Publicidad

Robert Forster + Islandia nunca quema, La [2] de Apolo, Barcelona (14-01-2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

¡Ah! El cosquilleo de ver a uno de tus héroes musicales. Los días previos mirando las redes sociales como un obseso, buscando algún noticia de última hora ―que no haya cancelación, que no haya cancelación, repites como un mantra―. Intentando no mirar los setlists de las fechas inmediatamente anteriores para ir sin ideas preconcebidas al concierto, mientras te mueres de ganas de hacerlo. La ansiedad de llegar el primero a La [2] de Apolo. Plantarte allí en primera fila. Querer estrangular, a la vista de todos, a esa pareja tan insoportable que no para de contarse sus sandeces a viva voz ―no voy a incidir de nuevo en el tema, pero algo tenemos que hacer, o nos cargamos la música―. Reconocer al maestro. Y, por supuesto, dejarse llevar por sus canciones.

La [2] de Apolo ya registraba una excelente entrada para cuando Islandia Nunca Quema tomaba prestado el escenario antes de Robert Forster. Y pese a los deseos de que llegase ya el gran momento de la noche y al lastre de las “insufribles cotorras”, la elección de los teloneros sólo puede calificarse como de acierto por parte de las buenas gentes de La Castanya. Y es que el cuarteto del Camp de Tarragona factura un indiepop directamente deudor de los Go-Betweens o cualquier otro grupo surgido de las frías tierras escocesas en los años ochenta. Falta algo más en las voces ―más coros, o quizás decantarse sin ambages por Edwyn Collins― pero algunas de las canciones ofrecidas ―Behold, Spillane, Severed ties, a tenor de los nombres apuntados en el setlist― poseen melodías estupendas y guitarras contagiosas. Buena manera de calentar la jornada.

Y tras el interesante prolegómeno, con la sala abarrotada ―faltaría más― el señor Forster no se hizo de rogar. Y arrancando con Rock‘n’roll friend, cara B de la mítica Right Here, revisitada posteriormente para uno de sus primeros discos en solitario, nos ganó definitivamente. De acuerdo, lo tenía prácticamente hecho de antemano, pero el miedo a encontrarnos con un cantautor apocado, interpretando en solitaria desnudez un repertorio colosal, quedó disipado al instante. Riéndose de su divismo ―colocando el escaso mobiliario del escenario―, bufonesco en sus poses de “rock star” con acústica, reclamando los aplausos con falsa displicencia, comentando divertido con la audiencia que algún día nos cruzaremos con él por la calle porque se irá a vivir a Gràcia, o pidiendo un café con leche a la barra…Y lo más importante, tomando los mandos de la sala con tan sólo su voz y su fantástico manejo de la guitarra. Carisma, talento y, huelga decirlo, canciones.

Del nuevo repertorio, el excelente Songs to play, cayó más de la mitad del disco, destacaron grandes momentos como Let me imagine you o Love Myself (and I always have), mientras que una joya como A poet walks o la susurrante Songwriters on the run si perdieron algo de brillo al no contar con la apabullante sección de vientos la primera o las voces de Karem Baumler la segunda que, eso sí, contó con la descacharrante narración previa sobre la imposible temática de la canción. Y de su inagotable cancionero, disfrutamos de, entre otras, Head full of steam, la biográfica Darlinghurst nights, la atolondrada Here comes a city, German farmhouse ―otra presentación hilarante―, Part company o Love is a sign, probablemente la más inolvidable del show. Y ya en los bises, una preciosa rendición de He lives my life y, para poner punto y final al concierto, una extended version de Surfing magazines con Islandia Nunca Quema como banda de acompañamiento.

Decir que quedaron muchas por tocar, o que faltó ésta o aquélla para convertirlo en un concierto imperecedero es de Perogrullo. Robert Forster podría haber empezado a tocar el jueves y, una semana después, todavía quedarían maravillas pop en el tintero. Así de grande es el legado de esta leyenda que el pasado jueves nos visitó de nuevo, tanto para enseñarnos sus nuevas, magníficas canciones, como sobre todo, qué significa hacer magia con una guitarra y una voz. Vuelve pronto Robert.

Fotos: Raül Jiménez

 

To Top