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Tindersticks, Circo Price, Madrid (21-07-2016)

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Tindersticks son un género en sí mismos. Un grupo que se ha convertido en paradigma de la melancolía y la elegancia, añadiendo (o quitando) elementos a su discurso musical hasta hacerles diferentes en sus diferentes etapas pero siempre absolutamente reconocibles en su propia singularidad.

Los Tindersticks de ahora no son los Tindersticks de entonces, ni lo pretenden. Primero fue el pop de cámara oscuro y melodramático lleno de arreglos de cuerda, luego vino el acercamiento (a su manera, claro) al soul clásico, y paulatinamente el interés cada vez mayor por las bandas sonoras (propias y ajenas). Hasta llegar a un punto en el que todo eso (y alguna cosa más) se aglutina sin que ninguna de las partes destaque muy por encima de las otras.

En ese contexto se sitúa “The Waiting Room“, el disco que vinieron a presentar en el Teatro Circo Price de Madrid el pasado día 21 de julio. La última vez que el grupo estuvo en la capital fue presentando “Across Six Leap Years”, un disco en el que revisitaban temas de anteriores trabajos y que era la excusa perfecta para ofrecer a sus seguidores algo parecido a un “greatest hits” a la hora del directo. Quien esperase algo así se equivocó de concierto.

Tindersticks han vuelto a la dinámica que tienen desde hace ya bastante tiempo, centrar sus conciertos en las canciones del trabajo más reciente con pocas concesiones a glorias pasadas. Digo todo esto por algún comentario que oí cuando el grupo terminó su actuación la otra noche en el Price. Es lógico que cuando un grupo tiene ya una trayectoria dilatada su público espere en directo temas significativos de trabajos anteriores, pero en realidad es una manera bastante egoísta de forzar a los artistas a tener que renunciar a sus apetencias y a lo que realmente les pide su momento creativo actual en favor de complacer a sus seguidores. Stuart Staples y compañía no parecen estar muy por la labor de sucumbir a ese tipo de esclavitudes. Tocaron el último disco prácticamente entero (con Staples asumiendo la parte vocal femenina de “Hey Lucinda”, que en el disco realizó la tristemente desaparecida Lhasa De Sela), y solo dos temas de su muy apreciado segundo disco fueron rescatados (“Sleepy Song”, “She’s Gone”), los demás temas no pertenecientes a “The Waiting Room” fueron canciones de “Waiting For The Moon” en adelante (“Sometimes It Hurts”, “Boobar Come Back to Me”, “This Fire of Autumn”, …..). Y como nota “exótica” una emotiva y muy lánguida versión de “Johnny Guitar”. Nada perteneciente a su primer disco ni a “Simple Pleasure” o “Can Our Love”.

Se presentaron con su formación actual con la “nueva” sección rítmica que ya es estable desde hace algunos años, y sin ningún músico extra (en algunas ocasiones hemos podido verles acompañados del gran Terry Edwards, que ha sido casi como un miembro no oficial del grupo desde el principio). Los arreglos de cuerda y viento de algunos de los temas fueron sustituidos por teclados, dando al conjunto un sonido más homogéneo. Y por supuesto la voz, la presencia, y la peculiar manera de interpretar de Staples (que cada día que pasa se parece más a Lee Hazlewood) como centro de atención.

Los británicos parecen estar contentos y cómodos con su sonido y sus temas más recientes, y en ese sentido dieron un concierto absolutamente coherente. ¿Un buen concierto? Sí, pero quizás no el más adecuado para aquellos que veían al grupo en directo por primera vez, o para los que esperaban rememorar tiempos pasados.

Parece que la independencia y la honestidad de un grupo respecto a su música, y a su manera de hacer las cosas nos gusta sobre todo cuando no choca con lo que nosotros esperamos de ellos, cuando no es así la cosa cambia. Sea como sea este grupo en concreto no parece querer vivir de las rentas. A quien no le guste que no mire (o escuche).

Fotos: Adolfo Añino

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