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The Mountain Goats, Heliogàbal, Barcelona (23-11-2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Tened fe en la música. Sí, cada vez somos más cínicos y como canta Ramón Rodríguezcaemos en el error de dar valor a lo superfluo”, algo evidente en buena parte de la música que domina “el cotarro” y es lo “más in”. Pero la esperanza no debe perderse. Siempre hay pequeños –o no tanto– milagros aguardándonos a la vuelta de la esquina. El último lo vivimos el lunes con la visita casi por sorpresa de John Darnielle, el tipo detrás de The Mountain Goats, una banda con poderes extraordinarios. Sus canciones duelen. Sus canciones curan. Sus canciones perduran.

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El motivo principal de la visita de Darnielle a Barcelona lo encontramos en Lobo en la camioneta blanca, su más que notable debut en el terreno literario –reseñado en Indienauta–, que presentaba en nuestro país de la mano de Contra. Pero gracias a la agencia Hell Yeah! pudo aprovecharse la inesperada efeméride para disfrutar del músico norteamericano en la intimidad y cercanía del Heliogàbal, en lógico formato acústico. Una reducida pero fiel congregación –sold out de manual–, expectante ante la certeza de estar a punto de ser parte de una noche especial.

Y eso que a Darnielle se le veía algo cansado y San Bernardino, elegida para abrir la velada, sonó tímida y comedida. Pero el calentamiento no duró mucho. La sublime Heel Turn 2, una de las joyas del fenomenal último disco Beat the Champ, la épica de The Young Thousands o la entrañable Dance Music pusieron rápidamente las cosas en su sitio y el listón, como esperábamos, muy alto. El líder de los Mountain Goats es un fascinante storyteller –lleva muchos años entre los mejores letristas del mundo– y un intérprete sobrecogedor. Esa voz nasal, ese anodino aspecto de funcionario te hacen pensar lo contrario… y entonces, ¡bang! magia en un arrebato de furia, un desgarro vocal o una gentil melodía en la que texto y música se funden y devienen uno.

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Fundido completamente el hielo, el músico de Bloomington, Indiana, se mostró más cercano con su embelesada y respetuosa –bien, bien, así debería ser siempre– audiencia, explicando los pormenores detrás de la espinosa historia de The Ballad of Bull Ramos para después arremeter con la preciosa Steal Smoked Fish”Feast when you can. Feast when you can, and dream when there’s nothing to feast on”–, para volver a la extrema quietud a continuación con I Samuel 15:23.

Todavía quedaban muchas balas en la recámara –se me antoja complicado pensar en muchas más bandas con una carrera tan longeva, casi 25 años, y tan sembrada de temazos como The Mountain Goats, el concierto podría haber durado días sin bajar el nivel– y Darnielle estuvo presto a ofrecer un breve compendio de sus “grandes éxitos” con piezas como There Will Be No Divorce, la inmensa, enorme, mayúscula Woke Up New –que canción, diablos que canción– y, ya en la fase de los bises –repetidos, numerosos y, sin embargo, nunca suficientes–, Attention All Pickpockets, otra canción colosal, absolutamente desarmante como es Up the Wolves o, tras amonestar verbalmente y con gracia a los obsesos del móvil, regalarnos entre otras, esa joya que es No Children. Apenas fue una hora –queremos una gira en toda regla por nuestro país–. Pero fue una hora gloriosa. El pasado lunes, los feligreses reunidos en el Helio reafirmamos nuestra creencia en los Mountain Goats.

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