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Oso Leone, Teatro Lara, Madrid (06-06-2013)

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Llegar tarde no mola. Nunca. Y más esos días que tienes compromisos múltiples y que tienes que elegir, y sabes que te vas a perder cosas únicas y especiales. Y va y también llegas tarde a lo que vas. Últimamente el jueves es como el nuevo sábado, en lo que a conciertos se refiere. La agenda se congrega a lo bestia. Y claro, no das abasto. A no ser que seas un superhéroe urbano.

Así que el fotógrafo Alejandro del Estal y yo llegamos tarde al Lara,  por acumulación de eventos, entre ellos el evento de blogueros #MadridBloggers. Vimos casi la mitad del concierto. Una rabia porque lo que vimos fue hechizante. ‘Mokragora’ (Foehn records, 2013) es uno de los discos más bonitos publicados en lo que va de año. Ahora bien, lo que vimos lo valió casi como un concierto entero. Por ser fiel a mis juicios, hablaré de lo que vi. Mi intuición me dice que la progresión fue ascendente y el sonido compacto y logrado.

El quinteto mallorquín, con tan solo dos álbumes en su haber, el primero de ellos ‘Oso Leone’ (2011), ha conquistado a la prensa especializada. Y ahora está conquistando al público. Y es que su fusión del pop más íntimo, con destellos muy soft, muy post, consigue seducir con un sonido muy etéreo, mágico: entre lo envolvente y lo sugerente. Cogiendo el testigo de José Gonzalez y sus Junip, de unos Fleet Foxes mediterráneos o de Morphine en clave pop. En la recta final, la calma y el relax “Sanseviera” presidida por un loop y unas claves, la sugerente “Clivia” (reminiscencias de Tortoise y The Sea & Cake, el magnífico sonido Chicago), “Cactus”, una de sus canciones más redondas, sonó arrebatadora con esa batería y percusiones. Guitarras que crecen, vuelan y envuelven, y voces que flotan. Todo es como un levitar en la intimidad. Dos bises rememorando su debut. Y  cierre perfecto al círculo. Me quedé con ganas de más. Pero es bueno quedarse con hambre

Foto: Alejandro del Estal

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