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Rusos Blancos, Sala El Sol, Madrid (17-04-2013)

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Rusos-Blancos-portada

Verano instantáneo en la capital y, precisamente en ese momento, tiempo de nísperos. Solletico abrieron con su pop ultra-naïf heredado de Pauilne en la Playa y con algún deje de Single (salvando las distancias). Temas enérgicos, incitación al baile, recuerdos de penurias de camping de festival, delirios sobre gente loca y anhelos de petición de matrimonio, todo ello regado con palmas como sopapos, ritmos moviditos y muchas percusiones salidas de cacharros nunca vistos.


Un público más que aceptable para ser miércoles comenzaba a prepararse para la recolecta del fruto que venían buscando. Hora y pico de Rusos Blancos que, pese a que tuve miedo de que el blanco cocktail perdiera sabrosura con su nuevo sabor a níspero, estuvieron estupendos, esplendorosos, grandilocuentes. Instrumentaciones bellas, desarrollos rítmicos contundentes como de banda que lleva 20 años tocando junta (¿pero cuánto ensaya esta gente?)... algo brilla en los del brebaje de El gran Lebowski, probablemente la brillantez de cada uno de los músicos que forman el conjunto. El de esa noche fue un set centrado en presentar sus nuevos temas pero con concesiones a anteriores singles. Comenzaron con "Hogareña", que fue una espectacular exhibición de lo dicho anteriormente, para continuar con los himnos "Oro, disfruto" y "Carreras de lesbianas". "Se me enamoran" destiló ese rollo crooner tan característico y un aire a nuevo Julio Iglesias -con permiso de Luis Brea-, y con "La playa de los locos" se dio un silencio precioso que permitió a la afanada audiencia sumergirse en las delicadas voces de las dos chicas acompañadas de suaves instrumentos. Un especial toque de teclados creó una atmósfera absolutamente hipnótica que lo impregnó todo, de pelos como escarpias como hace años ya lo hicieran Los Planetas en el Unidad de Desplazamiento o en las canciones épicas de los anteriores álbumes. Una canción esta de la playa de los locos que gana, y mucho, en vivo. Tras este mágico y pausado momento la voz cantante volvió a la carga con las destacables "Más delgado", "Supermodelo" o "Tus padres, tu novio tú y yo", temazos que sonaron de maravilla, y el clásico instantáneo "Dudo que el amor nos salve" sonó a b.s.o. de peli setentera -o a anuncio de colonia, como prefiráis-. Llegados al final el bis fue comparable a ese alborozo post-cualquier cosa que te haya hecho tener una experiencia muy placentera, con un "Baile letal 3" cantado con gusto y con saña, y que te coloca en un lugar en tu mente que es una mezcla entre "Danzad danzad malditos" y la escena de los novios en albornoz en fila india en "Todo es mentira" del gran Coque Malla y la gran Penélope Cruz. Yo soy muy de encontrar referencias que supongo que luego nada que ver con la banda, y si me preguntáis siempre diré lo mismo: son canciones que suenan como hubieran sonado los Taquicardigans y su posterior escisión en Pyrinerds si se huberan quedado en Madrid. He de añadir que a nivel global me recuerdan mucho como concepto y por puesta en escena a los canadienses Stars y a Broken Social Scene (a estos últimos no sólo por las 2 baterías con las que afrontaron esta puesta de largo madrileña): mucha gente en el escenario, muchas voces, muchos aportes, muchos engranajes creando canciones que tienen su propio planteamiento-nudo-desenlace musical y lírico. Un grupo que, para conluir, y en la humilde opinión de la que escribe, son los nuevos La Costa Brava. Y decir esto, como imagináis, es un piropazo tanto para la formación que ocupa esta reseña como para la desaparecida. Ciertamente los nísperos están en su punto bajo los rayos del Sol... y al calor de su bandcamp, de su disco y de todo lo que hagan... Y contradiciendo a Manuel, el cantante, al final del concierto cuando exclamaba "La fruta lo es todo" mientras lanzaba nísperos arrojadizos al público: No, la música de Rusos Blancos sí que lo es todo. Mínimo 3 piezas al día, enlatadas. Y en vivo todas las que se pueda. Lo recomiendo. Fotos: Clara V    
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