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Rodrigo Leão y Scott Matthew, Teatro Nuevo Apolo, Madrid (16-11-2016)

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Scott Matthew y Rodrigo Leão ya habían colaborado en dos canciones para un disco del portugués: “Incomplete” y “Terrible Dawn”, así pues que decidieran embarcarse en la composición de todo un disco juntos ha sido una sorpresa pero no tanto. En octubre se publicó “Life Is Long” incluyendo doce temas nuevos y recuperando ese “Terrible Dawn”.

El pasado miércoles 16 de noviembre presentaban sus canciones en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid. Vinieron acompañados de batería, guitarra, violín, chelo y trombón, más Matthew a la guitarra acústica de vez en cuando y Leão turnándose los teclados y el bajo. La música del ex Madredeus (llena de referencias a la música contemporánea y las bandas sonoras) combina perfectamente con la voz profunda y dramática del australiano. Y en directo suena aún más envolvente y emotiva. Melancolía y belleza a partes iguales.

Matthew abandonó el escenario un par de veces para dejar que Leão y el resto de músicos desarrollasen algunos temas instrumentales pertenecientes a la carrera en solitario de Rodrigo. Una gran oportunidad para comprobar el gran nivel de los instrumentistas que acompañan a la pareja (imposible no destacar a la violinista y al chelista, sin menospreciar en absoluto al resto de músicos). Scott también tuvo su mini concierto en solitario, interpretando solo con la guitarra “Smile” de Charles Chaplin (que estoy seguro hizo que más de uno tuviese que contener la lagrimita) y ese “I Wanna Dance With Somebody” que popularizó la malograda Whitney Houston (con Matthew pidiendo a un público algo reticente que cantáramos con él el famoso estribillo). Terminaron el concierto tocando de nuevo “That’s Life” (canción que ya habían interpretado) pero con diferentes arreglos, con un comienzo más acústico que luego dio paso a un final más jazzy. El grupo dejó el escenario con el público en pie aplaudiendo con ganas. Hay que mencionar que, además de con su música, tanto  Leão como Matthew se ganaron a la audiencia haciendo gala de una gran simpatía, el primero hablando con el público en perfecto castellano y el segundo demostrando que tras ese aspecto de barbudo grandulón hay una persona tremendamente tierna.

Una pena que en nuestra ciudad propuestas como esta no consigan completar el aforo de los sitios en dónde recalan, mientras otras historias con tufo a hype cuelgan el “todo vendido” con pasmosa facilidad. Sí, la gente es libre y tienen derecho a tener muy mal gusto. Menos mal que igual que aquellos galos en la aldea algunos aún resistimos. ¡Están locos estos modernos!

Fotos: Adolfo Añino 

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