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Scott Matthew, Luz de Gas, Barcelona (30-09-09)


En mitad de una de esas aburridas noches de miércoles de finales de Septiembre, ya sabéis, final del verano, empieza a anochecer más pronto y todo empieza a parecer desesperantemente más deprimente, nos recetamos a Scott Matthew como antídoto a ese agujero negro.


Originario de Australia, pero afincado en Brooklyn, este polifacético cantautor, está cada vez más hermanado vocalmente a artistas de la talla de Antony and The Johnsons o el primigenio David Bowie, en su etapa de “Ziggy Stardust”. En mitad de una pequeña sala, con apenas medio centenar de personas a su alredeor, Matthew nos brinda un recital íntimo en el que los primeros acordes del piano de su colaboradora, Marisol Limón, en “Dog”, nos transportan a un universo minimalista, paralelo al que nos pueda llevar a evocar la música de The Magnetic Fields. Temas como “Community” o “Every Traveled Road” de su más reciente largo “There Is An Ocean That Divides…” son los siguientes en aparecer e inundan el espacio de un aura de sentimentalismo y sensualidad, que consiguen provocar un silencio de respeto y devoción absolutos. En ocasiones, Scott ukelele en mano, despacha las letras de sus poemas sonoros, con la soltura de alguien a quien seguramente veremos en el futuro abarrotar auditorios de mayor tamaño, repletos de público que le habrán descubierto tardíamente, como preguntándose, cómo pudieron no haberle conocido antes.  “Wolverine” y sobretodo la fantástica y reclamada desde el público “Little Bird” te atrapan en el preciso instante en que el violoncello comienza a lanzar sus primeras notas en nuestros oídos. Pese a lo que se pueda pensar a priori de artistas como Matthew, su música es delicada y sensible, casi desgarrada. Sobre el escenario, su casi desnuda puesta en escena –apenas hay elementos decorativos sobre el escenario- estremecen al comprobar que Scott se vacía ante su público, sin caer en sentimentalismos ni sensiblería. Su gama de sonidos deambulan entre el folk, el pop, las melodías de canción de cuna y hasta en ocasiones la música de cámara. La tristeza que emana de “White Horse” sería reparada por la solemnidad de la gran canción que es “Abandoned” y que pertenece a su anterior disco, de título homónimo. Después de unos trabajados bises para terminar de presentar algunos de los temas que integrarán su próximo álbum, Matthew remata la faena con una particular versión del “No Surprises” de Radiohead cantado a capella con su ukelele. Grande.

 

 

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