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The Raveonettes, Sala Heineken, Madrid (03-02-10)

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La última vez que The Raveonettes pisaron la capital, no dejaron muy buen sabor de boca. Sune Rose Wagner (el chico), estaba completamente afónico y no pudo cantar, así que no es extraño que la sala Heineken presentase un lleno espectacular para ver a los daneses y poder, por fin, disfrutar de su música en condiciones adecuadas.


Abrió la noche el dúo Belga The Black Box Revelations, el enésimo grupo de guitarra y batería que ha salido estos últimos años.  A pesar de sonar bastante bien y de que pudimos comprobar que tienen tablas de sobra –venían a presentar Silver Threats, su segundo álbum– su música no terminó de calar; no eran ni malos ni buenos, simplemente eran insulsos y la mayoría de sus canciones eran de esas que se te olvidan a los dos minutos de escucharlas.

Con casi 45 minutos de retraso, salía al escenario el dúo danés, acompañado de un bajista y un batería para presentar su último trabajo: In And Out Of

Control. Desde el primer minuto, vimos que íbamos a tener que soportar, de nuevo, el horroroso sonido de la sala Heineken. El bajo estuvo saturadísimo hasta casi la mitad del concierto, así que un sufrido publico se las apañaba como podía para ir intuyendo, entre guitarras distorsionadas y el bajo saturado, las canciones de los daneses. Un servidor pudo reconocer algunas (Gone Forever, Dead SongChains o Let’s Rave On). Cuando ya lo dábamos todo por perdido (en cuanto al sonido), llegó Love In Trashcan y el sonido cambió rotundamente; por lo menos se distinguían las guitarras –brutal ese Boys Who Rape (Should All Be Destroyed) de su último álbum–, pero la cosa duró poco, porque a los 15 minutos anunciaban el final del concierto. Por supuesto, hicieron la pantomima de los bises y salieron a tocar una coreada Last Dance y la que todavía sigue siendo su mejor canción, That Great Love Sound. No fue un gran concierto: falló el set list, ya que se dejaron muchos hits y algunas de las mejores canciones de su último álbum (Suicide, por ejemplo), pero, sobre todo, falló el sonido de la sala, algo que parece que vamos a tener que sufrir siempre.

Fotos: Adolfo Añino

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