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Portishead, Palacio de Deportes, Madrid (18-07-2014)

Autor: | @siguesiguepop

Combatir el calor del verano en Madrid no es fácil. Combatirlo con más calor podríamos decir que es el más difícil todavía. Pues por eso segundo es más o menos es por lo que optaron Portishead el pasado viernes en su primer concierto en la capital de España en toda su carrera. Es verdad que lo suyo fue más que calor esa calidez extraña a la que ya nos han acostumbrado en todos estos años.

Con un sonido increíble y una puesta en escena magistral en todos y cada uno de los detalles, Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley salieron al escenario del Palacio de los Deportes acompañados de otros cuatro músicos que ayudaron a que todo lo que saliera de aquellos altavoces sonara perfecto o por lo menos casi perfecto.

Con un setlist más centrado en las canciones de “Third“, su hasta ahora último disco, aunque ya nos quede algo lejano, pero eso sí, con una buena selección de temas de “Dummy” y “Portishead“, la santísima trinidad de Bristol pronto se metió al público en el bolsillo, una audiencia bastante numerosa que no dudó en corear momentos de canciones como “The rip” o “Glory box”. Nos hicieron tocar el cielo especialmente en ese momento más íntimo en el que se quedaban ellos tres solos en el escenario para interpretar “Wandering star”, donde comprobamos que la voz de Gibbons es mucho más prodigiosa de lo que podíamos sospechar. A este momento le siguieron “Over” con esos acertadísimos scratches de Barrow y “Machine gun”, sin duda, uno de los momentos más vibrantes de su show.

Por poner algún pero, habría que decir que se amoldaron al show de 90 minutos que vienen haciendo en los festivales donde están tocando últimamente, y que al ser un evento solo de Portishead y dado el elevado precio de las entradas quizá podrían haber estirado un poco más. De todas formas, qué más da, era la primera vez que un servidor veía a los tres fantásticos de Bristol y salí flotando.

Antes, los teloneros y protegidos de Geoff Barrow Thought Forms nos transportaron en una espiral de ambient y drones a unos paisajes experimentales bastante alejados de los paradigmas de Portishead, y en su media hora escasa de actuación no dio tiempo a entrar en su onda, más que nada porque todos teníamos la mente puesta en lo que iba a ocurrir unos minutos después.

 

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