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Stereolab, Razzmatazz, Barcelona (22-11-2008)


Que Stereolab ha perdido algo del magnetismo del que gozaban en los 90 se pudo comprobar viendo los apenas poco más de tres cuartos de aforo que se congregó en la sala grande del Razzmatazz. Eso sí, a día de hoy, los ingleses se han convertido en una banda casi de culto que atrae a un perfil de seguidor fiel y preparado para los cambios rítmicos que se pueden producir sobre el escenario.


La excusa de su visita a Barcelona era la presentación de su nuevo disco, "Chemical Chords" (publicado, tras su paso por Electra, en el clásico sello 4AD, que ya nos ha dado grandes grupos como Cocteau Twins o Throwing Muses). No obstante, una banda con un amplio repertorio como ésta no necesita echar mano del último single para abrir el concierto. Se pudo permitir tirar de un clásico como "Miss Modular" para abrir la velada, para después ir mezclando los nuevos temas, entre los que destacaron "Neon Beanbag" o "Self Portrait with electric brain" o la casi sesentera "Ecstatic Static", con sus clásicos más resultones, "Ping Pong" o "Cybele's Reverie", canciones que pese a los años de separación, casan sin desentonar con las más nuevas. Ya que su último disco les ha hecho recuperar un sonido más pop, la vertiente psicodélica y más ruidista que seguro mucha gente estaba esperando, vino de la mano de temas como "Lo Boob Oscilato"r, primer gran momento intenso de la noche con su crescendo vertiginoso. Y apenas se volvió a reproducir hasta los tramos finales, con un cierre en el que interminables (y para un servidor, indispensables en un concierto de Stereolab) loops y ondanadas sónicas crearon una atmósfera intensa de esas que parece te hagan levitar sobre el suelo. Aunque una sala más recogida hubiera acentuado esa sensación.Técnicamente, el grupo suena con la eficacia de una máquina perfectamente engrasada donde todos los componentes, en especial los más veteranos Tim Gane, Andrew Ramsay (que sigue tremendo a la batería) y por supuesto Laetitia Sadier, tienen cogido el ritmo independientemente se trate de interpretar las piezas más intimistas y de corte naïf o el rock poderoso de "French Disko". La única pega es que la trágica baja de Mary Hansen ha hecho que Laetitia tenga que llevar el peso vocal durante buena parte del concierto y las ayudas que le llegan suenan muy forzadas. Aún así, y si la inspiración lo permite, podemos asegurar que aún podremos disfrutar de una de nuestras bandas favoritas por algún tiempo más.

 

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