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The Pains Of Being Pure At Heart + Apartamentos Acapulco, Joy Eslava, Madrid (15-10-2017)

Autor:  | Google+ | @curtillo

No cabe duda de que a The Pains Of Being Pure At Heart les gusta España, y que a España le gusta The Pains Of Being Pure At Heart. Solo hay que ver la extensa gira que se han montado por nuestro país, y la respuesta que obtuvieron del público madrileño la pasada noche. Es más, la sala Joy Eslava rozó el lleno, y eso que no era fácil, ya que estamos hablando de un domingo en el que media ciudad estaba volviendo de puente. Pero las ganas de ver en directo las canciones de su nuevo trabajo, el sobresaliente “The Echo of Pleasure”, y de disfrutar de sus hits, pudieron más que la pereza típica del último día de la semana.

Abrieron la noche los granadinos Apartamentos Acapulco, que se están acostumbrando a ser los teloneros de algunas de las grandes bandas que pasan por la capital. Ya los pudimos ver hace unos meses con sus vecinos Los Planetas, y ahora hemos tenido la oportunidad de volver a disfrutar de ellos. Y sí, la palabra es disfrutar, porque, pese a su juventud, manejan de maravilla los ingredientes necesarios para hacer buenas canciones de shoegaze y noise-pop. Acertaron en su vertiente más planetera, como es el caso de esa ‘Scarlett’ sedosa y envolvente. Pero también cuando se fueron hacia el hit de pop ruidoso y guitarrero, donde esa ‘Qué quieres de mí’ no tiene rival. Sin duda alguna, una de las bandas nacionales a la que no hay que perder la pista.

The Pains Of Being Pure At Heart tienen una colección de canciones aplastante a la que no se le puede poner casi ningún pero. Además, como ya comentamos de su anterior visita a Madrid, han mejorado una barbaridad su directo, sobre todo Kip, que muestra una seguridad encima del escenario que no mostraba en sus comienzos. Para colmo, y aunque sea algo secundario, son majos y educados, dan las gracias a los teloneros, y aplauden al público que ha ido a verles. Así que es difícil que la gente no salga con buenas sensaciones de sus conciertos.

Tan solo bastaron unos pocos minutos, los que duró la inicial ‘My Only’, para que pudiéramos comprobar que estos Pains son palabras mayores. Además, los que pensábamos que ya no disfrutaban con las guitarras duras y distorsionadas, estábamos muy equivocados. Los de Brooklyn sonaron como un rayo, y canciones como ‘Anymore’, ‘Come Saturday’, o ‘Until The Sun Explodes’, mostraron una contundencia que no habíamos visto antes. Pero su cancionero también cuenta con temas mucho más pop, como ‘Heart In Your Heartbreak’, ‘Teenager in Love’ y ‘Higher Than Stars’, que siguen siendo infalibles. Aunque la sorpresa vino con ‘When I Dance With You’, uno de los singles de su último trabajo, que aquí sonó sólida como pocas, y con un Berman disfrutando delante del micrófono.

La parte final del concierto fue un auténtico regalo para sus seguidores. Y es que, encadenar seguidas ‘Young Adult Friction’, ‘Everything With You’ y ‘Belong’ es jugar sobre seguro. Sobre todo, porque las tocaron sin miramientos, a toda leche, y pisando el pedal de distorsión como si no hubiera un mañana.

Ya comentaba más arriba que Kip Berman está muchos más seguro encima del escenario. Y eso es algo que demostró nada más empezar el bis, donde salió el solo con su guitarra, y donde tocó “una canción que no había tocado nunca” y además dijo “que no sabía si era muy buena idea”. Pues no solo demostró que sí fue muy buena idea, también nos dejó una ver una faceta suya que no habíamos visto antes, en la que cantó maravillosamente, con una voz desgarrada y una melancolía más propia de un cantante country que de uno de pop. Tras deslumbrar él solo, se le unió la banda y atacaron la genial ‘Eurydice’ y la siempre bienvenida ‘This Love Is Fucking Right’. Supuestamente, el concierto tenía que acabar ahí, pero un Berman visiblemente emocionado, incitó a sus compañeros a que volvieran a coger los instrumentos y dar una propina a sus seguidores madrileños. La elegida fue ‘The Pains Of Being Pure At Heart’ con la que echaron la vista atrás, concretamente a su primer Ep, y se despidieron con una fuerza exultante y una tormenta brutal de guitarras distorsionadas.

Una vez más, un aplauso para los Pains, a los que, en cada visita, vemos más sueltos, y a los que les basta con tocar sus canciones para convencer.

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