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The New Raemon, Sala Apolo, Barcelona (29-01-2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

¿Tanto tiempo ha pasado? Si nos atenemos al calendario, 2008 no queda tan lejos y, sin embargo, parece que el bueno de The New Raemon, a.k.a. Ramón Rodríguez, lleva con nosotros una eternidad. Es lo que sucede con esos escasos artistas que pasan a formar parte de la banda sonora de nuestra vida, de nuestra educación sentimental.

Así que el pasado viernes no asistíamos sólo a un “concierto” de The New Raemon. El formato y duración del mismo, un repaso en el escenario a toda su carrera Raemoniana hasta la fecha, grandes éxitos y temas inéditos arropado con banda completa y durante dos horas para un total de treinta y tres temas, así lo indicaban. Ramón ofreciéndonos viajar con él al pasado —reciente— para celebrar el presente y mirar con buena cara al futuro. Que buena falta nos hace. Y la espléndida respuesta del público, con llenazo de la Sala Apolo, ya hacía presagiar que la travesía, del Amazonas a Vallfogona, iba a resultar memorable.

Arrancando precisamente con su más reciente trabajo, la noche comenzó subiéndonos a bordo de su rompehielos con la trilogía Una historia real, Oh, Rompehielos y Reina del Amazonas, siendo esta última la primera que arrancó los coros mayoritarios del respetable —feliz y cantarín toda la noche, a excepción de algún/a pelmazo/a parlanchín, afortunadamente muy escaso—, lo que sería la tónica del festivo show.

La banda, sexteto contando al propio músico de Cabrils, estuvo impecable toda la noche, dando empaque y brillo a las canciones sin ahogar prácticamente nunca —las únicas, apenas excepciones, serían La ofensa y Casa abandonada, ya encarando el tramo final del concierto— a la voz de Ramón, con mención especial para el multiinstrumentista Marc Clos y su alucinante repertorio de habilidades musicales: ¿pero cuántos instrumentos y cachivaches llegó a tocar en el Apolo? Todos los astros alineados y los ingredientes idóneos preparados para disfrutar como la ocasión merecía.

¿Momentos álgidos? Un fotimer con semejante repertorio, como combinar El refugio de Superman con Estupendamente —primer conato de piel de gallina—, o La cafetera con Sucedáneos o noquearnos con Hundir la flota, Variables, Risas enlatadas y Por tradición de una tacada, dejándonos emocionalmente hechos una piltrafa —muy muy vulnerables— pero con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Además, en el ecuador del concierto Ramón invitó a Ricardo Lezón de McEnroe/ Viento Smith, para interpretar tres temas, Agosto del 94, Rugen las flores y Campos Magnéticos, absolutamente hipnóticos, especialmente cuando las voces de los dos se encontraban. A tenor de lo visto el viernes, su disco conjunto promete muchísimo.

Hubo más, claro, mientras nos acercábamos al cierre de la velada. Como esa alineación formidable de Desencuentros junto a Fuera complejos, El fin del imperio y su magnífica versión de Te debo un baile de Nueva Vulcano —¿cuántas paellas?— con Ramón en solitario… acompañado por una maravillosa minoría de gargantas dejándose algo más que sus voces en la canción. El desenlace estaba cerca y la elegida no podía ser otra que Tú, Garfunkel, ese himno imposible —aviso, servidor va a dejarse ir— para románticos jodidos, melancólicos perennes y amantes del desgarro y drama emocional, convertida por derecho propio, en una de las mejores piezas de eso que denominamos indie pop cantado en castellano. Hermosa. Certera. Sincera. Íntima. Universal. Directa a ocupar un lugar muy especial en el oyente. El mejor colofón para una noche a recordar. Gracias Ramón, por el concierto y por estos años. ¡Que sean muchos más!

Fotos: Raül Jiménez

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