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The National, Palacio de Vistalegre, Madrid (20-11-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Uno de los comentarios que más se oyeron ayer a la salida del concierto de The National fue que pocos grupos habían sonado tan bien en ese recinto. El pabellón multiusos de Carabanchel es de los peores sitios de Madrid para ver un concierto, no solo por su sonido a lata (ellos consiguieron sonar contundentes y limpios), sino también porque es frío y resulta complicado que los artistas lleguen a conectar con el público en esos metros cuadrados tan hostiles. Además, ayer hacía un frío horrible dentro y fuera del pabellón. Al menos en las gradas, uno no podía quitarse el abrigo, y se echaba de menos un gorro y unos guantes. Pero The National capearon el temporal y lograron triunfar tras dos horas de concierto.

Lo primero que hay que comentar es el paso a grupo grande que han dado los de Ohio (o Brooklyn, como prefiera cada uno). La última vez que pisaron Madrid fue en 2005, para dar un concierto en la sala Moby Dick, en la que apenas caben 400 personas (para colmo, no la llenaron). Pero los The National de 2013 son un grupo diferente: es una banda que se siente cómoda con su estatus de grupo de pabellones, y demuestran que tienen tablas para llenar estos recintos. Los de Matt Berninger se han tomado muy en serio toda la parte extra del show, y su escenografía está de lo más cuidada. Tanto el impresionante juego de luces como la pantalla gigante, donde proyectan imágenes suyas y del público a tiempo real, sirven de apoyo a unas canciones que, en muchos casos, necesitarían un espacio más íntimo. Con este montaje consiguen que el público se meta más en su directo, y disfrute de un concierto que, muy probablemente, funcionaría mejor en un espacio más reducido.

The National no intentan sorprender en sus conciertos, y si ya los has visto unas cuantas veces, conocerás muchos de sus tics en directo. Es muy probable que Matt Berninger se pimple un par de botellas de vino; que cante Terrible Love y Mr. November entre el público; o que camine por el escenario con cara de loco y se de golpes en la cabeza con el micrófono. Forma parte de su show y, lo mejor, es que le sigue funcionado bien. Pero claro, The National no es solo él, y ahí está el resto de la banda para dejar el pabellón bien alto en todo momento, tanto cuando hay show del cantante, como cuando no. Tampoco quiero dar la impresión equivocada: Berninger no está durante dos horas haciendo el cabra. De hecho, sus mejores momentos son cuando agarra al micrófono y se deja la voz con esos berridos tan característicos (Afraid of Everyone o Squalor Victoria son buena prueba de ello), o cuando se calma y nos deja una preciosa interpretación de sus temas más reposados (I Need My Girl es un buen ejemplo). Evidentemente, todo esto formó parte del guion de ayer, pero hubo muchas cosas más.

Don’t Swallow the Cap y I Should Live in Salt fueron los dos temas que abrieron el concierto, con los que dejaron bien claro que venían a presentar “Trouble Will Find Me” (cayeron diez canciones del disco). Pero son listos, e hicieron un setlist equilibrado en el que, lógicamente, ganó su último trabajo, pero donde también repasaron lo mejor de su carrera (faltaron muy pocas de sus canciones más conocidas). Lo siguiente que tocaron fue Mistaken & Strangers, del genial “Boxer”. En estos tres temas ya pudimos comprobar que se habían tomado en serio lo de sonar bien, costara lo que costara. Durante todo el concierto se pudieron apreciar los detalles de sus canciones a la perfección, y lo único que falló fue el sonido a lata, pero eso es irremediable: va con el recinto. Aun así, lograron que nos olvidáramos de ello cuando tiraron de contundencia en temas como Sea Of Love, Graceless o Abel –esta última fue una de las pocas que rescataron de “Alligator. Otra cosa que quedó clara es que “High Violet” es su trabajo más celebrado o, por lo menos, más conocido. De él salieron varios de los momentos más impresionantes del concierto, de esos que se te quedan en la memoria para siempre. Fueron especialmente brillantes England, con esa pantalla gigante en la que iba cayendo nieve, y Bloodbuzz Ohio, que fue recibida como el hit que es. De este disco me sorprendió que tocaran Sorrow, ya que después de tocarla seis horas seguidas en una performance en el PS1Moma, suponía que se habrían cansado de ella. Mejor para nosotros, porque sonó a gloria. Si echamos la vista un poco más atrás, hay que hablar de About Today, esa canción de su “Cherry Tree Ep” que se ha convertido en todo un himno entre sus seguidores más acérrimos. Su parte final, tan caótica, nos muestra a unos The National del pasado, más contundes y menos expertos. Además, la dejaron casi para el final, y la tocaron justo antes de una enorme Fake Empire (en esta hubo bien de karaoke y palmas), con la que cerraron la primera parte del concierto.

Hard to Find fue la encargada de abrir el bis, pero allí todo el mundo estaba esperando el plato fuerte: el combo Mr. November y Terrible Love, los dos himnos obligatorios en todos sus conciertos. Por si os lo estáis preguntado, sí, Matt Berninger las cantó entre el público. Sobre todo la primera, en la que se recorrió toda la pista. Una vez más, sublime. Pero había una sorpresa para el final. En lugar de acabar a lo grande, con distorsión y contundencia, eligieron Vanderlyle Crybaby Geeks para despedirse del público de Madrid. Además, lo hicieron de la forma más difícil posible, en un formato acústico con toda la banda delante y en el centro del escenario. Un regalo que los que estuvimos allí supimos aprovechar coreando la canción de cabo a rabo. A ver si no tardan otros ocho años en volver.

Fotos: Adolfo Añino

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