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Pony Bravo, Joy Eslava, Madrid (12-01-2012)

Autor: | @indienauta

ponybravomadrid

Pony Bravo no debía de existir. Paren las máquinas, no se me echen aún encima, fans del grupo. Lo digo porque mezclar rock lisérgico, copla, krautrock, africanismo, dub y reggae con letras silvestres, toques western y referencias religiosas mil, mientras flotan por el ambiente referencias a las drogas, ya sean lúdicas o psicodélicas, todo ello cantado con un acento sevillano en toda regla, no se le podía ocurrir a nadie en su sano juicio… hasta que llegaron estos cuatro tipos desde el Guadalquivir.


Y a fe (nunca mejor dicho), que su propuesta, ecléctica y abstracta donde la haya, funciona. Lo pudimos comprobar el pasado jueves 12 de enero en una Sala Joy Eslava con ‘sold out’. Programado dentro del serial de Vértice Pop titulado ‘Conciertos Sublimes’, Daniel Alonso (voz y teclados), Darío del Moral (guitarra), Pablo Peña (bajo) y Javi Rivera (batería) abrieron su tenderete con La voz del hacha, el primer corte de su segundo álbum (‘Un gramo de fe’, 2010). Con la siguiente, El Piloto Automático, empezó el carrusel de cambios a los instrumentos, con Rivera dejando las baquetas por la púa de la guitarra y Del Moral tomando el camino inverso. El primer momento a destacar llegaría con la acidísima Super-broker, con dedicatoria especial “para Cayetano Martínez de Irujo”. Bajo una manta psicodélica, toda una sátira con un estribillo inicial que mezcla las armas de Halliburton con otro ‘cañón’, Halle Berry. La siguiente, el inenarrable remake de Manolo Caracol que es Ninja de Fuego, empezó a caldear el ambiente.

A partir de ahí, se pusieron el poncho en clave reggae, con una de sus viejas composiciones, El Guarda Forestal y con Pumare-Ho!. De vueltas a la experimentación con las distorsiones, apareció la primera gran ovación de la noche, para su nueva canción pegadiza, Noche de Setas. Del Moral le cedió su guitarra a Pablo Peña (el elemento destroyer y descamisado del grupo) mientras crecía el consejo que daba Dani Alonso: “Noche de setas…con una cantidad menor, habría sido mucho mejor…”.

Los ponys sólo tuvieron una concesión para su repertorio en inglés, completamente extinto en su segundo disco. La elegida fue la arabesca El baile, encadenada con la abstracta Hipnosis Groove y el teclado simple pero adictivo de Salmos 52:8. Un break necesario antes de volver a meter energía con su tema más pasado de roscas, La rave de Dios. Para ambientar el retablo, pidieron que los técnicos activasen el enorme rosellón luminoso que reina en la Joy. “¡Dadle luz a la tuneladora!”. Un chute energético que continuó con El Rayo y Fullero. El bis, para redondear las casi dos horas de show, llegó con suavidad, con Trinchera y la aceleración en plan jam de China da Miedo. De regalito final, el momento más impagable de la noche. Una nueva composición de Pablo Peña, que seguramente pertenecerá finalmente al proyecto paralelo del grupo, Fiera. “Va de lo de que pasa después de los conciertos”. De título, Mi DNI, no tiene desperdicio. Un rap psicodélico-humorístico, toda una ensalada de referencias a las visitas sospechosas al WC (“Dame un billete, dame un billete, pásame tu DNI que el mío lo he perdido”), ataques a la industria (“nos dijeron que teníamos que grabar con Carlos Jean o con ese americano…y elegimos al americano”) y al mundillo musical (críticos de la Rockdelux incluídos) resumidos con un estribillo de morirse: “Camello, yo, yo, yo… Camello, yo, yo…”. Un loco colofón a casi dos horas en las que los ponys se desbocaron, se lo pasaron pipa…y nosotros con ellos.

 

Foto: Vértice 360

 

 

 

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