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Placebo, Palacio de los Deportes, Madrid (30-07-2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Hasta esta semana, Placebo era uno de los grupos que estaban en los primeros puestos de mi lista de “grupos que hace una década que se tenían que haber separado”, pero su concierto de Madrid me ha hecho cambiar de opinión. No porque fuera un gran concierto –fue una hora y media aburrida, repetitiva y llena de tics rockeros–, sino por sus seguidores, que agotaron las entradas y corearon y celebraron cada una de sus últimas canciones –por muy sosas y aburridas que sean estas–. Así, es lógico que Brian Molko y compañía basen casi todo su repertorio en sus últimos trabajos y se olviden de los tres primeros álbumes. Sus nuevos fans han crecido con discos tan insulsos como “Meds” o “Loud Like Love”, y eso es lo que Placebo ofreció la noche del miércoles en el Palacio de los Deportes. Las canciones de estos dos discos se comieron casi tres cuartas partes del concierto, y sólo se acordaron de sus primeros trabajos en tres ocasiones. Bueno, del segundo y del tercero, porque de su debut parece que no quieren saber nada.

B3’, ‘For What It’s Worth’ y ‘Loud Like Love’ fue el trío encargado de abrir el concierto; tres de sus últimas canciones en las que ya pudimos ver por donde iban a ir los tiros el resto de la noche. Guitarras macarras (siguen llevando a un multi-instrumentista escondido tras los bafles), mucho redoble de batería para que el público diera palmas, y unas cuantas poses de rock-star que nada tenían que ver con la delicadeza de sus dos primeros trabajos. Tras estos temas nos dieron una pequeña alegría con ‘Allergic’, uno de los mejores temas de “Black Market Music”, que aquí casi pasó desapercibido (una prueba más de que sus nuevos seguidores pasan de sus comienzos), y con un ‘Every You Me Every Me’ que se cargaron con unos punteos innecesarios al final. A partir de aquí, el resto del concierto fue un suplicio en el que nos tuvimos que tragar un buen numero canciones insulsas donde apenas destacó ‘Too Many Friends’, una canción donde tiran de piano y vuelven un poco a las baladas de sus dos primeros discos –lástima que tenga una de las frases más sonrojantes de la historia de música (“My computer thinks I’m gay”)–.

Hacia el final de la primera parte del concierto tuvieron otro momento interesante en el que encadenaron ‘Song To Say Goodbye’, ‘Special K’ y ‘The Bitter End’. Aun así, no es el repertorio que un seguidor viejuno de Placebo espera de un concierto suyo. Hasta ese momento, uno suponía que para el bis se habían dejado la artillería pesada. Pero no. Una vez más, estaba equivocado.

Ni ‘Slave To The Wage’, ni ‘Taste In Men’, ni ‘Pure Morning’; para el bis volvieron a tirar de sus últimos trabajos, y el único regalo que nos hicieron fue su versión del ‘Running Up That Hill’ de Kate Bush. Y es que cerrar un concierto con una canción menor de su carrera como ‘Infra-Red’, tiene delito. Todo el concierto fue un tanto mediocre y, para colmo, tampoco sonaron muy bien –es inexplicable que lleven tres guitarras y que casi no se oiga ninguna–. Con Placebo se puede aplicar el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Fotos: Adolfo Añino

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