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Stephen Malkmus & The Jicks, Joy Eslava, Madrid (20-01-2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

No cabe duda de que Stephen Malkmus es uno de esos artistas que sufre la famosa maldición del “cantante de banda mítica que emprende carrera en solitario”. Al igual que Frank Black, por poner un ejemplo, no consigue llenar las salas en las que toca, y parece que el público fiel de Pavement le ha dado la espalda (ellos se lo pierden). Malkmus no quiere seguir el camino de Pavement, ni falta que le hace. Con sus The Jicks tiene de sobra para recrear las canciones de sus seis trabajos en solitario –unas canciones que en directo suenan más contundentes y más enérgicas–, y fue una lástima que solo unos pocos pudiéramos comprobarlo.

Cuando llegamos a la sala Joy Eslava, el panorama era desolador. Los noruegos Megaphonicthrift estaban desplegando su shoegaze encima del escenario ante no más de 30 personas que aplaudían tímidamente al final de cada canción. La verdad es que su música llena de tics y el rollito de maltratar la guitarra al final del concierto está de lo más visto. Te pueden gustar si eres muy seguidor de este estilo, pero no creo que a estas alturas sorprendan a nadie. Afortunadamente, cuando Stephen Malkmus & The Jicks salieron al escenario la sala presentaba un aspecto más acogedor (habría unas 200 personas).

Lo que vivimos ayer fue el típico concierto de presentación de un nuevo trabajo, ya que acaban de editar “Wig Out at Jagbags”. Cayeron del nuevo álbum más de media docena de temas, entre los que destacaron los dos singles (Lariat y Cinnamon and Lesbians), el ramalazo punk de Rumble at the Radio, los paisajes sonoros de Houston Hades (su contundente parte final fue de lo mejor del concierto) y J Smoov, donde se le fue la mano y se lio con la improvisación –de hecho, hubo momentos en los que la banda estaba un tanto perdida y las miradas que le echaba la bajista a Malkmus eran dignas de ver–. Stephen Malkmus no ha cambiado un ápice desde los primeros años de Pavement, y sigue con sus posturitas y con sus idas de olla encima del escenario. Con todo, estos temas nuevos funcionaron y casaron perfectamente con los de su penúltimo álbum, que fue el otro gran protagonista de la noche. Stick Figures in Love (fue de lo mejor del concierto, gracias a ese punteo perfectamente reconocible) y Senators son demasiado jugosas como para dejarlas fuera del setlist, pero fue una lástima que se olvidara de Tigers. Después de Stick Figures in Love le tocó el turno a la coreada Baby C’mon, que cerró la primera parte del concierto.

From Now On fue la encargada de abrir el bis. Este tema menor (preguntó si la conocimos) de Pavement, que Malkmus comentó que todo el mundo le dice que recuerda a los Pixies, fue lo mejor del bis, que resultó un tanto extraño. ¿La razón? Otra de las idas de cabeza de Malkmus, que se puso a improvisar en la última canción del concierto (llego a pedir perdón al acabar). Lo que empezó siendo otra canción de Pavement (una cara b de su última etapa titulada Harness Your Hope) acabó en un desvarió de diez minutos, en el que metió fragmentos del House Of The Rising Sun y del Starway to Heaven. Una vez más, las miradas que le dirigían sus compañeros eran dignas de ver. Para mi gusto no fue la mejor manera de cerrar el concierto, pero fue un pequeño error entre muchos aciertos (aparte de sacar más de una sonrisa al público).

Fotos: Adolfo Añino

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