerte viento que hizo toda esa jornada). El hecho de que centrara su repertorio en las canciones menos densas de sus últimos trabajos, también ayudo. Los nueve minutos de Wakin’ On A Pretty Day no aburrieron, y fueron perfectos para abrir su concierto. Pero las grandes triunfadoras fueron Jesus Fever, la rockera KV Crime, que sonó inmensa, y una tremenda Freak Train, que cerró el concierto. Un gran músico en pleno estado de gracia. F.C.

Hacer cola a las tres de la tarde para adquirir un ticket para ver a DANIEL JOHNSTON en cuarta fila mereció la pena. El norteamericano estuvo sobre el escenario unos 50 minutos (contando el bis) en los que se sintió como en el salón de su casa (eructo incluido) y desgranó alguna de sus mejores canciones. Devil Town, Speeding Motorcycle y sobre todo ese final con True Love Will Find You In The End pusieron los pelos de punta a más de uno e hicieron que el respetable lo despidiera de pie, como a los grandes de verdad. Con esa mezcla entre naïf y frágil, lo suyo fue una victoria que todos augurábamos y que no decepcionó a nadie. Siguesiguepop.

Si algo le pedíamos a Django Django bajo un cortante viento que incitaba a poco más que acurrucarse entre la multitud en busca de calor, era que subiesen la temperatura y nos hicieran movernos con su rock bailable. Pero, ay, quizá contagiados del clima, sus canciones sonaron ralentizadas, más frías y con menos chispa que en su dinámico debut. Simpáticos en lugar de eufóricos, animados más que energéticos, no consiguieron pasar de la corrección para llegar a la fiesta que tanto esperábamos. Palmer.

Una de las incógnitas de esta edición, era ver como se lo montaba encima de un escenario Daughn Gibson. Su electrónica pasada por el filtro fronterizo funciona muy bien en disco, pero en directo no termina de cuajar. En parte porque lleva casi todo pregrabado, y tan solo se hace acompañar de un batería y otro músico a los teclados y la guitarra. Eso sí, los nuevos temas, mucho más rock y oscuros, funcionan mejor (The Sound Of Law fue lo mejor del concierto). Además, él tiene una presencia imponente en el escenario, sabe que está bueno y lo explota todo lo que puede con sus posturas y sus contoneos delante del micrófono. Entretenido, sin más. F.C.

A las 21:20 en el escenario Vice, delante del mar, y ante el viento que nos helaba a los allí reunidos, presenciamos el calor de un buenísimo concierto de Matthew E. White.

Su álbum fue catalogado de dramático pop-gospel y ciertamente escuchando Big Inner llegué a la conclusión de que sería un concierto tranquilo, reposado e intimista pero este americano de Virginia fue arrollador. Escuchar grandes canciones soul-country como One of These Days en la voz de Matthew E. White y tocadas con guitarras y ritmos americanos pero fuera de lo comúnmente ordinario, fue todo un acertado descubrimiento que ya intuía. Tuve suerte. M.R.

Empezar un concierto con una de tus canciones más conocidas puede ser una temeridad, pero, en el caso de Solange, Some Things Never Seem to Fucking Work fue algo más que un acierto. El público del Escenario Pitchfork comenzó a bailar y quedó prendado con el carisma de la americana, que estaba visiblemente contenta, alegre, con una sonrisa en la cara que no se movió. Los más fans nos dimos cuenta de la ausencia en el escenario de Dev Haynes, compañero de fatigas en esta nueva aventura, pero el músico apareció como una estrella más en el segundo corte. Las coreografías perfectamente sincronizadas de él y la cantante en canciones como Don’t let me down animaban el cotarro, a pesar de que algunos abandonaran con caras algo largas. Aquellos que esperaban un concierto para darlo todo bailando probablemente quedarían decepcionados, pero quienes sabían que “True“, su último EP, es una pequeña colección de ritmos lentos y sexies disfrutaron como enanos. Mezclando sin tapujos soul, funk y pop, Solange hizo un concierto muy solvente y entretenido, repasando su nuevo material (especialmente brillante la interpretación de Bad Girls) e incluso haciendo una concesión a aquel lejano segundo disco con Sacantless Disco. Tras presentar a la banda, quitarse la cazadora, bajarse del escenario para tocar a las primeras files, hacer demostraciones de poderío vocal, bailar y divertir, pidió al público que guardaran sus móviles y se entregaran al disfrute… y fue entonces cuando la locura se desató. Los primeros beats de Losing You provocaron una euforia desatada, uno de esos momentos del festival. Pero ahí no acabó la cosa: tras abandonar el escenario, parece que la organización les dio permiso para un tema más y ni cortos ni perezosos, se marcaron una versión de Stillness is The Move, de Dirty Projectors, que cerró una actuación corta y poderosa. B.D.

The Breeders nunca han tenido un buen directo, pero suplen sus carencias con su simpatía (me quedo con la frase de su guitarrista: “I love Barcelona, except for the cold”) y con sus canciones, por supuesto. La oportunidad de escuchar en vivo el “Last Splash” en orden pintaba muy bien, pero el sonido, que se cortaba cada dos por tres (según he leído, era por el limitador de volumen de ese escenario), no terminó de acompañar. Aun así, tuvieron buenos momentos con No Aloha, Divine Hammer, Saints y, por supuesto, Cannonball, que se vio un poco deslucida al caer la segunda. Pero el orden del disco es ese, y no hay tu tía. Después de acabar con el disco, nos obsequiaron con cinco temas más, donde destacó su ya clásica versión del Happiness Is Warm Gun de los Beatles y Safari. Aunque también tocaron una sosa versión del Shocker In Gloomtown de Guided By Voices. Mejor que otras veces, pero no para tirar cohetes. F.C.

Otros que nunca han brillado en sus directos son The Jesus & Mary Chain, y aunque aquí tuvieron buenos momentos, nos quedó una sensación rara tras su concierto. Los hermanos Reid no sonaron peligrosos encima de el escenario. De hecho, en algunos momentos parecían un grupo de AOR. Tan solo brillaron cuando recuperaron sus grandes éxitos (Head On o Happy When It Rains), en sus canciones más crudas como Snakedriver, Sidewalking o Reverance, y por supuesto, cuando recuperaron temas de “Psychocandy”. Lo mejor del concierto fue Some Candy Talking, Just Like Honey (con Bilinda Butcher de My Bloody Valentine a los coros), y la dupla formada por Taste Of Cindy y Never Understand, con la que acabaron. Aquí sí que se pudo ver a los Jesus más ruidosos y peligrosos, los que más molan. Bien, con algún momento brillante. F.C.

Swans aparte, este año la parcela que el Primavera siempre dedica a música oscura y difícil correspondió a Neurosis y su angustioso y retorcido post-metal. Densos y ardientes como como una lengua de lava, a plena intensidad de los focos, sin efectos, proyecciones o juegos de luces, empezaron asfixiantes, quizá demasiado, pero a medida que avanzaba el concierto supieron dinamizar la actuación y culminar con una absorbente Locust star que demostró por qué merecían estar allí o en cualquier otro festival de prestigio. Palmer.

El tipo de música calmada de James Blake no lo hacía para un festival y menos a las 00:15h. Me daba miedo que el intimismo de sus melodías y letras quedasen apagadas entre las charlas del aburrido personal que va disfrazado de hipster para la ocasión, o de borrachos foráneos gritones. En lugar de eso encontré respeto y pude escuchar el mejor concierto del viernes. Superó lo que esperaba de él. Aún recuerdo la emotiva interpretación de There’s a Limit to Your Love o el loop inicial de I Never Learn to Share cuando del publico rugió un gran aullido de placer y que, como loop, se fue repitiendo a lo largo de toda la canción.

En directo las canciones toman fuerza. Esto pasa pocas veces. Electrónica pura de primer orden musical. Un genio absoluto. M.R.

Entiendo tanto que mucha gente no aguante a Swans como que otros muchos los adoremos. Porque su música casi no es música, es algo primario, físico, táctil, que golpea más que suena, que aturde, arrastra y araña. No alcanzaron por poco la intensidad inhumana de su concierto de 2011 (¿quién podría?) y Michael Gira en esta ocasión se acercó más a un predicador alucinado aullando en el desierto sobre el apocalipsis que a la genuina Bestia. Pero su directo sigue siendo una experiencia única, una zona negativa resonando con truenos, furia y lamentos; dura, pero que vale la pena visitar. Palmer.

El Primavera es un festival tan consolidado, que puede permitirse el lujo de llevar a The Wedding Present a tocar tres canciones en una terracita próxima al escenario Heineken (con el sonido conectado a éste), justo antes de que toque Blur. Los de David Gedge sorprendieron a todos con menos de diez minutos de actuación, y sonaron mucho mejor que algunas de las bandas que formaban parte del cartel. De hecho, Everyone Thinks He Looks Daft fue uno de los momentos del festival. Una sorpresa muy agradable. F.C.

Si había un cabeza de cartel claro en esta edición, era Blur. Damon Albarn y los suyos congregaron a la mayor cantidad de público de todo el festival (la salida de su concierto fue un horror), y para nada defraudaron. Hicieron lo que sus seguidores deseaban, que no era otra cosa que sacar a la palestra su colección de éxitos. No tuvieron ningún reparo en abrir su concierto con Girls & Boys y Popscene, o de cerrarlo a lo grande con The Universal y una Song 2 enorme. Albarn estaba como un niño con zapatos nuevos: saltó, bailó, corrió sin parar de un lado al otro del escenario, y hasta bajó para cantar Country House entre el público. Además, las dos únicas canciones del repertorio que no fueron singles, estaban muy bien elegidas. Tanto Caramel, como la grandiosa Trimm Trabb cumplieron muy bien su función, que no era otra que la de dar un descanso a tanto hit. Un concierto inmenso en el que demostraron lo que es un cabeza de cartel de verdad. F.C.

Me esperaba mucho más de The Knife, sobre todo después de escuchar las maravillas que hay en su último trabajo “Shaking the Habitual“. el cual acaban de editar. Pero los hermanos Dreijer me defraudaron.

Si en Cd me gustan, en directo las absurdas coreografías y bailes me estorbaban en el orden musical. Porque de música dudo que hubiera, al menos allí en el escenario no habían instrumentos y la mayoría de temas fueron puro play-back.

Para ser un festival la gente se divirtió y se lo tomó bien ya que en el precio venia incluido pero os aseguro que pago 30 euros para ver en sala The Knife y me hacen el show que hicieron en el escenario Primavera y lo considero una real tomadura de pelo.

Yo voy a un concierto a escuchar música. Para ver coreografías me bajo “Fama” y la miro tan ricamente. M.R.

Foto: Eric Pamies (Primavera Sound)

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