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Tinariwen, Teatro Lara, Madrid (20-03-2011)

Autor: | @indienauta

TINARIWENLARA

Pese a que geográficamente España es la puerta de entrada y salida a África, no es habitual ver a unos tuaregs sobre un escenario español. Si bien, esta visita no es una deferencia a la península, los malienses dieron el salto a occidente a mediados de la década pasada. El interés por su música ha traspasado barreras geográficas y se ha vuelto global, gracias fundamentalmente a su disco “Amassakoul” (2004) que trascendió más allá de los oídos atentos a los sonidos étnicos. Ya en 2007 la publicación de “Aman Iman” y sobre todo la inclusión por Pitchfork de” Matadjem Yinmixan” entre las mejores canciones del año hizo que hasta el habitualmente sectario público indie abrazara la tradición bereber de un concierto programado dentro del ciclo SON EG.


Toda esta tendencia hacia las nuevas músicas, abanderada por Damon Albarn y su “Mali Music” (2002) y por otras grandes estrellas del pop internacional (que a la hora de citar nombres solo caen en Ali Farka Touré), tenía que llegar tarde o temprano. El sur de Europa no puede vivir mirando solo al norte y al oeste e ignorando el sur y el oeste. La hegemonía anglosajona nos deja las miras puestas en solo dos puntos cardinales. Aun así, el choque cultural es brutal. Frontal. Como un portazo en la cara. Y eso que queda minimizado con el uso de instrumentos occidentales tales como guitarras eléctricas, acústicas y bajo (un bajo, por cierto, tan potente como un bombo de batería).

El quinteto, masculino en su totalidad (menuda obviedad), hizo una demostración asombrosa del dominio de los instrumentos. No dejaron de rotar e intercambiar roles pero siempre bajo el mismo esquema: todos a bloque y solo la voz principal, colocada al frente, se sale del rebaño con solos de eléctrica. Presentaron su último trabajo “Tassili” (2011) merecedor del Grammy 2012 a mejor álbum de World Music. En el Teatro se dieron cita africanos, amantes de la cultura africana y oídos sofisticados en busca de nuevas fuentes que degustar. El resultado, un espectáculo tradicional de raíces que, irónicamente, acaba siendo de lo más original de la escena actual.

El inquietante efecto visual de chilabas y turbantes acompañado por guitarras eléctricas causa la misma desorientación que los personajes de Jesucristo Superstar portando metralletas.

Si hay que buscar objeciones las encontramos en la similitud de las excelentes canciones entre sí. Ningún asistente podrá jurar (salvo acaso los que conozcan la lengua) que no tocaron un mismo tema dos y hasta tres veces. Una composición de Tinariwen puede tener un efecto hipnótico y evocador pero la sucesión de ritmos durante más de hora y media genera saturación y empacho en los neófitos.

El desierto aterrizó en Madrid, en una noche fría que acabó cargada de blues, reggae, rock y folk. Todos estos estilos componen el assouf que así se llama lo que estos genios destilan por todo el globo.

 

Fotos:theyedropper

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