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Crónica del Primavera Sound 2013 (jueves 23 de mayo)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Empezamos la jornada con El Inquilino Comunista. El grupo de Getxo se reúne de vez en cuando para hacer algún concierto, y demostrar que cuando se trata de indie-rock noventero, ellos tienen mucho que decir. Sonaron bien, como si nunca lo hubieran dejado, y canciones como Pastis 91, Wild Life (con la que empezaron), Charlotte Says o Colored Wiew, hicieron moverse al público congregado en el Escenario Primavera. Lástima que no podamos decir lo mismo de Sukie, la cual no tocaron nada bien, y dio la sensación de que la cortaban a medias. F.C.

A Wild Nothing no le vienen bien los escenarios grandes. Su música suena demasiado plana, y da una sensación de neutralidad que hace que no consiga emocionarte en todo el concierto. El norteamericano sonó bien (el sonido del escenario Heinenken ha mejorado mucho) y tocó sus mejores canciones. Pero Paradise, Only Heather o Shadow, no lograron animar a un público que sólo bailó con Golden Haze y Summer Holiday, dos de sus primeros temas. Además, acabó con Ride, de su reciente Ep, que mucha gente todavía no conoce. En un escenario un poco más recogido, hubiera sido otra cosa. F.C.

Savages lo tuvieron difícil. Difícil verlas con un cegador sol poniente atacando de frente al público, difícil oírlas cuando la voz de Jehnny Beth sonaba como si cantase dos escenarios más allá, difícil sonar bien con una guitarra estropeada. Pero a base de energía, sinceridad y la electricidad de trallazos como Shut Up y She will, la joven banda consiguió demostrar que la aparentemente inagotable energía del post punk puede seguir siendo tan efectiva en 2013 como en la época de Siouxie o Joy Division. La próxima vez en sala y será con toda seguridad memorable. Palmer.

Eran las 20:30 y el rock psicodélico de Tame Impala hubiera lucido más de noche con la pantalla de alta definición que detrás de ellos proyectaba juegos de luces estroboscópicas pero el concierto, aunque breve, lució todo lo que les encumbró a las listas de los mejores del 2012 con su “Lonerism“. Buenas canciones (Feels like we Only Go Backwards o Elephant), ritmos garajeros con reminiscencias sixties y su postura rebelde porque el mundo les hizo así. M.R.

Metz fueron uno de los grupos que demostraron más contundencia en el escenario Pitchfork. El trío canadiense desplegó su mezcla de hardcore, grunge e indie-rock ante muy poco público, pero se dejaron la piel en poco más de media hora de actuación. Sobre todo su cantante, que más que cantar berreó durante todo el concierto. Quizá se parecen demasiado a los Nirvana del “Bleach”, pero temas como Headache funcionan muy bien directo. F.C.

Jessie Ware es una compositora y cantante británica recuerda a Sade (la cantante nigeriana-británica de éxito en los 90’s) por su estilo de voz suave pop-soul. Sade nos sorprendía en el pasado, y Jessie Ware lo hace en el presente. Encima del escenario demuestra potencial pero, a la vez, resulta algo demasiado teatral. Vestida como para ir de boda cantando, a mi parecer, con movimientos de brazos algo exagerados me resultaba una postura poco natural o espontánea. En fin quizás eso sea lo menos criticable pero me sorprendió. M.R.

No hay duda de que Dinosaur Jr. siempre son una buena apuesta en directo, pero si encima les pones un sonido perfecto, sus conciertos se pueden convertir en inolvidables. De todo lo que vi en el festival, fue lo que mejor sonó, y eso que este año ha habido muy pocos puntos negativos en ese sentido. A los de Massachussets sólo les dieron 50 minutos (algo incomprensible), pero fueron a toda leche y nos obsequiaron con temas de toda su carrera como Feel The Pain, una inolvidable Freak Scene, e incluso una canción que estaba en su primera maqueta. Evidentemente, no se olvidaron de su último trabajo, del que tocaron una celebrada Watch The Corners y Rude, ni de su ya mítica versión del Just Like Heaven de The Cure. Como nota curiosa, hicieron un homenaje a la banda de Hardcore Deep Wound, y tocaron una versión de su Training Ground con el cantante de Fucked Up al micrófono. Un diez para ellos. F.C.

Hace cinco años tropecé con él casi por casualidad, este año sabía muy bien lo que iba a ver. A Bob Mould, el mito, el hombre detrás de Hüsker Dü o Sugar, el padrino de casi todo punk rock con melodía, de casi todo pop con furia desde los 80 hasta aquí. Pero sobre todo al animal de rock que volvió a enseñarnos de qué va todo esto. Una guitarra, un bajo, una batería y una energía brutal, sin piedad, sin límites. Ni siquiera necesitó If I can ‘t change your mind, al fin y al cabo como él mismo dijo “tengo un nuevo disco, se llama Silver Age y os pateará el culo”. Como él lo hizo de principio a fin de su apabullante, insuperable concierto. Palmer.

Hace 10 años me empapaba del trabajo indie por excelencia “Give Up” de The Postal Service. Ahora rememorarlo fue algo místico. Escuchar y cantar canciones como Such Great Heights o We Will Become Silhouettes con un Ben Gibbard elegantemente vestido de negro más bailongo de lo habitual encima del escenario, con un Jimmy Tamborello cumpliendo su misión de productor musical detrás del sintetizador y la dulce voz de Jenny Lewis, tuvo un grato efecto en mí y entre el público por las caras de satisfacción que observé al concluir la actuación. M.R.

Deerhunter son de otro mundo, no cabe duda. Dieron uno de los grandes conciertos del festival y se confirmaron como una de las mejores bandas de nuestros días. Se dedicaron a presentar su “Monomania”, al cual dieron un buen repaso, y dejaron constancia de que, aunque sea su trabajo más flojo, es de lo más digno. Así lo demostraron canciones como The Missing, T.H.M, el medley con Sleepwalking y Back To The Middle (lo mejor del concierto) o una increíble Monomania, en la que Bradford Cox se hizo unos bailecitos obscenos con su guitarra. Eso sí, tampoco faltaron grandes temas de su carrera como Agoraphobia o Desire Lines. Son muy grandes y lo volvieron a demostrar el sábado, ya que volvieron a tocar en sustitución de Band Of HorsesF.C.

Grizzly Bear dieron un gran concierto, el mejor del jueves. “Shields”, de 2012 es un gran trabajo y en directo hipnotizan. En el escenario Primavera me sonaron a gloria divina. Para mi vienen de otro mundo: Combinaciones de guitarras, sintetizadores, piano y/o violín, ritmos pop-folk-rock que se paran y arrancan de nuevo, la distorsión psicodélica y esas voces conjuntadas que cantan con alma…me fascinaron. No esperaba menos de ellos. M.R.

Death Grips fueron probablemente lo mejor que vi en el festival, por su crudeza, por sus graves salidos del infierno, por su volumen atronador y por esas ganas de sonar agresivos y nerviosos en todo momento. Trascendieron el hip hop a base de macarradas y por ser uno de esos momentos que sabes que se recordará. Deuda saldada con creces tras su caída del cartel en el 2012. Siguesiguepop.

Era la primera vez que escuchaba el directo de Phoenix, y reconozco que estos franceses son el grupo perfecto para animar un festival. Tienen una gran fuerza que, en directo, es capaz de mover y divertir a la masa festivalera que entonaba hits como Lisztomania. Luego vino el delirio colectivo cuando el guapo Thomas Mars se subió a la valla del foso cantando un par de temas y todos/as le querían tocar o grabar con su móvil, y ya sumió en catarsis a algunas/os cuando reptando mientras cantaba con el cable del micro alargado para la ocasión, llegaba más allá de las primeras filas y la multitud lo mecía. Fue todo un acto de confianza con el público. No sé yo si me atrevería. M.R.

Los británicos Fuck Buttons también optaron por el volumen atronador y por unas curiosas proyecciones de sus siluetas tomadas por un sensor de calor. Es cierto que pierden gracia si no es la primera vez que los ves, pero escuchar e intentar bailar Surf Solar o Bright Tomorrow siempre es un interesante añadido. Lo más curioso de todo sigue siendo que ellos dos están ahí taladrándote los oídos como si nada. Siguesiguepop.

Animal Collective llegaron al PS como elefante en cacharrería pero en modo cantos gregorianos. Atrás quedan ya recitales antiguos en los que lo daban todo y querían una audiencia que bailase. Desde hace algunos años Animal Collective sólo brindan en los conciertos sus composiciones más tranquilas, y convierten a ese formato cualquier otra de sus piezas. Asi, lograron amuermar hasta al más animado incluso interpretando su antaño celebrado My Girls. Una elección poco acertada por su parte, un horario en el que si te descuidas te joroban la noche y una inducción al amuermamiento inadmisible e inasumible para la 3 de la mañana de un festival. No me gusta hablar en estos términos en mis escritos sobre conciertos, pero me veo obligada: fue un coñazo monumental y a mitad de concierto corría como perro sin amo buscando cualquier otro plan que me devolviese a mi estado de euforia pre-Animal Collective. Y lo encontré: Jackmaster en el Pitchfork fue mi salvación y la de muchos, y puede menear el esqueleto al ritmo de Donna Summer, de la nueva de Daft Punk y de otros muchos temas de ayer y siempre para terminar la noche del jueves de festival como se merece. H.O.

El fin de fiesta del jueves lo puso John Talabot con una sesión a modo de verbena que se llenó de gente de una manera que nadie esperaba. Ritmos latinos, algunos hasta tribales y una electrónica de calidad en una selección para quitarse el sombrero. Me sigue pareciendo admirable que un artista nacional tenga esa aceptación. La verdad es que bailamos y mucho, que de eso se trataba la cosa. Siguesiguepop.

Foto: Meritxell Rosell

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