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Voces Femeninas, Teatro Lara, Madrid (26-11-2014)

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Para la edición de este año de “Voces Femeninas” no se podía haber elegido a unas artistas más alejadas (tanto en lo musical como en lo geográfico), la islandesa Ólöf Arnalds y la estadounidense Tune-Yards.

Arnalds fue la encargada de abrir la velada.  Comenzó con una canción de su segundo disco titulada “Madrid” (muy apropiado) y terminó con “Patience” del recién publicado “Palme” (su quinto disco, y el tercero cantado íntegramente en inglés). Entre ambas canciones dio un pequeño repaso a su discografía intercalando temas en inglés con otros en islandés. Vino acompañada de Skúli Sverrissonun a la guitarra, y juntos (ella también a la guitarra), con la ocasional pequeña ayuda de pedales y ritmos pregrabados, ofrecieron un pequeño recital de neo-folk de raíces escandinavas.
Agradable, pero sin nada que la distinga mucho de la multitud de “cantautoras” que ofrecen un discurso similar (al menos en su faceta de directo, más interesante en estudio). Sí, Bjork le gusta mucho.
Lo que vendría a continuación iba a ser una historia muy diferente.

Definir la música de Tune-Yards, o lo que es lo mismo el proyecto musical de Merrill Garbus, no es fácil. Folk, R&B, funk, free-jazz, Afro-pop, techno,rock… y alguna cosa más. Su directo tampoco es fácil de describir, algo a medio camino entre un concierto de world music (bailes étnicos incluidos) y una rave llena de indie-kids vestidos con despojos de los años 80 (y con, por qué no decirlo, cierto tufillo “perroflautero”).
Confieso que la propuesta musical y escénica de Merrill y sus acompañantes no podía estar más alejada de mis gustos (a priori), pero cuando el talento habla lo más inteligente es callarse y escuchar (o bailar como en este caso).

A la segunda o tercera canción la señorita Garbus sugirió que quizás más adelante nos apetecería levantarnos de las butacas y bailar, no tuvo que repetirlo. Un público ya entregado se levantó de sus butacas y ya no se volvió a sentar.
Uno de los recursos musicales de Merrill es grabar en directo sonidos de percusión, de su ukelele, o su propia voz, y luego, convertidos en loops, usarlos como arreglos a las canciones. Así, y acompañada de bajista, percusionista y dos coristas-bailarinas (más ella cantando, tocando los teclados, el ukelele o percusiones varias), nos llevó a todos a su terreno sin que apenas nos diéramos cuenta. Terreno más propio de una fiesta o celebración que de lo que normalmente se espera de un concierto en un teatro. Fiesta y celebración tanto para la audiencia (no recuerdo haber oído nunca ovaciones tan grandes en el Lara) como para los que estaban encima del escenario.
Cantaron, gritaron, bailaron (y mucho), saltaron, y sobre todo contagiaron a los presentes de una energía y una alegría que no es fácil ver en un mundillo tan lleno a veces de “postureo” y pretenciosidad. Tocaron canciones de sus tres discos, no faltaron temas como  “Sink-O“, “Real Thing”, “Time Of Dark”, “Gangsta” o “Water Fountain” (single de su último disco “Nikki Nack”), pero podrían haber recitado el listín telefónico y nadie se hubiera quejado.

Aunque el público que llenaba el teatro (pese a que esa misma noche otra relevante “voz femenina” tocaba en Madrid) ya venía con ganas, la simpatía y el encanto de Merril Garbus (esforzándose por hablar en castellano) acabó por meterse a todo el mundo en el bolsillo (incluido el abajo firmante).

Fue una fiesta, y a todos nos costó dejar el teatro (algunos seguían cantando y bailando mientras otros se abalanzaban sobre el puesto de merchandising).

Una fiesta. Y esta tía es un crack. Punto.

Foto: lolasartphoto

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