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Will Johnson + Clem Snide, Sala 2, Barcelona (23-04-2009)


“¡Clem Snide! ¡Clem Snide!” grita en su entrada socarrona, brazos en alto, ese niño travieso que es Eef Barzelay, robándonos el fervor de fan antes de que podamos utilizarlo contra él. Y nadie puede evitar la risa que nos contagian sus ademanes (no importa si reales o fingidos) de permanente borrachera simpática.


Y es que, en concierto, Clem Snide son él y sus chistes. Él y su risilla nerviosa apenas contenida, sus comentarios ácidos, su paso inseguro, su guitarra y su divertida locuacidad. Sólo dos compañeros de viaje le secundan en esta nueva gira, siempre a un lado, dejando espacio al carisma sin límites de Eef: Brendan Fritzpatrick al bajo con su impasible media sonrisa (“muy precioso… hermoso”, anuncia Eef en su escaso español, “pero también… peligroso”) y Ben Martin a la batería.

Ese formato de trío redujo peligrosamente los matices de unas canciones que ganan con ropas más suntuosas, otro lastre añadido a que el reciente “Hungry bird” sea posiblemente el disco menos interesante del grupo. Y efectivamente, eliminadas las suaves pinceladas jazzy y los aromas country, y potenciado el indie-folk a medio tiempo, hubo momentos en que el show no pudo pasar de un aprobado en lo estrictamente musical, como ese “Born a man” que pidió a gritos un piano. Pero contando en vanguardia con alguien como Eef, el Jonathan Richman del siglo XXI, y en retaguardia con canciones tan vibrantes como “I love the unknown” o “Your favourite music”, la victoria final está asegurada. Sí, para ello hubo que tirar de carisma y buen rollo, de bromas inesperadas y de complicidad con un público que no dudó en aportar cachondeo, a veces casi excesivo, al show. Pero en la guerra y en el amor vale todo, y desde luego a Clem Snide los amamos.

Todo lo contrario es lo que ofreció justo antes Will Johnson (Centromatic, South San Gabriel) con un concierto íntimo y suave, sin intentar ganar favor alguno y simplemente dejando que su clásico folk americano, su guitarra y su preciosa voz mendiguen una atención nunca exigida. Lo consiguió sólo en ocasiones mientras desgranaba canciones propias y del próximo trabajo grabado a medias con Jason Molina y finalmente se atrevió a incitar un simpático coreado global que por fin puso una sonrisa tímida en boca del público, tímida y agradable como el concierto en sí.


 

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