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The Sea And Cake, Sala El Sol, Madrid (28-05-2018)

Autor: | @adolf_ito

Queda feo decirlo, sobre todo con un grupo reacio a las versiones y con un material original tan bueno, pero descubrí a The Sea And Cake por su interpretación del Sound And Vision de David Bowie. Aquel One Bedroom (2003) no era su mejor trabajo, pero hizo que me interesara por sus otros discos y terminé por convertirme en un ferviente admirador de la banda de Chicago.

El lunes por la noche presentaron en la sala El Sol de Madrid su nuevo álbum, Any Day, que llega después de un periodo de sequía de seis años. Tenía interés por ver cómo sonaba en directo este trabajo, aunque ya había podido disfrutar de su directo en 2013 en el Primavera Sound con la formación actual: Sam Prekop (voz y guitarra), Andrew Prewitt (guitarra), John McEntire (batería), y Doug McCombs, de Tortoise, sustituyendo a Eric Claridge al bajo (desde que Claridge dejó el grupo por temas de salud en 2012, McCombs le sustituye en los conciertos, pero en el estudio es McEntire el que lo suple).

Como teloneros pudimos disfrutar de Karen Koltrane, el proyecto de Ángel Valiente en el que predomina un synthpop repetitivo que gana muchos enteros en los momentos con más distorsión. Tocaron temas de sus dos trabajos, Plantas de Interior (La Montaña Artificial, La Huida) y Álbum (Permafrost, Nieve, Ondas Gravitacionales) y dieron una muy buena impresión.

Pasadas las 10 de la noche salieron al escenario The Sea And Cake, afinaron sus instrumentos y comenzaron a tocar un setlist que vienen repitiendo con exactitud en toda la gira: 19 temas (20 con el instrumental de regalo que cayó cuando algunos ya estaban subiendo las escaleras de El Sol) de los que 8 son de Any Day y los 11 restantes del resto de su ya extensa discografía (sonaron Harps, Four Corners, An Echo In, New Patterns, On A Letter, …). Su indie-rock con toques de jazz y bossa nova prácticamente no ha evolucionado desde sus comienzos, pero siguen fabricando canciones perfectas, con una complejidad técnica que su virtuosismo hace pasar desapercibida. Ahora quizá hay menos electrónica y más sonidos analógicos (en el disco colabora, por ejemplo, Paul Von Mertens al clarinete), la voz de Prekop suena mejor que nunca y el bajo de McCombs le da a las canciones una base que hace que brillen más en vivo. Y ahí está Prewitt a la guitarra, que es algo inenarrable: podría pasarme horas escuchándole sin aburrirme lo más mínimo. Otro punto importante es que en las canciones nuevas hay mucha más parte cantada, y les sienta estupendamente. Esas letras intimistas, evasivas, melancólicas, se funden perfectamente con la música (Prekop comentaba hace poco: “I’m in pursuit of real beauty”).

Después de un excelente concierto, volvieron a salir para los bises y cayeron The Argument, Coconut y, como cierre perfecto, Parasol. Ya con las luces encendidas y alguno abandonando la sala (en mi caso, comprando el vinilo), volvieron a salir al escenario por la insistencia del público (por desgracia, la sala sólo registró media entrada) y cerraron, ya definitivamente, con un tema instrumental.

The Sea And Cake es de esos grupos que te gustaría que siguieran ahí toda la vida. Ojalá que continúen publicando discos y dando conciertos muchos años más.

Fotos: Adolfo Añino

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