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Pink Martini, Noches del Botánico, Madrid (07-07-2016)

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Pasar una calurosa noche de julio en el jardín botánico de la Universidad Complutense de Madrid, escuchando al aire libre a un grupo que hace versiones de standards de la música popular norteamericana de principios del siglo XX me pareció una muy buena idea. Mis buenas ideas a veces no lo son tanto.

Esta pequeña orquesta fundada en Portland (Oregon) por Thomas M. Lauderdale a finales de los 90 bebe del jazz, el swing, el lounge, la chanson francesa, y los ritmos latinos que de una manera u otra llegaron a los Estados Unidos a finales de los años 50 (principalmente a través de los exiliados cubanos). Algo que algunos para resumir y simplificar  han calificado como sonido “retro”. Dicho esto, supongo que no es de extrañar que esperase una velada de lo más cool, error.

“Amado Mío” , “Quizás, Quizás, Quizás”, y “El Negro Zumbón” fueron los primeros temas que tocaron y los que marcaron la línea estilística del resto del concierto. Pink Martini decidieron basar su espectáculo en las canciones más populares y también (por qué no decirlo) más pachangueras de su repertorio. Imagino que para un norteamericano todas esas canciones pueden resultar de lo más exótico, pero eso parecía más una verbena de pueblo que nada relacionado con el jazz o cualquier otro estilo que podamos calificar como cool (eso sí, una verbena en la que había quien pagaba una cerveza con un billete de cien euros).

Pero al césar lo que es del césar. El grupo (liderado por Lauderdale al piano y con instrumentos de cuerda, viento, y percusiones) sonó bien, y Storm Large (una espectacular rubia de aspecto germano) es la vocalista perfecta para lo que hacen en directo Pink Martini. Large es (como dirían nuestros abuelos) una mujer de rompe y rasga, y aunque su físico y el “modelito” que lució para la ocasión se llevó mucha de la atención de los presentes, demostró ser una frontwoman más que solvente (chapurreando en español y bromeando con la ya entregada audiencia).

El público que llenaba el recinto se lo pasó de lo lindo cantando y bailando canciones que seguramente en otro contexto negarían haber disfrutado. En ese sentido no cabe más que calificar el concierto como rotundo éxito.
Yo salí de allí pensando que en cualquier momento empezaría a sonar “Paquito El Chocolatero”, y que sería igual de bien recibido que el resto de lo que sonó aquella noche. Pero imagino que eso es solo problema mío.

Fotos: Adolfo Añino

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