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Slowdive, Joy Eslava, Madrid (07-03-2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Slowdive han dado el pistoletazo de salida a una nueva edición del Sound Isidro, el ciclo de conciertos que nos volverá a traer a Madrid a un buen montón de bandas, tanto nacionales como internacionales. Y la verdad es que han tenido en un estreno de lujo con la banda de Reading, que abarrotó la sala Joy Eslava (hacía años que no se veía un lleno tan grande en ese recinto), y demostró que, algunos retornos, sí que merecen la pena.

Abrieron la noche los franceses Dead Sea, una banda que practica un dream-pop electrónico, en el que es fácil ver las influencias de los Cocteau Twins, Chromatics, Beach House o los propios Slowdive. Y ojo, porque lo suyo va más allá de la mera copia, y con su fusión de todas estas influencias consiguen dar con un sonido de lo más atrayente. La banda parisina tan solo cuenta con dos singles, pero, la otra noche, nos encontramos con un grupo muy sólido encima del escenario, en el que sus paisajes sonoros electrónicos se acoplaron de maravilla con sus guitarras ensoñadoras. Además, como bien demostraron en el tema final, la suya también es una propuesta que se puede bailar. Como muestra, los efusivos bailes que se echó su cantante en la última canción. Habrá que seguirles la pista.

Hay que reconocer que Slowdive tenían la mitad del trabajo hecho. Ya no solo por lo que significaron sus tres primeros álbumes para muchos de los presentes en sala, también por su último trabajo, el sobresaliente “Slowdive”, que fue el mejor disco de 2017 para muchos medios, incluido el nuestro. Y eso, unido a una interpretación sublime, sin casi fisuras, y unos visuales hipnóticos, nos dejó embobados durante poco más de hora y media.

Como era de esperar, la noche se convirtió en un repaso a su discografía en la que sonaron canciones de todos sus trabajos. Aunque sí es cierto que los grandes protagonistas fueron “Souvlaki” y su último álbum. Algo normal, ya que uno fue el disco más exitoso de su carrera, y el otro es que están presentando. Y, sorprendentemente, hubo diferencias entre los viajes al pasado y el presente. En las canciones de “Slowdive”, hay bastante protagonismo de las baterías y ritmos electrónicos, algo que no se aprecia tanto en disco, pero sí en directo. Y la verdad es que, en algún corte, como ‘Star Roving’ o ‘No Longer Making Time’, costó un poco adaptarse a ese sonido que, vamos a decirlo, era un poco de lata. Sin embargo, en ‘Sugar for the Pill’, la cual acompañaron con unos visuales fantásticos en los que se podían ver pastillas gigantes, esas pinceladas electrónicas quedaron de maravilla. Por el contrario, cuando se encargaron de echar la vista atrás, esos mundos electrónicos no estuvieron tan presentes. Y es que, no hace falta cambiar lo que ya es perfecto, como bien pudimos comprobar en cortes como ‘Catch the Breeze’ y ‘Souvlaki Space Station’, con las que dieron una lección de lo que es hacer una buena canción de dream-pop. Pero también supieron cómo meter su faceta más experimental, la de su álbum “Pygmalion”, sin que desentonara. Así, nos encontramos con una cautivadora ‘Crazy For You’, que vino acompañada de unas imágenes que podrían haber salido de la Factory de Warhol, o una ensoñadora ‘Blue Skied an’ Clear’.

Todo grupo tiene sus respectivas canciones de más éxito, y Slowdive no son la excepción. Con los primeros acordes de ‘When the Sun Hits’ se llevaron una de las grandes ovaciones de la noche, y no pudo estar más justificada, porque sonó potente como una apisonadora, e incluso le robó protagonismo a ‘Alison’, otra de sus grandes canciones, que cayó inmediatamente después. Tras ellas, era el turno de revisitar a otros artistas, en este caso a Syd Barrett, del que hicieron ‘Golden Hair’. La suya es una versión que va in crescendo, donde Rachel Goswell canta oníricamente durante los primeros minutos, para abandonar el escenario a mitad de canción y dejar que sus compañeros se explayen bien a gusto creando emotivos paisajes sonoros llenos de distorsión. Toda una barbaridad que sirvió para cerrar la primera parte del concierto.

Para el bis, volvieron al presente con ‘Don’t Know Why’, esa canción con una estructura un tanto extraña, que se ha convertido en uno de los momentos álgidos de su último trabajo. Algo que también ocurrió en directo. Tras ella, llegó ‘Digger’, que fue la única canción que no vino acompañada de capas de teclados y distorsión, tan solo la voz de Neil Halstead y unas guitarras de lo más limpias. Y para despedirse, que mejor que ‘40 Days’, el que fue su mayor éxito en los noventa, y que aquí fue recibido como tal.

Creo que no exagero si digo que, ahora mismo, ver a Slowdive en una buena sala y con buen sonido, es una de las mejores experiencias musicales que se pueden vivir. Aunque tengas un tío delante grabando vídeos cada dos por tres y jodiéndote buena parte de la visibilidad del concierto. Lo cual es absurdo viviendo en la era YouTube, en la que, en cuestión de segundos, se pueden encontrar vídeos con mucha más calidad que la mierda que vas a grabar desde el final de una sala petada de gente.

Fotos: Sergio Albert

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