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Zahara, Sala Bikini, Barcelona (23-04-2012)

Autor: | @indienauta

zaharalive

Dejo la moto en frente del centro comercial L'Illa Diagonal. Llevo 10€ en el bolsillo, insuficientes para pagar la entrada. Necesito pasar por un cajero, pero mientras espero a que el semáforo se ponga en verde (para peatones) un chico de pelo moreno y buenos modales me pregunta si sé dónde está la sala Bikini. Le indico el trayecto y le explico que yo también voy a ver a Zahara, que tengo que hacer una crónica para Indienauta. Cosas del destino, o sin ser tan trascendentales, de la casualidad, me dice que le sobra una invitación y me la ofrece. Acepto encantado. Se llama Carlos y es de Terrassa. Esperaba ir solo al concierto con mi libreta de apuntes, al final iré acompañado, y así me gusta más. Al entrar le invito a una cerveza y nos ponemos a charlar sobre la capa superficial de nuestras vidas. A eso de las 21:30h. sale Zahara al escenario con toda su banda.


A partir de aquí me veo incapaz de escribir nada que tenga algo de relación con la realidad, con ese mundo serio y tajante que rodea el día a día. Así que me tomaré la libertad de dar rienda suelta a la herencia momentánea de mis sentidos más profundos, y que sea a través de las palabras de éstos que se redacte lo ocurrido. Seré parcial, subjetivo y todas aquellas cosas que un buen periodista debe evitar ser. Pero no estoy en esto por ningún juramento hipocrático, y tampoco soy periodista. Que sea el placer quien hable, no mi ego pseudo-profesional. Escribí la reseña de su disco hace apenas 2 semanas, quizás menos, y esperaba encontrar lo mismo en el concierto. No ha sido así. Cuando uno escucha el disco se sumerge en un mundo que poco tiene que ver con el directo de Zahara. En el disco no hay una mujer de aspecto frágil y delicado que sonríe tímidamente y que rasga su guitarra como si sus cuerdas fueran de seda. Tampoco vi en el disco unos delgados brazos dibujando en el aire siluetas oníricas cuando sus manos no sostienen ningún instrumento. Ni vi la sonrisa tras la que se esconde el talento y la belleza. No vi esas cosas y muchas otras, porque en el concierto de repente caes en un agujero que no habías conseguido esquivar y cuya caída es tan larga que pierdes el norte, el sur, y te invade la sensación de que quizás te has equivocado durante toda tu existencia hasta ese momento. Te preguntas: ¿por qué es la primera vez que estoy aquí? y culpas al resto de la humanidad porque nadie nunca antes te había traído a un concierto como éste. Se abre ante ti un pasillo entre el público y te ciega una poderosa luz que traza en el aire figuras sensuales parecidas a una musa setentera en pleno festival de Woodstock. Como Medusa en la mitología griega, Zahara te petrifica y hace contigo lo que quiere. Tan bellas son sus canciones como lo es ella, como lo es su voz, que consigue que en "Del Invierno", la gente del público se quede en silencio, suelten sus almas al cielo y que vuelen abrazadas por encima de la alfombra de cabezas. Sí, he salido del concierto algo triste, porque tocaba volver a la realidad, que parecía inmensamente bonita hasta que se me ha plantado delante un fruto incalcanzable llamado Zahara.

Y ésa es mi realidad, la que yo viví. Otros quizás vieron 16 canciones en 1 hora y media de concierto. Quizás también escucharon (en un orden u otro): "Leñador y la mujer América" con una introducción del "América" de Nino Bravo, "General Sherman y cómo Sam Bell volvió a la luna", "Mariposas", "El Universo", "La mujer mayúscula y el mar", y otras tantas canciones de "La Pareja Tóxica" y las más exitosas de su primer trabajo "La Fabulosa Historia de...". También muchos vieron una versión del conocídisimo "You're the one that I love" en un cocktail reagge, soul y Jimmy Hendrix, de una manera altamente sensual, casi erótica. Además, muchos vieron 3 bises y fueron abroncados simpáticamente en la última canción por no cantar las canciones. Zahara presentó varias veces a los miembros de la banda que la acompaña, y agradeció a cada uno de la sala el estar acompañándola en ese momento (incluso a los camareros). Pero yo vi lo del párrafo anterior.
Haciendo un esfuerzo de objetividad y abstracción destaco el sonido compacto de todos los músicos del escenario, la elegancia y la contundencia con la que instrumentaron las canciones, con ese extra que aportan a los conciertos incapturables en los discos de estudio de cualquier banda. También hay que reconocer que la sala Bikini tiene un sonido magnífico, algo que ya se sabe en el mundillo. El bajista (no pude apuntar su nombre) hizo las segundas voces de todas las canciones, algunas técnicamente muy complicadas. Y a pesar de la primera canción del concierto, que como suele ocurrir casi siempre, los volúmenes aún estan por ajustar con precisión, el resto de la actuación fue impoluta, alternando emociones y variando el ánimo según las canciones. Y no me incluyo porque yo estaba en otra dimensión espiritual, pero el público estuvo algo soso hasta que empezó a atisbarse el final del concierto. Zahara presentó la canción "Adiós" anunciando que se marcha de Barcelona, si no entendí mal con destino a las Américas, y creo que ese fue el momento del sonoro catacrak que hizo mi corazón al romperse con tal mala noticia. Esto es todo lo objetivo y profesional que puedo ser, y me ha costado horrores.

Acaba el concierto, me despido de Carlos Valero, a quien dedico este artículo, porque sin conocerme de nada, me invitó a entrar en un lugar al que nunca nadie antes me había llevado. A Zahara no puedo dedicarle nada que esté al alcance de mis manos. Cogeré mi guitarra, cerraré los ojos, y que el recuerdo del concierto dibuje su rostro en alguna de mis canciones.

Foto: Shook Down

 

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