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Summer Camp, Joy Eslava, Madrid (07-03-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Gracias al SOS 4.8 y a sus fiestas de presentación, hemos podido disfrutar de la primera gira de Summer Camp por nuestro país. El dúo inglés, que fue una de las revelaciones del año pasado, triunfó la noche del miércoles en la capital con su particular homenaje a los ochenta.


Llegamos a tiempo para ver cómo se lo montaban encima del escenario Grises. El quinteto vasco venía a presentar “El Hombre Bolígrafo”, su álbum de debut para el sello Origami Records, en el que se dejan llevar por su pasión por el rock bailable. Sonaron potentes, compactos y bastante profesionales, pero también resultaron un poco aburridos y faltos de originalidad. Su popurrí de Delorean, The Faint y The Rapture suena demasiado a la década pasada, y ya no sorprende a nadie. Tan solo pude ver un ápice de originalidad en una canción que, al parecer, hablaba de la playa y de surfear –eso es lo que comentaron–, y en un tema casi instrumental que sonó muy bien. Por lo demás, nada destacable (alguna canción horrorosa como Plástico Eléctrico). Y es una pena, porque, como ya comentaba antes, tienen tablas y se ve que saben lo que hacen, pero deberían cambiar de rollo.

Para cuando salieron Summer Camp al escenario, la sala Joy Eslava tenía el aforo casi completo. El dúo más cool de Inglaterra ha dejado de ser una promesa para convertirse en toda realidad del indie-pop. Jeremy Warmsley y Elizabeth Sankey entienden su música como un homenaje a los ochenta en el que todo lo relacionado con aquella década vale para su propuesta: desde su propia indumentaria, hasta bombardearnos a lo largo del concierto con fragmentos de Dirty Dancing o secuencias de las películas de John Hughes. Pero todo esto no valdría de nada si no fuese por los estupendos temas que, junto a un batería, tocan encima del escenario.

Empezaron fuerte con Better Off Without You y Welcome To Condale, dos de los mejores temas de su álbum de debut, y de los más bailables de su discografía. En la tercera canción tiraron de los cartuchos de ese “Young Ep“ que les dio a conocer, y nos obsequiaron con una genial Round The Moon. Tras este tema llegó la primera sorpresa en forma de canción acústica: con la guitarra desenchufada, y sin micrófono, hicieron una preciosa versión de su canción Losing My Mind, mientras se daban una vuelta entre el público. A partir de aquí, fueron desgranando las mejores canciones de “Welcome To Condale “ –con Down y Done Forever, demostraron que Elizabeth tiene una voz potente que sabe utilizar muy bien– , algún tema más antiguo como Ghost Train y, además, tocaron dos temas nuevos (según ellos, por primera vez), que confirmaron que tienen cuerda para rato.

Tras cincuenta minutos de concierto, tocaba despedirse con una tremenda I Want You, en la que pasaron imágenes de La Chica de Rosa y El Club de los Cinco –Elizabeth Sankey terminó la actuación como si fuera Judd Nelson en el final de la famosa película de John Hughes, con el puño levantado y orgullosa de sí misma–. Supuestamente, era el broche perfecto para un concierto casi redondo. Pero la cosa no acababa aquí.

Sorprendidos por la reacción del público –me consta que no tenían preparado un bis, ya que tengo el setlist delante de mis narices–, nos dejaron la segunda sorpresa de la noche: nada más y nada menos que una íntima y acústica versión del Everywhere de Fleetwood Mac, donde consiguieron que toda la sala se quedase muda (algo muy difícil en Madrid, donde el público de los conciertos suele parecer una jaula de cotorras).

No creo que vaya a ser uno de los mejores conciertos del año, pero estoy seguro de que sí estará entre los más entretenidos. En un festival, lo petarían.

Fotos: Pablo Almarcha y Fernando Curto

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