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Strand Of Oaks, El Sol, Madrid (30-10-2014)

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Lost Tapes fueron los encargados de abrir la noche. El dúo valenciano-barcelonés apareció con sendas guitarras eléctricas, teclados y una buena cantidad de sonidos pregrabados. Ofrecieron un indie-dream-pop-shoegaze (por llamarlo de alguna manera) tan agradable de oír como fácil de olvidar, y se retiraron para dar paso al melenudo protagonista de la noche.

Strand Of Oaks es el proyecto de Timothy Showalter, un oriundo de Indiana que como muchos otros se refugió en la música para intentar escapar de una adolescencia problemática y con no muchas expectativas de éxito a ningún nivel. “Solo soy un redneck poco cultivado que nació en un sitio donde solo había campos de maíz y luego nada. Y ahora estoy en una ciudad tan bonita como Madrid. Gracias.”

Sinceridad y humildad serían las dos características extra-musicales de las que hizo gala Showalter a lo largo de la noche. En cuanto a la música no es tan fácil de definir. En sus primeros discos se le podía meter en el saco de los nuevos singers-songwriters folk (barba incluida), pero con su último disco “Heal” la cosa ha cambiado bastante. Es un disco concebido después de un accidente de coche que casi le cuesta la vida, y además de unas letras explícitamente confesionales el abanico de influencias musicales ha aumentado considerablemente. Ya no queda prácticamente nada del tono acústico de sus anteriores trabajos, las guitarras eléctricas son las protagonistas. A veces muy rock, otras más inclinadas a crear atmosferas, y con una producción ligeramente electrónica.

En directo (con él a la guitarra, un bajista, un batería y chica que habla español a los teclados) el sonido se hace bastante más denso incluso algo oscuro a ratos. Basaron el repertorio del concierto en el último disco, no faltaron temas como el que le da título, la intensa “Woke To The Light” o la evidentemente autobiográfica “Goshen ’97” (Goshen es el pueblo natal de Showalter). Timothy parecía estar disfrutando realmente del concierto con reacciones que a veces parecían más propias de un chaval emocionado que de un artista que tiene ya cuatro discos, y una acogida por parte de público y crítica cada vez mejor (sí, esto es un halago).

El público que se había congregado esa noche en la sala El Sol de Madrid quiso (y supo) agradecer el entusiasmo de Timothy con una calurosa despedida cuando el grupo dejó el escenario.

Los únicos “paletos” que había allí estaban en la barra, más interesados en reírse de sus propios chistes y de hablar a grito pelado que de atender a lo que acontecía encima de escenario, y seguramente tenían título universitario. Ser de un pequeño pueblo en medio de la nada no te convierte necesariamente en un “paleto” amigo Timothy, actitudes como la descrita sí.

Prometió volver a tocar en Madrid pronto, estoy seguro que será bien recibido.

Foto: Daniel Boluda (Indiespot)

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