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Spiritualized, La Riviera, Madrid (03/11/2018)

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Y TODO GIRA MIENTRAS

Vuelven los grandes. Ha regresado Jason Pierce con sus Spiritualized con un disco poderoso. ‘And Nothing Hurt’ (Bella Union, 2018), un álbum de esos que te reconfortan: con muchos matices, algún arrebato, buenos medios tiempos, grandes arreglos: deja un poso muy agradable. Y como siempre su mezcla de psicodelia, rock, blues, soul y góspel. En un batiburrillo que seduce.

El sábado pasado en La Riviera desgranó por completo las nueve canciones que componen este último trabajo en la parte central de su concierto. Una reafirmación del disco publicado, un sentirse orgulloso de lo que publicas, más allá del marketing promocional de cada nuevo disco.

Pierce vino acompañado de un octeto lustroso (dos guitarras, bajo, teclado, batería y tres coristas), que amplificaba su cancionero. Una banda que sonaba potente, poderosa, en su sitio. El repertorio se debatió en la primera y la última parte en un repaso por su discografía con un recuerdo memorable para “Shine a Light”, del disco ‘Lazer Guided Melodies’ (Dedicated, 1992) que sonó sublime y mucho más corpulenta. De su nuevo disco me atrapó la balada majestuosa “The Prize”, “On The Sunshine”, una psicodelia creciente con retazos de free jazz, que resulta un chute vital; algo que también ocurre con “The Morning After”. O esos riffs de la balada bluesy “Damaged”. En esa primera parte atacó discos clave, como el ‘Ladies and Gentleman We Are Floating in the Space’ (Dedicated / Sony, 1997), con temas que son joyas como “Come Together”, “Stay with me” o “Broken Heart” (ésta última menos cautivadora que en otras ocasiones, pero igual de efectiva), canciones que son como perlas musicales.

En los bises, recuperó la emocionante “So Long You Pretty Thing” de su anterior disco “Sweet Heart Sweet Light” (2012), que desprende góspel por todos los costados y acaba en un crescendo pletórico, y “Out of Sight” que se inicia en la calma para acabar en la furia. Para cerrar acudió al “Oh Happy Day” de Edwin Hawkins popularizada por Aretha Franklin que sonó como un ruego por un mundo mejor. Tratando de hacer el mejor karaoke soul que se haya podido ver en La Riviera,

Sin embargo, a mí, y es por ponerme un poco perfeccionista, me faltaba algo para cerrar el círculo, para que todo fuera perfecto. Como si la banda llevara poco tocando con Pierce. Como si faltara un paso más para llegar al culmen. Pero quedarse cerca tampoco es un problema. Mejor rozar la perfección que no quedarse en la superficie.

Foto: Nieves Solano

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