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Suede, Razzmatazz, Barcelona (5-11-2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Ya lo decíamos con la llegada del notable Bloodsports. Detrás del regreso de Suede quizá solo haya el enésimo intento de sacar tajada de la nostalgia… pero, al menos por el momento, pocos retornos parecen tan convincentes y sólidos como el de la banda capitaneada por Brett Anderson. Tanto en disco como el pasado martes en su directo en Barcelona, están demostrando ir muy en serio.

En un Razzmatazz que no alcanzaría el lleno hasta el comienzo del plato fuerte de la noche, por desgracia para el trío londinense Teleman, se demostró que este tipo de conciertos suele ser muy cruel con los teloneros. La audiencia, más “granadita” de lo habitual -el brit-pop tiene ya sus años amigos-, quería ver a Suede y punto, y el indiepop con ecos de Kraftwerk, con insistentes teclados y la aguda voz de Thomas Sanders dominando todos los temas, fue recibida con indiferencia. Una lástima y un nuevo ejemplo del daño que hace el “postureo” a la música. Una sala de conciertos no es el salón de tu casa, ni un bar. Hay gente, posiblemente a tu lado, que ha pagado una entrada para disfrutar de la música.

En fin, centrémonos en Suede y dejemos a los charlatanes, adictos al móvil y maleducados en general para otra ocasión. A las 21:30 arrancaron sorprendiendo con la épica quietud de Still Life, situando el foco desde el primer minuto en Brett Anderson. Pero rápidamente pasaron a dar cuenta de su último disco con Barriers, Snowblind y Starts and Ends With You. Debe ser muy satisfactorio para una banda tan veterana observar como las composiciones más recientes son tan bien recibidas por el público, en un trío ganador donde, eso sí, la banda puso más músculo y velocidad que brillantez o intensidad -dejando a un entregado Anderson aparte-.

Prendida la mecha, Suede se apresuró a provocar el incendio tirando de clásicos. A Filmstar, donde su líder mostró algún que otro titubeo en la voz -durante toda la noche abusaría del recurso de la participación vocal del público-, le siguieron, ahí es nada, Trash, Animal Nitrate y We Are the Pigs. Sin duda los mejores momentos de la noche. Efervescencia, júbilo, fiesta, adolescencia, apoteosis. Entrada amortizada.

Ya fuera porque su abnegado líder necesitaba un respiro o, simplemente, por comparación con los temas anteriores, a continuación el show bajó de revoluciones con Sometimes I Feel I’ll Float Away y Sabotage. Mucho mejor fue la puesta en escena de las rockeras The Drowners y Killing of a Flashboy, que enlazaron con otro momento “solo para fans” con My Dark Star, aunque esta resultó bastante intrascendente en directo, desprendida de su romanticismo original.

Sin duda peor fue la decisión de alinear tres piezas lentas seguidas a continuación, provocando un palpable intervalo de desconexión público-grupo. The 2 of Us aún contó con los dolientes “I listen to the band” que Anderson dramáticamente aullaba arrodillado, pero el inesperado rescate de Heroin -discreta cara b- interpretada por primera vez en directo, o la más reciente For the Strangers, muy destacable en Bloodsports, totalmente prescindible en concierto.

Tocaba tirar de repertorio, y Suede recuperó el brío con tres caballos ganadores en el último tramo del concierto. Como no podía ser de otra manera, So Young sonó enorme, y junto a la glam Metal Mickey extendieron la “alfombra roja” a la traca final. Por supuesto, hablamos de la infalible The Beautiful Ones, que incluso logró que muchos de los presentes dejasen de usar sus WhatsApp durante cuatro minutos -¡sacrilegio!-, rematada, tras una fugaz pausa por la gran New Generation como único bis. Un magnífico cierre para un concierto que, si bien tuvo altibajos, confirma la buena salud de la que gozan Brett Anderson y compañía.

Fotos: Xou Lee Ta

 

 

 

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