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Sónar 2017: Nunca dejes de creer

Autor: | @bohemian_corner

Hace algunos años, concretamente a finales de 2012, los expertos en materia pronosticaban el fin del mundo conocido, nuestra extinción como especie. Y todo tras analizar una piedra en el estado de Tabasco con diversas inscripciones y fatalistas fechas según los mayas. Nada terrible ocurrió, y entonces interpretaron que el supuesto fin del mundo significaba el comienzo de una nueva era en la que tendríamos que olvidarnos del materialismo y aunarnos con la naturaleza si queríamos pervivir.

Ese mismo año había acudido a lo que era mi primer Sónar. Un tipo de Murcia, que aunque ligado a la electrónica desde la adolescencia, acababa de descubrir términos como Footwork o Juke, y para quien salir del 4×4 era una herejía que jamás antes había afrontado. Ese Sónar significó algo más que un festival, fue un evento casi educativo que me enseñó a no juzgar sin conocer, a dejarme llevar, a darle oportunidad a nuevos estilos que en un primer momento te pueden bloquear y llevar al rechazo casi inmediato. No lo hice en su día, y no voy a dejar que el viejo verde que todos llevamos dentro lo haga ahora con esta más que afincada realidad que es el Trap, y al que Sónar dedicó un stage, el SónarXS (aunque sería injusto decir que era una sala Trap ya que en dicha sala sonaron multitud de estilos). Buena culpa de tener una mirada abierta ante estos nuevos sonidos la tiene la periodista Alicia Álvarez@TitaDesustance – referente de los nuevos sonidos en este país y a la que hay que seguir para mantener una visión crítica y profunda de la realidad sonora de España, y así evitar caer en posturas rancias y dar hostias desde el púlpito a lo Pérez Reverte. Una absoluta jefa.

Vamos con la crónica de lo allí vivido. El calor que hizo fue insoportable durante los dos días que pasamos por Barcelona. No recuerdo nada parecido en las anteriores ediciones de Sónar, y fue un factor clave, que unido a la máxima asistencia en la historia del festival, convirtió emplazamientos de día y noche en una caldera en la que había guerras civiles en forma de cola para conseguir consumir algo fresco. Sin duda fue el peor punto del festival, la conjunción de calor extremo con muchísima gente y la dificultad para adquirir una bebida, especialmente en Sónar noche. He empezado por lo malo porque poco más tengo que recriminar al festival salvo los problemas de sonido en ambos días en SónarHall. Ha sido en líneas generales una de las mejores ediciones a las que he acudido, en el que más he bailado y disfrutado y era previsible tras analizar el cojonudo line up de forma previa. Años anteriores habían faltado carteles tan completos ,y por momentos era difícil bailar ,especialmente en el Village, ya que lo que sonaba nada tenía de especial. Sin duda, este año la experiencia sonora ha mejorado según nuestro gusto.

Viernes
Llegamos con el final de la actuación de Aitor Etxebarría, y por la emoción de los asistentes pudimos intuir que nos habíamos perdido un momento mágico, así que nos quedamos en el SónarComplex porque actuaban LCC con las brutales imágenes de Pedro Maia. Ni mucho menos decepcionaron. Presentaron su nuevo largo Bastet, un viaje astral con sonido mucho más orgánico y puro, creando bellos y oscuros paisajes que nos evocaron a tiempos pretéritos. Son uno de los máximos exponentes de la experimentación nacional, y cada una de sus actuaciones son un indiscutible must para servidor. Tras ellas fuimos hacia uno de los nombres del día, Lena Willikens, pinchando en un Village con sensación térmica propia de Venus. Cuando esta tipa se pone a los platos o cd´s, el oyente sabe que va a ser transportado a latitudes que muy raramente conjugan en un mismo set. Desde techno tan lento como denso hasta sonidos cercanos al house casi tribales o acid nada previsible. Viaja por los estilos como viajaba Shackleton por la Antártida. Una de las mejores selectoras de nuestros días.
El resto del día solo salí de SónarDome para el momento de Evian Christ. Este tipo es brutal. Siempre. Es el dueño de lo extremo. Se mueve como pez en el agua entre tsunamis sonoros y subgraves que parecen el inicio de una nueva guerra nuclear. Definir el estilo de Evian es casi imposible, ya que sonaron desde sus producciones hasta una versión del “Children” de Robert Miles mezclada con el “All the Things She Said” de t.A.T.u. Fue el momento más macarra y bakala del festival, con un juego de iluminación que te dejaba cegado por momentos y tuvo que parar la actuación en varios momentos, no sabemos si porque saturó el equipo o por fallos del técnico de sonido. En cualquier caso, Evian es de una pasta única, alguien que merece la pena ver siempre que actúe porque surge algo absolutamente excepcional.
Tras el éxtasis, Suzanne Ciani y Marie Davidson nos parecieron bastante aburridas. Ciani dándole al sonido modular sin ritmo alguno, y Davidson, que se pasó media actuación hablando sobre su sonido, no entendieron que el Dome a esas horas y con ese calor quería bailar y sudar hasta la extenuación. En cambio, Pan Daijing se marcó un directo muy a la altura. Estuvo la mitad del live enmascarada, facturando un techno lento e industrial, demostrando- por si había alguna duda- quién es la dueña de las catacumbas sonoras berlinesas. Y para poner colofón al día, Floorplan, la alianza de Robert Hood con su hija Lyric fue recibida como agua de mayo. Techno con infinito groove durante una hora que se hizo corta. Sonaron sus mejores producciones y quedó claro que dentro del techno luminoso y bailable no hay nadie que los tosa en la escena.

 

De la noche del viernes nos quedamos sobre todo con Anderson .Paak. No quiero ni imaginar lo que debe ser degustar uno de sus conciertos en un ambiente algo más íntimo, porque ante tantos miles de personas dominó todos los registros y demostró sus habilidades a la batería. Su carisma y clase le convierte en un indiscutible referente que lleva camino de ser leyenda. Continuamos con Moderat, y poco que añadir que no se sepa. Suenan muy bien en directo, tiraron de clásicos y flipan al personal. A nosotros algo menos, pero reconocemos su valía y cómo en directo se salen.

Desde el live que se marcó en la edición de Sónar de 2012, que está online y es posiblemente una de las horas mejor facturadas de la electrónica de los últimos años, Nicolas Jaar tiene a miles de devotos alrededor del globo. Su propuesta sonora se basó casi en su totalidad en su largo Sirens, y volvió a conquistar a un abarrotado SonarPub al que con mucha dificultad se podía acceder. Del resto de la noche nos pasamos por Master At Work, y creo que tuvimos mala suerte, pues en las ocasiones que pasamos lo que allí sonaba no hacía justicia a su sonido. Technohouse sin gracia ni alma, muy facilón. Por último, Nina Kraviz volvió loco al personal con ese techno incisivo y menos trancero que otras veces mientras solo pensábamos en coger un taxi pronto y llegar a casa.

Sábado

Sónar Día estuvo bastante flojo el sábado a nuestro parecer. El Village quería bailar y a ello ayudaron Zutzut & Imaabs, mezclando sonidos con muchísimo ritmo, cláramente influenciados por su origen latino, y que agradecimos mientras danzábamos cerveza en mano. Uno de los nombres propios de la tarde fue el de Veronica Vasicka. Imposible facturar de forma más acertada y dinámica esa conjunción de techno nada pesado con synthwave y pasión por sintes de los 80. Ya sea en solitario o junto a Regis, Vasicka es garantía de clase y baile con un estilo totalmente personal y delicioso. Pasamos al SónarComplex para degustar el live de Valgeir Sigurdsson ,y fue un gran impasse dejarnos llevar por las gélidas y minimalistas atmósferas que crea el islandés, en esta ocasión acompañado por un tipo al chelo. Un directo de altura, con el aire acondicionado del Complex a tope, que agradecimos antes de continuar nuestro camino hacia el SónarHall. Totalmente abarrotado, volvieron los continuos problemas de sonido. Cuando llegamos sonaba un techno bastante abstracto e imprevisible, pero los continuos altercados con el sonido que llevaban a parar la música sacaron a los presentes de una unión entre Nosaj Thing y Daito Manabe que prometía ser inolvidable. Fuimos al Dome con Thundercat, y qué maravilla de músicos al servicio del mejor funk y jazz. Con el calor que hacía y la cerveza acumulada, este jazz conjugado con ritmos electrónicos hace las delicias de todo amante de ambos géneros que olvide prejuicios y se deje llevar por el más elevado virtuosismo. Para acabar, optamos por cenar algo e ir a escuchar a Fran Lenaers en el SónarClub.

 

Sin duda la de Lenaers ha sido una de las actuaciones que más polémica ha suscitado debido a los comentarios acerca de sus fallos técnicos a la hora de cuadrar temas. Fran es una leyenda viva del sonido del Levante de los 80 previo a ritmos más duros de la Ruta del Bakalao, cuando en Spook se pinchaban sonidos avanzados traídos directamente desde Londres y que en sus primeros años convirtieron a Valencia en vanguardia. Pues bien, en su set abriendo la jornada nocturna es cierto que las mezclas no enlazaban como de costumbre, se le veía hablando constantemente con el técnico de sonido y circula una versión en la que parece que tuvo problemas con el pitch del plato. Por nuestra parte, sea cual sea la causa no vamos a hacer sangre. Su selección musical fue impecable y sus incontables años a los platos con maestría le avalan para tener alguna noche mala. Nuestro respeto.
El sábado noche en Sónar fue de diez. Nos centramos en los sonidos más duros y apostamos sobre seguro al caballo ganador. Overmono, el directo de los hermanos Tessela y Truss fue un gran punto de partida. Tessela pone el lado más experimental e imprevisible mientras que Truss es hijo del industrial y el salvajismo ilustrado. Fue un directo implacable que sentaba las bases de una inolvidable noche. Seguimos sin movernos en el SónarLab porque en 10 minutos comenzaba uno de las actuaciones del festival. Escuchar a Carl Craig con maravillosos músicos entre los que destaca el respetado Francesco Tristano debería de contar para las notas de junio en las mejores universidades. Fue un repaso de su álbum Versus que, junto a algunos clásicos, fueron revisados con la delicadeza propia de grandes músicos, siempre con Detroit en el punto de mira. Inolvidable momento de incontables quilates para nuestro recuerdo.
Una de las sorpresas de la noche fue lo que ocurrió en SónarCar entre Seth Troxler y Tiga. No esperaba nada de ellos, y me dieron en el morro con una sesión apoteósica. Cada vez que visitaba dicho escenario nos sorprendían con unas mezclas técnicamente perfectas y sobre todo, con una selección difícil de imaginar a priori. Sonaron clásicos como DBX-Losing Control y especialmente emotivo fue cuando se cascaron el Total Confusion que colgamos a continuación:

La noche estaba de notable alto, y sorprendentemente no fue con Beautiful Swimmers con quienes subió la nota. Nada tuvo que ver su set de este Sónar con la maravilla que facturaron el pasado Dekmantel. Aquí fueron mucho más efectivos para agradar a todos los públicos, pero faltó esa magia y enlace de estilos con tanta naturalidad que les caracteriza. Pero no nos vinimos abajo. Estaban por llegar los momentos de la velada en cuanto a puro baile. Avalon Emerson y Courtesy se entienden tan bien a los platos y están tan seguras de su discurso a los Cdj, que cuando unen sus fuerzas sonoras solo puede tener lugar lo sublime. Techno nada fácil y simple, dinamismo, trance, contínuos cambios de ritmo. En resumidas palabras, felicidad. Rindieron a altísimo nivel. Y tras ellas pasamos a la barbaridad que realizaron Marcel Dettmann y Dr. Rubinstein en el SónarLab. Intento ser un habitual de esas maratonianas jornadas de Berghain, y puedo asegurar que lo que pasó entre ellos a los platos pasa muy pocas veces en el mundo del techno. No dieron al pueblo ni un segundo de descanso. Techno de todos los tipos, ritmos e intensidad, mientras que Rubinstein demostraba porqué en Berlín la palabra acid le pertenece. Fue una sesión increíble que nos dio cinco años más de amor incondicional a los amantes del género.

Cerramos Sónar con Daphni y Hunee. Qué momento tan mágico el de ver a tantos miles de personas disfrutando de la música disco y sonidos de África y Brasil mezclados con una talla solo propia de los elegidos. Apoteósico cierre para una jornada de sábado que será guardada en la retina de muchos.

En resumen, una edición que en general hemos disfrutado, en la que las mujeres han tenido un papel clave, y donde el calor ha sido el peor amigo de cada uno de los asistentes. Si Sónar solventa las complicaciones anteriormente mencionadas, aquí tienen a un tipo que vuelve a creer sin condiciones.

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