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Neneh Cherry, Joy Eslava, Madrid (26-11-2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Si hay algo que define la carrera de Neneh Cherry, es su afán por experimentar con nuevos sonidos, y no quedarse estancada en los múltiples estilos musicales con los que ha conseguido grandes éxitos. Lo lleva demostrando casi treinta años, y anoche, dentro del ciclo de conciertos 981 Heritage de Estrella Galicia, nos dejó claro que va a seguir haciéndolo. La Neneh Cherry de 2015 es una artista completamente nueva, a la que no le interesa su faceta más amable (el espectador que pidió ‘7 Seconds’ se quedó con las ganas), y que no tiene ningún problema en adaptar sus grandes éxitos a su nuevo sonido. Un nuevo sonido creado con la ayuda de Four Tet, que convirtió a su “Blank Project” en uno de los discos clave de 2014. Evidentemente, a Four Tet no se lo lleva de gira, pero en su lugar se trae al dúo londinense RocketNumberNine, con el que lleva colaborando desde 2013, y con el que consigue hacer uno de los mejores directos que se pueden ver ahora mismo.

Tras una media hora de concierto de Le Parody, donde hubo flamenco, música electrónica, tropicalismo, un ukelele, rollito árabe, y seis millones de cosas más, aparecieron la artista sueca y sus dos chicos, dispuestos a dejarnos sorprendidos con su música, y con unos visuales simples, pero muy efectistas. Una de las características principales del último trabajo de Neneh Cherry es la forma tan primitiva de hacer música electrónica, utilizando instrumentos analógicos, y, en muchos casos, dejando de lado las cajas de ritmos. Las baterías reales son el motor de ese álbum, algo que, por supuesto, también ocurre en el directo. Durante poco más de una hora, esos ritmos de batería se fueron fusionando con los electrónicos, y con unos graves que, la verdad, podrían haber sonado un poco mejor. Esa fue la única pega del concierto, el resto rozó la perfección.

Desde el principio con esa ‘Spit Three Times’ tan Massive Attack –ella tiene derecho, que fue de las primeras en colaborar con ellos-, ya nos dimos cuenta de que iba a ser un concierto oscuro, en el que no iba a ver espacio para los sonidos más abiertamente pop, o para su faceta más comercial. Salvo tres temas que recuperó de su pasado – más de un purista se llevó las manos a la cabeza con la versión oscura que hizo de ‘Woman’-, el grueso del concierto estuvo formado por los cortes de “Blank Project”, que sonaron contundentes, como una apisonadora, y a los que Neneh Cherry adaptó su voz, y su forma de cantar. Es el caso de la impresionante canción que da título al álbum, donde Cherry metió una especie de misterioso alarido que para nada casaba con la imagen amable que dio entre canción y canción. Esa transformación hizo que nos encontráramos con momentos realmente sublimes, como cuando convirtió la Joy Eslava en una pista de baile densa y claustrofóbica con ‘Everything’ y ‘Dossier’. Pero el momento álgido del concierto llegó con ‘Out Of The Black’, donde, por supuesto, no estuvo Robyn, ni falta que hizo. El “hit” de su último trabajo, sonó pletórico y contundente, con ese ritmo de batería que se te atrapa desde el primer segundo. La alargó todo lo que pudo (tocaba cerrar la primera parte del concierto con ella), pero no resultó cansina, todo lo contrario; nos hubiéramos quedado toda la noche escuchándola.

Estaba claro que Cherry no se podía ir de Madrid sin tocar ‘Buffalo Stance’, sobre todo después de haber recuperado minutos antes su otro gran hit, la maravillosa ‘Manchild’. La dejó para el final, para cerrar a lo grande, aunque no fue un cierre tan apoteósico como se esperaba. Su nuevo sonido no casó muy bien con esta canción, a la que le quitó su toque desenfado y su parte más pop, y se quedó en algo un tanto soso. Eso sí, la merecida ovación no se la quitó nadie.

A sus 51 años, Neneh Cherry ha conseguido dar con la fórmula para sonar mucho más contemporánea que algunos artistas que podrían ser sus hijos. Algo que, por otra parte, lleva haciendo casi tres décadas. Como prueba, su increíble versión del ‘I’ve Got You Under My Skin’ de Cole Porter de 1990, toda una joya que, lamentablemente, no tocó.

Fotos: Fernando Curto

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