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Triángulo de Amor Bizarro, Ochoymedio (7-04-2010)

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¿Estáis preparados para un infierno de ruidaco?" -preguntó Isa nada más salir al escenario-. La respuesta nos la dieron ella misma y sus secuaces al instante, vomitando con furia los primeros acordes de Mal como efecto de mala voluntad, de su primer disco. A partir de ahí, un no parar de guitarracas, bajo potentorro, y savoir faire de los gallegos. En directo sus voces inquietan y su manera de hacer sonar guitarra y bajo utilizando un montón de pedales hipnotiza. Da igual que el sonido de la sala no sea muy bueno, como fue el caso: ellos se ponen a rasgar las cuerdas y que sea los que Dios quiera.


Inmediatos, imparables e imprescindibles del indie patrio, tocaron con gran ímpetu temas del nuevo álbum que venían a presentar, Año Santo, y de su celebrado debut. Así, todo el Ochoymedio coreó al unísono grandes himnos como "llevar navaja siempre es conveniente" o "no tengo miedo mamá, camino hacia la luz". Y pocas fueron las gargantas que se resistieron a desgañitarse con De la monarquía a la criptocracia, el tema imán de su nuevo disco que escuchas una vez y no puedes parar de ponerlo en repeat. Del nuevo tocaron casi todo, destacando especialmente La malicia del género humano, El baile de los caídos, Año Santo o Amigos del género humano (¿soy la única que piensa que la voz de Rodrigo en este tema se parece mucho, pero mucho mucho, a la de Alaska?). Y puestos a buscar parecidos, el desarrollo que aparece en el segundo 18' de El radar al servicio de los magos me recuerda a esa quietud rockera que destilan los temas de The XX, y en vivo lo ejecutaron magistralmente. Además nos regalaron grandes dosis de disfrute con numerosos cortes de su primer disco: El Himo de la bala, ¿Quiénes son los curanderos? o la envolvente y perfecta en su composición El fantasma de la Transición

Como ya habían ido dejando caer en las promos previas, Isa y Rodrigo venían acompañados por sus nuevos compañeros de banda, un batería y un teclista al parecer amigos suyos. Los nuevos componentes se dejan la piel para apoyar al sonido metálico y vibrante de la banda. Todos ellos lo dieron todo y acabaron totalmente sofocados, exhaustos. Un concierto de Triángulo de Amor Bizarro es como "sufrir" una anestesia de esas que te deja noqueado pero en un estado como de plena satisfacción. Sales de allí con los oídos aletargados como si acabaras de disfrutar de la rabia de My Bloody Valentine en directo, flotando como en una nube de guitarras contundentes y certeras. Como decía Marina de Klaus&Kinski durante el concierto que dieron al día siguiente en Madrid: "lo de Triángulo ayer estuvo bonico, ¿verdad?, aunque los oídos pitan un poco". Los Punsetes tampoco se quisieron perder a esta apisonadora que nunca falla en directo. Larga vida a los TAB.

Fotos: Henar Ortega

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