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Rusos Blancos, Teatro del Arte, Madrid (05-12-2013)

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Un gran grupo flanqueado por grandes artistas. Si hubiera que hacer una radiografía de un cierto sector del indie español, el de melodías pop pegadizas e interesantes, letras costumbrista-pizpiretas, y que gustan de la buena calidad en instrumentaciones y producción, todos los allí congregados en sus múltiples facetas aparecerían inexcusablemente.

Una más que apetecible cita organizada por SON Estrella Galicia en un teatro minimalista, íntimo. Un elenco extremadamente apetitoso, unos repertorios envidiables. El concierto empezó puntual para lo que es Madrid (es decir, sólo unos 30 minutos más tarde de lo anunciado), y era de estar sentado.Menciono el detalle porque que pesó tanto a la banda (Manu, el cantante de Rusos Blancos, no paraba de hacer llamamientos a que quien quisiera bailar lo hiciera, pero el espacio no daba de sí como para hacerlo) y al público (me consta que mucha gente tenía muchas ganas de bailar). De hecho la oscuridad y el exceso de intimismo de la sala centraron los pequeños discursos entre canción y canción, ya que a la banda le estaba pesando el tono “grave” que parecía adquirir esa noche. Y es cierto: aquella noche era una verdadera fiesta y quizás en otra sala tipo la Sala Sol (donde presentaron Tiempo de Nísperos en abril, podéis leerlo aquí, habría sido más adecuada. Con todo, el concierto fue fantástico. Otro apunte de contexto que cabe dar, y que también fue motivo de comentario por parte de la banda, fue la coincidencia de su bolo con el de Kokoshka, quienes tocaban al mismo tiempo en el Siroco. Y es que sí: el público allí congregado tuvo que escoger entre esos dos planes. En cualquier caso la sala estaba casi llena (minutos antes del comienzo del concierto quedaba en taquilla un número ínfimo de entradas) y el público estaba entregado.

El concierto se suponía que era una nueva presentación de Tiempo de Nísperos, pero canciones anteriores también tuvieron cabida. Los de nombre de bebida de la película porrera por antonomasia estuvieron espléndidos y las canciones sonaron tanto a nivel instrumental como vocal tan bien y tan pulidas como en sus grabaciones. La velada comenzó con “Dudo que el amor nos salve”; lo más crooner que tienen, y con “Oro, disfruto”, “Se me enamoran” y “Bonito cortejo”. “Tus padres, tu novio, tú y yo” y “Carrera de Lesbianas” sonaron más avanzado el concierto. “Hogareña” y “Baile letal 3” nos acercaban al final de un concierto que tuvo por bises “Mónica” y “Orfidal y Caballero”. Es difícil que una banda pop suene en vivo con la misma fuerza que en estudio: pues este es uno de esos casos.

Centrémonos en las colaboraciones

Las colaboraciones fueron de lo más divertidas y variadas, obviamente como siempre pasa se notaba que algunas estaban muy muy ensayadas, y otras más deslavazadas, pero la mayoría de ellas enriquecían o aportaban algo. La cosa consistía en que uno o varios componentes de la banda invitada salía a escena y se quedaba allí durante dos canciones: interpretando una de los Rusos Blancos (con mayor o menor grado de semejanza con la original, eso iba a gustos), y también participando en la interpretación que la banda anfitriona hacía de uno de sus temas. La selección de los mismos fue acertadísima en todos los casos, tocando la fibra de los fans de las múltiples bandas, y se saldó con resultados estupendos. La primera colaboración fue la de Templeton, con la subida a la palestra de su cantante, Álvaro. De los Rusos escogió “Más delgado”, que consiguió cantar tras algún problemilla técnico que les hizo volver a empezar la canción una vez comenzada. Destacable fue lo realista de los ritmos tipo trombón que emitían Manu y Álvaro, y el final en que Álvaro quasi-rapeaba la letra en plan trabalenguas sostenido. De Templeton los Rusos escogieron la incontestablemente preciosa “Los Días”, y la forma de cantarla de Manu le imprimió un carácter un poco de canción regional a la ya de por sí pegadiza melodía. Una maravilla absoluta.

Tras Templeton le tocó el turno al siempre encantador Fran Nixon, que con la buena disposición que le caracteriza salió allí a cantar con Manu una de las canciones para mí  más antológicas de La Costa Brava: “Déjese querer por una loca”, dando lugar a uno de los momentos más mágicos del concierto. La cantaron bastante fiel a la original, y como esa canción es tan bonita, tan redonda y absolutamente perfecta pues el resultado fue maravilloso. De los Rusos Blancos Fran y Manu se arrancaron con “Broma antisemita”, con un Fran que le daba más al coro y a la palma que al cante propiamente dicho. Pero les quedó francamente bien.

El segundo bloque dedicado a las colaboraciones comenzó con Julio de la Rosa, que dio la vuelta del revés en tono y ritmo a “Supermodelo”, convirtiéndola en una suerte de poema hondo recitado, y dejando claro que esa canción en su versión original es una de las de mayor pegada de este combo y que la calidad de su letra es tal que sobrevive bien incluso siendo recitada. De la colección de De la Rosa interpretaron “Las camareras”, que sonó acertada y que encajó a la perfección con el repertorio de la noche.

La última de las colaboraciones fue la de Cosmen Adelaida, materializada en Javi (cantante) y Nacho (guitarra) en el escenario, encantadoramente acompasados en sus respectivos movimientos con la guitarra (qué bonita queda la simetría no buscada, oigan). Interpretaron “Mono divertido” de los Rusos con especial soltura y fuerza. La voz dispersa de Javi casaba a la perfección con la letra, y sus bailes de pies terminaron de conformar otro de los momentos más atmosféricos del concierto. De Cosmen Adelaida la elegida fue “A todo color”, enorme single que por la compenetración y calidad del resultado se notó que estaba convenientemente ensayado. Creo que los presentes en el concierto aquella noche estarán conmigo en que el escuchar lo bien que funciona ese tema incluso con otros registros nos hizo rescatarlo de allá donde estuviera y volver a traerlo a esa parte del cerebro en la que almacenamos las canciones que denominamos temazos. Francamente bien y disfrutable la colaboración de los Cosmen.

Una noche para recordar

Se extrae de todo lo anterior pero no quiero dejar de destacar lo bien que estuvieron todos los componentes de la banda anfitriona: la agudeza de bajo y guitarras, la brillantez del sonido de la batería, la luminosidad y destellos del teclado, y el resplandor de coros y percusiones. Sin olvidarnos, por supuesto, de la agradable y bien contorneada voz.

Cada época y estilo tiene algún evento que mitificar: la Movida tiene el concierto aquel en la Escuela de Caminos, el indismo nacional tiene los primeros FIBs o el mitiquísimo Gutiérrez Festival… Pues los amantes del pop en español de la segunda década de los dosmiles ya tenemos la noche del Teatro del Arte para recordar en plan gesta antológica. Lo que acabo de decir puede sonar a pisto pero yo creo que no tanto: una cita como esta, que innova, que plantea a los artistas el reto de salirse de su rutina habitual, y que permite jugar con las canciones y sacarlas de su jaula de cristal es algo a guardar de manera sobresaliente en nuestros recuerdos musicales. Los Rusos Blancos, solos o acompañados, tienen genialidad suficiente para seguir inundando nuestros oídos por mucho tiempo más. Seguiremos tras su pista y no nos perderemos el próximo, tenga el formato que tenga. Un 10.

Fotos: Pablo Almarcha

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