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Crónica del Phono del Sol Festival 2013 en San Francisco

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

La tercera edición del Festival Phono del Sol fue toda una experiencia. Un festival en tierras norteamericanas ya lo sería por sí solo. Pero es que esta fue una jornada indie muy particular, bastante distinta a las de los festivales de música a los que estamos acostumbrados. Así que además de la crónica habitual, propongo jugar también a las siete diferencias.

La primera diferencia es el horario. Ciertamente, los primeros nombres de cada jornada suelen tocar a primera hora de la tarde, pero, ¿a las 12 de la mañana? Exacto, B. Hamilton arrancó Phono del Sol 2013 a esa hora tan intempestiva, entre niños que preferían el tobogán -segunda diferencia, aquí no había papis y mamis expertos en postureo con bebés y cascos mastodónticos a cuestas- pese a la inicial curiosidad y, tercera diferencia, skaters, por lo que parece autoproclamados dueños del parque -que familiar me suena eso- y como siempre, ajenos a algo más que no sea su -dichoso- monopatín. Pese una buena dosis de guitarrazos e intensidad vocal, mucho más blues-rock de toda la vida que shoegaze, el todavía puñado de asistentes estaba más pendiente de ubicarse en el cómodo césped, comer -la típica escena de picnic americana mil veces vista en las películas pero con música alternativa de fondo, ¿idílico no?- o aplacar los instintos de sus sobreexcitados perros -cuarta diferencia-.

Tras el inmediato primer paseo -una broma, nada para quienes llevamos años moviéndonos entre los escenarios del Primavera Sound- Surf Club demostró que las expectativas creadas con sus primeras canciones tienen base. Mucho más cercanos a The Pains of Being Pure at Heart en directo, el único pero fue la falta de fuerza vocal -algo que desgraciadamente se repetiría en varias actuaciones en el llamado Potrero stage -. Aún así, apúntense este nombre.

Nuevo mini-traslado al Bandshell stage para ver a Cool Ghouls, banda que parece nacida para el directo. Divertidos, festivos, su música retro sin duda no inventa la rueda -rock soleado acorde con el día y la ciudad, con ramalazos Beatles, momentos psicodélicos y toques setenteros- pero contagia. Mucho más atractivos que las siguientes bandas, Blouse y Social Studies. Los primeros, sobre todo a causa de la ya mencionada falta de un mejor sonido en las voces, una pena ya que el dream pop con ribetes electrónicos y la sugerente voz de Charlie Hilton merecía mejor fortuna. Y los segundos, porque sonaron a unos Beach House muy pasados de rosca, con una preocupante sobredosis de épica. Fue el momento idóneo para descubrir por nosotros mismos si el festival cumplía la segunda parte de su denominación: la gastronómica. La variedad y cantidad ofertada por los ocho camiones de comida, todos por hosteleros locales, era sorprendente. Pero aún lo fue más descubrir dónde estaba metida la gente: en la zona de bares -para mayores de 21 años claro- aprovechando la happy hour hasta las 14:00. Quinta diferencia.

Peor aún le fueron las cosas a Radiation City, que literalmente se comieron prácticamente la mitad de su concierto intentando solucionar los varios problemas de sonido, especialmente con el bajo. La prueba evidente de que una agenda tan apretada -los grupos se iban sucediendo de un escenario al otro sin tiempo de espera entre ellos, sexta diferencia- y con apenas 30 minutos de actuación por grupo, es una apuesta arriesgada. El resultado fue que solo pudieron tocar tres temas, fantásticos en su combinación de pop enrevesado, saltarín y coral, pero muy escasos. Ganas de más. En cambio a Painted Palms todo les salió de perlas. Excelente sonido, puesta en escena y canciones muy sólidas, con mucho más músculo y cálidez en directo de lo esperado tras oír su envolvente synth-pop. Descubrimiento confirmado.

Con la satisfacción de la anterior banda, llegaba el turno del que era -para el que escribe al menos- el plato fuerte del Festival, Bleached, y su esperada puesta en escena de uno de los discos más adictivos del 2013, el imperdible Ride Your Heart. Lamentablemente, de nuevo el sonido falló, haciendo prácticamente imposible oír las voces de las hermanas Clavin -Jennifer expuso su preocupación en varias ocasiones, pero no hubo mejora-. Guitarras y batería sonaron implacables, pero solo pudimos disfrutar de sus temas a medias. Chasco.

Después vendrían dos de las propuestas más peculiares de la jornada. Por un lado Marnie Stern, que a un servidor le resultó tremendamente indigesta, no tanto por los experimentos con la guitarra, sino por su insufrible voz. Mucho mejor cuando no cantaba. Y por el otro la rapera K. Flay, que pareció convencer a la muchedumbre a tenor de la cantidad y respuesta del público congregado.

Pero si hubiera que elegir a un grupo triunfador de la tercera edición del Phono del Sol ese honor le corresponde, sin discusión, a Thee Oh Sees. Dispuestos a arrollar desde el primer minuto, el incansable combo se encontró con un puñado de fans entregados en las primeras filas. Pogos, saltos desde el escenario -a eso sí que se apuntaron los skaters, que como bien comentó John Dwyer tienen la suerte, por no utilizar otra palabra, de no tener que pagar entrada- y auténtico fervor acompañaron cada canción de los héroes locales. Tanto que las precarias vallas amenazaban con venirse abajo con cada andanada. Pero he aquí otra diferencia, la séptima. Aquí la autoridad -privada, policía, hasta rangers– responsable de la seguridad si actuó. Fuera vallas, una llamada a una cierta calma… y The Oh Sees acabando su concierto con una invitación a subir al escenario con ellos, obviamente correspondida por una masa extasiada. Tamaña apoteósis colectiva dejó la actuación final, a cargo de YACHT, en un cierto segundo plano, hecho algo injusto dada la pegada del combo -cuarteto para la ocasión- en directo y las dotes de Claire Evans como leonina frontwoman.

En definitiva, Phono del Sol Festival fue una jornada musical notable, con varios descubrimientos muy recomendables entre el gran número de bandas comprimidas en un solo día, y pese a los problemas de sonido en el Potrero stage, también con momentos muy destacables. Y una manera diferente, más sosegada -Thee Oh Sees aparte- y diurna de entender un festival.

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