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The New Raemon, Joy Eslava, Madrid (13-03-2015)

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Notas para salvar una catástrofe

Ramón Rodríguez se siente pletórico. Y lo exhibe sin pudor. Por mucho que su estilo tire de dramas, de fracasos sentimentales, de derrotas personales y de un mal propio de nuestra generación (que también es la suya), sentirse inadaptado en un mundo implacable ¿Qué problema hay en mostrar las alegrías? No le falta humor. Se ríe de sí mismo, de sus desgracias, y hasta sale como una especie de mago de los sentimientos (esa chaqueta blanca le delataba). Derrocha energía a granel en directo. Y el público (y yo) encantado.

Es un hombre para todo y no siente vergüenza en decir que hasta es de conductor de la furgoneta que traslada a su banda por nuestra geografía:“así es el indie”, espetó. Risas varias con imitaciones a Sergio Dalma y su “Bailar pegados” de la cual su banda esbozó media canción, y al “Wicked Game” de Chris Isaak, menciones a Bitelchús. Su personaje exhibía una chaqueta blanca impoluta (a lo Crocket de Miami Vice, como mencionó) que contrastaba con una camiseta roja merchandasing de su último disco “Oh, Rompehielos” (BCore, 2015).

Sorprende gratamente la cantidad de público veinteañero entre sus seguidores, casi tantos como de treintañeros. Y como las chicas se saben las letras al dedillo y las cantas ‘a grito pelao’. Y es que sus conciertos tienen algo de purga, cantar para airear tus miserias, y así liberarte. Auténtico placer curativo de la música.

Su concierto en Madrid fue un torbellino. De esos que te dejan buen sabor de boca, de esos que son gratos. Tiene una banda espectacular, impagable, que amplifica y magnifica sus canciones,. Y es que menuda alineación son Marc Prats (teclados), Lluís Cots (batería) (compañeros desde su época en Madee), Javi Vega (Bajo), Pablo Garrido (guitarra) y Marc Clos (impagables y certeros sus percusiones y su xilófono). En la parte final se quedó Ramón en solitario, y la sorpresa de Miguel Rivera de Maga que tocó la acústica junto a él en “La Dimensión Desconocida”.

Y un repertorio de aúpa. Repasando sus cinco discos. Inmensas “Marathon Man”, “Risas Enlatadas” así como “La Ofensa” o “grupo de Danza Epiléptica” de “Tinieblas, por fin” (Marxophone, 2012). O canciones de ‘Oh, Rompehielos’ como “El Yeti” o “Al Margen”, ésta última reconoció que es de sus mejores composiciones. Clásicos como “Sucédaneos”, “La Siesta”, cantos a la amistad como “El Cau del Pescador” o nanas “Elena-na”. Todo muy variado y bien enlatado. Muy artesanal y hecho con mimo.

Cantar tu mal espanta. Y es que quién mas, quién menos todos pasamos por situaciones parecidas. “¿Quién no se ha venido abajo?” como cita en “El Saben Aquel Que Diu”. Y es que “Ahondando en lo profundo de las mierdas de este mundo”, como dice en “La Cafetera”, uno aprende el doble con los golpes de la vida. Cualquier día de estos me voy a alzar y voy a reventar”. O ese “Me sitúo al margen, fin de ciclo / procurabas cariño a todos mis vicios” en “Al Margen“. “Voy a despedirme sin previo aviso de lo más triste de mí mismo” y ese ulular para acabar diciendo “Hay que salir de aquí” en esa maravilla que es “El Refugio de Súperman”. El placer sanador de hablar de tus miserias y lanzarlas al viento.

Acabó con mega hit “Tú Garfunkel” él sólo y con su banda incorporándose progresivamente. Y todos nos fuimos tan contentos. Fue un planazo para un viernes 13, o como mandar a la mierda los terrores de tu vida.

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