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Sufjan Stevens + Austra, Teatro Circo Price, Madrid (30-09-2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

La expectación por ver por primera vez a Sufjan Stevens en Madrid se plasmó en las colas que se formaron para entrar al recinto una hora antes del concierto. Inexplicablemente, los asientos no eran numerados, y para ver al norteamericano desde un buen sitio hubo gente que se plantó en el Circo Price a eso de las seis de la tarde. No fue para menos, porque lo que se vivió la pasada noche en Madrid fue algo que no ocurre muy a menudo, y mereció la pena armarse de paciencia para acceder al recinto.

Abrió la noche Austra, que vio cómo su show sirvió para que los seguidores de Sufjan Stevens se acomodaran en sus asientos. Es la cruz del telonero. Aunque la canadiense no es una artista invitada al uso, fueron muy pocos los que lograron meterse en su concierto. Para empezar, la escasa duración de su show, que no llegó a la media hora, no le hizo ningún favor. Cuando ya estaba logrando que nos hiciéramos a su synth-pop, y a su forma tan Kate Bush de interpretar sus canciones, se fue por donde había llegado. Y es que, de las seis canciones que formaron su repertorio, la única que logró el reconocimiento del público fue ‘Lose It’, la penúltima. No se puede decir que fuera un mal concierto. Sonó muy bien, y llevaba una banda solvente, pero no era ni el lugar ni el momento adecuado para su música.

Incompresiblemente, cuando Sufjan Stevens empezó su concierto todavía quedaban butacas vacías en el recinto, unas butacas con muy buena visibilidad que nadie ocupó en las dos horas que duró el show (lo curioso es que las entradas estaban agotadas y se quedó mucha gente fuera). Los que sí entramos pudimos comprobar que Sufjan es un artista sublime, que tiene medida hasta la última nota de su música, y que logra una conexión con el público que muy pocos consiguen. Mucha gente salió del Price haciendo comentarios que, quizá, eran demasiado entusiastas, pero que reflejaban muy bien la grandeza de este hombre. Y, por supuesto, de su banda, que le respaldó maravillosamente durante todo el concierto.

Es difícil mantener a todo el mundo atento y callado con un disco tan triste y tan personal como “Carrie & Lowell”, en el que Sufjan Stevens apenas necesita su guitarra y su voz para emocionar, pero él lo consiguió. Durante la primera hora del concierto, el de Detroit se dedicó a tocar estas canciones intimistas, pero las llenó de matices para que se adaptaran a la perfección a este tipo de recintos. Así, nos encontramos con una ‘Should Have Known Better’ a la que añadió un manto electrónico en la parte final, logrando que los últimos minutos de la canción se convirtiera en algo apabullante. Pero más apabullante fue lo que hizo con ‘Fourth of July’, la cual cambió totalmente, convirtiendo una canción acústica e íntima en todo un corte épico, con subidón incluido, en el que la banda dio buena cuenta de su soltura con las canciones de Stevens. No fueron las únicas canciones que sufrieron grandes cambios, también hizo un tema completamente nuevo de ‘All of Me Wants All of You’, al que dotó de toque bailable, casi R&B. Incluso él mismo se marcó algún que otro bailecito durante su interpretación de la canción.

Una de las cosas que dejó claro el concierto de ayer, es la superioridad que tienen los temas de “Carrie & Lowell” respecto a otros de su carrera, en lo que a folk se refiere. Se pudo comprobar con ‘The Owl And The Tanager’, que quedó muy por debajo del nivel de lo que habíamos escuchado hasta ese momento. Sin embargo, sí que logró llevar la locura de ‘Vesuvius’ al escenario, y conseguir uno de los grandes momentos de la noche. La lástima es que cuando este tipo de artistas se empeñan en sabotear sus propios conciertos, nadie tiene el valor de decirles que hay algo que no funciona. Aquí tuvimos un ejemplo claro con la Outro eterna que se marcó antes de irse por primera vez del escenario. No exageramos si decimos que fueron unos quince minutos de la nada absoluta, que por mucho que acabaran con un crescendo, y una tormenta instrumental final, resultaron de lo más tediosos.

Para la parte final del concierto se olvidaron de los preciosos juegos de luces y las estupendas proyecciones, e hicieron un show acústico, en el que cayeron algunos de los mejores temas de su discografía. No se olvidó de ‘To Be Alone With You’, esa canción que según él mismo está dedicada a Cristo, y que muchos de sus seguidores piensan que está dedicada a un supuesto novio. Por supuesto, tampoco se olvidó de ‘John Wayne Gacy, Jr.’, y cerró como tenía que cerrar, con una hermosa ‘Chicago’ a la que no le hizo falta toda su instrumentación pomposa y grandilocuente para emocionar.

Sufjan Stevens triunfó, y lo hizo a lo grande. La prueba fue la ovación que se llevó, con prácticamente todo el Circo Price en pie. La verdad es que se la mereció.

Foto. Sergio Albert

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