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Yo La Tengo, La Riviera, Madrid (05-03-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

YoLaTengo portada

“Dos horas y media con Yo La Tengo”: ese podría ser el título de esta crítica. Aunque también la podríamos llamar “Yo La Tengo se telonean a sí mismos” o “Yo La Tengo: la calma que precede a la tempestad”. Los de Hoboken decidieron que para esta gira era necesario hacer un show semiacústico y tranquilo en la primera parte, y sacar la garra y la electricidad en la segunda. Como siempre, la cosa funcionó de maravilla.


Fuimos muchos los que nos llevamos un chasco cuando, nada más empezar el concierto, nos encontramos con una versión acústica de Ohm. El tema que abre su último trabajo se ha convertido en un todo un himno en muy pocos meses y escucharlo sin su torrente de psicodelia no entraba dentro de nuestros planes (afortunadamente, un par de horas más tarde, nos iban a dar una sorpresa). “Fade” es un disco tranquilo, para tomarse las cosas sosegadamente. Sentados –delante de los árboles de cartón que se han convertido en la seña de identidad de esta gira–, Yo La Tengo comenzaron la primera parte del concierto desgranando los temas de su último trabajo: Two Trains, Cornelia and Jane, It’s That Enough (un nuevo clásico), o la preciosa I’ll Be Around. No se olvidaron de temas antiguos, y el público lo celebró con entusiasmo. ¿Ejemplos?: La preciosa Season of The Shark o la inmensa Black Flowers, en la que James McNew demostró que puede ser el gran protagonista de la banda cuando le da la gana. Pero lo mejor de esta parte fue el final, cuando atacaron Nowhere Near. El espíritu de la Velvet se posó sobre el escenario de La Riviera y nos dejaron con la boca abierta. Es espectacular cómo pueden hacer sonar una sala como esta, como si fuera el mejor sitio del mundo para asistir a un concierto (ni por asomo). Guitarras claras y teclados envolventes que se te meten el cuerpo y te dejan paralizado, con cara de pasmo. Además, al final de este tema pudimos ver el primer espasmo eléctrico de Ira Kaplan (cómo le gusta arrodillarse a este chico), un adelanto de lo que vendría más tarde. Como ya he dicho antes, se telonearon a sí mismos, y el cambio de un show a otro se alargó hasta la media hora (se hizo un poco pesado, aunque fueran dos conciertos totalmente diferentes). Sobre las 22:20 salían otra vez al escenario, ya con la batería en un segundo plano y sin sillas en las que sentarse. Tengo que confesar que cuando se convierten en un hombre orquesta (y se van intercambiando los instrumentos) es la faceta que más me gusta de los norteamericanos. Demuestran que, aunque sólo son tres, son capaces de sonar como si fueran siete. Esos son los Yo La Tengo que demuestran su genialidad. Empezaron esta parte con Stupid Things, el tema que adelantaron hace un año y que, finalmente, han incluido en su último trabajo. Con James a la batería y Georgia a los teclados, nos deleitaron con seis minutos de ritmos krautrock y ataques epilépticos de Ira Kaplan. No fue la única que cayó del nuevo álbum en esta parte eléctrica. También pudimos escuchar Well You Better, ese tema que tanto bebe del pop sixties, o una grandiosa Before We Run, donde sustituyeron las trompetas por capas y capas de distorsión. Tremendo es poco. Pero claro, no pueden olvidarse de su pasado y recuperaron joyas como Moby Octopad –imposible no resistirse a ese ritmo de batería 4x4 y al teclado juguetón de Ira Kaplan–, hits noventeros y guitarreros como From a Motel 6, o una celebrada Sugarcube. La sorpresa que nos tenían preparada era Ohm en su versión eléctrica. Un servidor, que ya había perdido toda la esperanza de empaparse con la psicodelia del tema, dio un salto de alegría al escuchar los primeros acordes de esta canción inmensa (a juzgar por la reacción del público, no fui el único). Se ha convertido en otro clásico de su discografía. Iban ya casi dos horas y media de concierto y, entre muros de distorsión y psicodelia, llegamos al bis (no sé qué les dan en New Jersey, que no hay quien les baje del escenario). Todo el mundo sabe lo aficionados que son a las versiones, y en esta ocasión nos deleitaron con el Gates of Steel  de Devo. Además, Ira Kaplan nos recordó que la primera vez que vinieron a Madrid fue hace 24 años y, como para celebrarlo, tocaron Let’s Compromise de su álbum de 1987 “New Wave Hot Dogs”. Hubo un segundo bis en el que Georgia y el que suponemos que era el roadie fueron los protagonistas. Tocaron una delicada What Can I Say (fue como volver a la primera parte del concierto) y nos echamos unas risas con la bomba de humo que hizo el roadie a mitad de canción. Fue el broche perfecto a otro concierto genial de los de Hoboken. Y ya van… Fotos: Fernando Curto    
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