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Tortoise, Matadero, Madrid (15-05-2012)

Autor: | @indienauta

tortoisematadero

Si tuviera que elegir una banda para poner la música de mi (hipotético) primer film (nonato), escogería Tortoise. Su elegancia, experimentalidad, su fogosidad milimétrica, en definitiva, su riesgo. Grupo poco dado a los focos, mediáticos y de los otros, su música es la par atractiva pero huidiza, puro caviar cuando atraviesas el portal cognitivo de asimilar una amalgama de rock (básicamente en su percusión), kraut, free jazz, algo de dub, toquecitos electrónicos aquí y acullá, ambient, progresivo, xilófonos… Todo ensamblado bajo el paradigma de la improvisación pero que en directo suena cortado a medida.


Ver a Tortoise es una siempre una oportunidad impepinable y la que brindó Los Conciertos Sublimes le otorgó cariz de concierto único. Inicialmente planeado para la angustiosa sala Rock Kitchen, la promotora tuvo el acierto de llevarse el concierto a la Nave de la Música en el reformado Matadero. Y, en una doble pirueta con medio tirabuzón, plantarlo a las 12 de la mañana del día de San Isidro, fiesta de Madrid. El madrugón no asustó a los cerca de 300 valientes que con mucha cara resacosa y alguna que otra gorra de chulapo, se acercaron a degustar el post-rock (amplia etiqueta ésta) del quinteto de Chicago.  

Como aperitivo, valga el símil dada la hora, estaba programado Hyperpotamus, el alias bajo el que se esconde Jorge Ramírez. Uno no sabe ya qué pensar de estos hombres orquesta del siglo XXI que tirando de loop y multipistas se lo montan en plan Juan Palomo. Donde algunos caen en el aburrimiento absoluto (no citaré a Algodón Egipcio, ooops…), la propuesta de Ramírez fue, al menos, divertida. Con camiseta de Camarón y una bota de vino, creó bases y capas de sonido sólo con sus cuerdas vocales mientras montaba una buena jarana cantando hiperactivamente. Despertó la curiosidad de un respetable que, por lógica, debería estar medio sobado y pasando del telonero. Minipunto para Hyperpotamus.

 Ya eran las 13:10 cuando le tocó a Tortoise. En un escenario rodeado por un jardín, dieron su primera dosis con High Class Slim Came Floatin’In, un tema potente de su último disco, ‘Beacons of Ancestorship’ (2009). Dos baterías, tres teclados, dos xilófonos, guitarra y bajo. Este es el arsenal con el que se armaron los multitatuados multinstrumentalistas John McEntire y John Herndon, que llevaron el peso sonoro, con Doug McCombs, Jeff Parker y Dan Bitney unidos a ellos formando una máquina precisa. Poco comunicativos, prepararon un setlist variadito de ayer y hoy. Hubo espacio para los Tortoise más recientes (The Fall of Seven Diamonds plus One, Prepare your Coffin o Charteroak Foundation) y los que se forjaron una leyenda de grupo sesudo pero revolucionario en el trayecto del ‘Millions Now Living Will Never Die’ y ‘TNT’:  Along the Banks of Rivers o In Sarah, Mencken, Christ and Beethoven... Mención especial para una versión reducida de Djed (la original son 20 minutos sublimes). Y con la misma sobriedad que vinieron, se fueron, castizamente y sin concesiones, pero llevándose una calidísima ovación. Por un año, San Isidro aparcó el chotis y se hizo post-rockero…

Fotos: Carlos Forjanes

 

 

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