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Patti Smith, La Riviera, Madrid (15-11-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Patti Smith es incombustible. Lo sabe todo el mundo. Pero uno no se da cuenta de lo real que es esta afirmación, hasta que no presencia uno de sus conciertos. La transformación que sufre la de Chicago cuando se sube encima de un escenario es digna de ver por todos los mortales. Delante de un micrófono, Smith vuelve a tener 25 años y, por supuesto, vuelve a sacar la rabia de la que hacía gala cuando era reina del punk –pocas señoras de 65 años pueden escupir varias veces en mitad de un concierto y salir airosas del asunto–. La que tuvo, retuvo.


A Madrid venía a presentar “Banga ”, su último trabajo, por lo que la actuación se centró en este disco, del que cayeron media docena de canciones. La compenetración con Lenny Kaye (guitarra, bajo y coros), Tony Shanahan (bajo y piano), Jay Dee Daugherty (batería) y Jackson Smith (guitarra, piano, bajo y coros) es absoluta y desde el primer tema del concierto, la estupenda April Fool, se pudo comprobar que tienen una historia musical juntos. Y es que sin en el apoyo de Kaye o Daugherty al principio de su carrera, y el que le ha dado más recientemente Shanahan, la historia de Patti Smith no sería la misma. De eso trata un concierto de esta señora, de dar un repaso a la historia de la música, de la que forma parte. ¿O acaso canciones como Redondo Beach o Dacing Barefoot no forman parte de ella? Esos dos temas, que vinieron a continuación de April Fool, sonaron a gloria. Por una vez en la vida La Riviera sonó bien, aunque un poco bajo de más –quizá porque había poco más de media entrada y no se necesitaba más volumen–.

Patti Smith tenía que presentar los nuevos temas y, aunque algunos como Fuji-San o Banga funcionaron bien, otros aburrieron. Fue el caso de This is the Girl que, según contó, escribió en el camerino del Teatro Español el día que murió Amy Winehouse, y Tony Shanahan compuso la música en Nueva York –“half song Madrid, half song New York for Amy Winehouse”–. Este tema, que funciona bien en el disco, en directo se ve deslucido y resulta pesado.

La autora de "Horses" es muy dada a dedicar canciones en sus directos, y aquí no hizo una excepción. Además, dos de sus dedicatorias fueron de los mejores momentos de la noche. El primero fue el que dedicó a la gente que salió a las calles el día anterior (14N). Nos regaló una desgarradora interpretación de My Blakean Year, a la que añadió una estrofa que describía las sensaciones que le habían dejado las protestas en Madrid –impagable la frase en la que comentó lo emocionante que le resultó ver lo que ocurría en nuestro país y la pena que le producía saber que nunca vería algo así en Estados Unidos–, levantando una de las ovaciones de la noche. Beneath the Southern Cross fue la canción que dedicó al escritor chileno Roberto Bolaño. Aquí pudimos comprobar la fuerza que se puede lograr con tres guitarras acústicas, con una catarsis final que puso los pelos como escarpias a más de uno.

La señora Smith no es tonta, y sabe que cuenta con unos cuantos ases bajo la manga que puede sacar en cualquier momento de bajón. Y eso es lo que hizo al final del concierto, tras un par de canciones un tanto tediosas. Pudimos escuchar seguidas la preciosa Pissing in a River, una muy coreada Because the Night (mucho mejor que la versión que está haciendo últimamente Springsteen), y la que supuso el clímax de la noche: Gloria. Pocas veces una versión consigue tanto protagonismo como la original, y este es uno de esos casos. La reinterpretación que hace Smith del tema de Van Morrison tiene personalidad propia, ya no solo por esa estrofa añadida en la que dice “Jesus Died For Somebody’s Sins But Not Mine”, sino por la rabia y la pasión que pone en esta canción. Evidentemente, se levantó la histeria colectiva y no hubo una sola persona en La Riviera que no corease a grito a pelado ese “Gloria” que repite incesantemente en el estribillo. Fue la mejor forma de acabar la primera parte del concierto.

Para el bis cayó otra versión. En este caso se atrevió con la difícil It’s a Dream de Neil Young, con el que va a girar en unas semanas. No es un tema fácil de interpretar, pero la de Chicago supo darle su enfoque y, aunque le quedó un poco larga de más, salió más que airosa. Tras la inevitable presentación de la banda –con una merecida ovación a Lenny Kaye–, llegó otro de los momentos más esperados con People Have The Power, que cerró la noche. No fue una sorpresa, ya que en los días anteriores había comentando en más de una ocasión que la iba a tocar y se la iba a dedicar al pueblo español. Dicho y hecho. ¿Alguien conoce una mejor manera de acabar un concierto? Yo, desde luego, no. 

Fotos: Adolfo Añino

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