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Templeton (Sound Isidro), Joy Eslava, Madrid (11-04-2014)

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Tarde-noche de Sound Isidro en Madrid, con horarios inusualmente tempraneros para ser un viernes (Oso Leone, encargados de abrir, tocaban a las 20.30h, ¿por qué estos horarios no se dan entre semana y, en cambio, nos encontramos el fin de semana con las prisas de un horario sorprendentemente temprano?). Dos bandas de naturalezas muy distintas compartían platea. Los citados contratiempos de horario hicieron que de Oso Leone solamente pudiéramos percibir su potencia vocal e instrumental durante canción y media. Una sala notablemente llena atendía con interés ese sonido tan Junip y esas melodías vocales tan Erlend Øye. Los mallorquines sonaron contundentes y, a juzgar por la satisfacción de su público, defendieron su Mokragora (Foehn Records, 2013) con maestría.

Un pop mucho más madrileño (ya sabemos que son de fuera, pero para entendernos) es el que venían a exhibir Templeton. Hora de presentar en vivo a su recién salido del horno Rosi (Sones, 2014), estrenando además presencia femenina en la formación (Sara Cordero, teclados y cuerdas). No acompañó el sonido a los cántabros, pero eso no importó porque fueron poco a poco haciendo que eso no fuera problema. Me parece de interés apuntar antes de nada que no debe ser fácil salir a la palestra en una Joy Eslava a tres cuartos de su aforo a presentar nuevo disco después de la maravilla de El Murmullo (2012), que tan en buena forma sigue y que tantísimas alegrías nos ha dado a tanta gente. En cualquier caso, calidad del sonido y primeras coordinaciones aparte, las canciones fueron una a una cayendo por su propio peso y este bolo inaugural del disco creció y creció en intensidad y emoción.

El repertorio se centró obviamente en Rosi pero estuvo trufado de temas anteriores. Comenzaron con “Océano”, inmiscuyéndonos en una atmósfera de neblina marítima y de brumas de quién sabe si nostalgias, añoranzas o qué sensación de estas que te hacen sentir bien y mal al mismo tiempo; y adentrándonos en el cariz más profundo (por decirlo de algún modo) de su nuevo trabajo. Siguieron, como en el disco, con “Pálida Camarada”, el single que sacaron como adelanto, que realmente es un tema (y creo que es premonitorio para el disco al completo) que crece con las escuchas. Primer momento en el que la sala al completo vibró al escuchar esa pegadiza tonadilla de apertura, y ese comienzo a base de una reflexión en voz alta “A veces pienso…”. “Miedo de verdad y en condiciones”, primera canción de El Murmullo en salir a escena, apareció en este punto para que los Templeton se terminaran de aclimatar y para que el público ya corease sin piedad el sesentero y eufórico corte. Una canción que engancha tanto no sólo por su gran cantidad de elementos (comienzo enigmático, coros, percusiones, violines preciosistas) y por lo bien que resultan interpretados en directo, sino por el hiperrealismo que muestra su letra: enorme forma de abordar todo-esto-que-nos-pasa-por-la-mente a la generación de los que ahora rondamos los 30.

Y vuelta a Rosi con “Cowboy”, ejecutada maestramene y desgranada con fuerza en todas las fases que tiene. A llegar a la parte de la melodía con órgano el público estaba ya enfervorecido y bailongo, y la que escribe no podía parar de sentir esa agradable sensación que tenía cuando escuchaba algún disco de Elefant en los 90. Tras este tema, turno para “El Látigo”, la canción más Planetas y Albacete sound del disco, un corte que despierta opiniones de lo más variadas, y que, por el momento, lidera mi top de favortias del disco. La tocaron impecable en tempo y fiereza, sonó como un engranaje perfecto, y se la dedicaron a la web de Renfe, sobre la cual, ya que estamos, aprovecho para comentar que es como los Gremlins y que a eso de las doce de la noche te olvides de hacer nada con ella. Yo no sé exactamente de qué trata “El látigo” pero me recuerda al espíritu de “Hay un hombre en España” de Astrud, aunque aterrizado en cosas más cotidianas, y me da la sensación de que arremete con toda su ironía contra “lo cuñao”.

Ya en perfecta sintonía y coordinadísima toda la banda sacaron del baúl de los recuerdos la refrescante “Sabe mejor”, si bien la percibí un poquito ralentizada, siguió la estela de bocanada de aire fresco que habían iniciado con la anterior canción. Todos esos efectitos tan resultones que tiene quedaron plasmados pulcramente en vivo. Turno para entrar en un panorama mucho más hondo con “Hortensias”: guitarras metálicas, coros angelicales y percusiones juguetonas al servicio de un montón de retazos de amor y desamor, y un final que ve subrayadas en directo las apoteósicas instrumentaciones de que se compone. A continuación, como si de una melodía de teleserie americana de los 90 se tratara, comenzó “39300”, esa oda a su tierra que tanto define temáticamente a la banda. Un Madrid vs. Torrelavega que ya trabaja Betacam (teclados, guitarra, coros) con fuerza en su faceta en solitario: su canción “Una habitación pequeña” viene a la mente de inmediato al escuchar este tema, que en el concierto dedicaron a la gente de su tierruca que había ido a verlos, como no podía ser de otra manera.

Siguiendo una vez más el orden del disco sonó en ese momento “Fucsia”, canción gamberra, con guitarras brillantemente rasgadas, y desarrollos que transitan la psicodelia. Es además el tema que contiene la clave del título del álbum, en un fragmento de audio de una llamada telefónica de una señora que nos transporta a un mundo con visillos y teléfono fijo del que tenía cable en espiral. La puesta en escena del parón para el audio de la contrariada interlocutora telefónica de Rosi añadió intensidad al ya de por sí animado concierto, y la vuelta a las guitarras metálicas y a los coros fue una verdadera fiesta con apoteosis de público danzarín incluido. Tiempo entonces para tocar “La gran ciudad”, canción que abre el disco y que con su costumbrismo y tempo in crescendo es otra de las grandes bazas del album. Una ejecución magistral la de este modestamente fiero tema, y qué bien cantada esa “a” en “pones el coche a 220”, momento de la canción que es encantador de escuchar y que en vivo resultó tan placentero como en disco.

Un bis para poner en valor los orígenes

Unos cuantos minutos de aplausos mediante los Templeton volvieron a escena y se marcaron un “Las casas de verano e invierno” que a algunos nos pilló desprevenidos y que nos llevó a sus inicios y a la frescura de un tema por el que no pasan los años. “Tampoco se estaba tan mal aquí, tampoco se estaba tan mal allí”, enérgico estribillo, fue coreado y brincado por igual en la sala. Y sonó de maravilla. Sonó a que Templeton siempre han sido mucho más que destacables en el panorama nacional y a que hay canciones que hay que volver a sacar a la palestra por derecho propio. Con el público en pleno sofocón procedieron ya a cerrar del todo el concierto con su indudable exitazo “Los días”, la canción más sencillamente encantadora de su repertorio, la que muestra la belleza de las cosas simples, la que logra altas cotas de conexión tanto por su melodía (un poco de misa, todo hay que decirlo) como por su letra llana y cruda, y por la sensación agridulce que deja lo que cuenta (como la vida misma, de ahi el alcance).

Un concierto, pues, que fue creciendo creciendo, como lo hacen los temas de su nuevo disco, y que estoy segura que iremos notando con el paso de los días todos aquelos que como la que escribe todavía seguimos fuertemente enganchados al disco anterior y estamos dejándonos engatusar por este.

Echando un ojo a la agenda de festivales y otras fiestas de guardar de los próximos meses veo que están confirmados ya en varios lugares, y a buen seguro se sumarán fechas a la lista. Recomendabilísimas citas para no perdérselos y para disfrutar con su música y con ese no-sé-qué tan enérgico y travieso que desprenden. Como estén solamente la mitad de bien que estuvieron esa noche en la Joy ya estarán estupendos. Imperdibles, e Imparable Rosi.

Foto: Silvie Quart. 

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