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Natalie Prass, Siroco, Madrid (25-08-2015)

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Ya tuvimos la oportunidad de disfrutar del directo de Natalie Prass dentro del cartel del Oysho Jazz Festival de Madrid el pasado mes de junio. En esa ocasión vino en formato reducido acompañada de un guitarrista, y el acceso al evento fue por rigurosa invitación (evento al que hizo mención en medio del concierto, recordando lo increíble que le pareció tocar en el auditorio del Museo Reina Sofía). Así pues no es de extrañar que hubiera expectación por ver en directo a la artífice de uno de los discos más alabados de este año, y que la pequeña sala Siroco estuviese abarrotada (con todo el papel vendido desde días antes).

El disco de Natalie Prass es una combinación de “soul blanco” y pop, arropado por unos magníficos arreglos de cuerda y viento (estos últimos cortesía de Matthew E. White, quien también produce el disco). Sin estos arreglos las canciones en directo corrían el riesgo de resultar una versión descafeinada de los originales, o de recibir un tratamiento demasiado “rockero” para compensar (tal como le sucedió al citado White en su última visita a la capital). Afortunadamente Prass y su grupo (guitarra, bajo y batería, más ella misma también a la guitarra) supieron mantener la esencia de las canciones, a pesar de tener que renunciar (inevitablemente) a algunos de los matices de la grabación en estudio.

Natalie Prass es menuda, de aspecto aniñado, y de gestos y maneras quizás algo infantiles para alguien que ya se acerca a la treintena. Entre el desparpajo de una niña traviesa y cierto candor, lo cierto es que se ganó la simpatía del público presente. Bromas con los chicos del grupo, con el público, y una casi perenne sonrisa en su rostro (merece ser destacado el momento en que tras explicarnos que no tenían “merchandising” para vender en el concierto, el batería nos mostró unas hojas de un cuaderno infantil para colorear, que supuestamente había caído en sus manos en Suecia y que estaban dispuestos a vender en caso de que alguien estuviese interesado).Y por supuesto, está su voz. En directo su voz es más protagonista, y sorprende sobre todo la aparente facilidad que tiene para cambiar de registro (de sentidas baladas a temas absolutamente pop, pasando por el soul más clásico o el “spoken word”), sin renunciar a una manera de cantar que sin ser extremadamente personal se resiste a las comparaciones facilonas.

En cuanto al repertorio, teniendo en cuenta que hablamos de una artista con un único disco en su haber, no había mucho espacio para las sorpresas (aunque alguna hubo).
Tocó todos los temas de su disco de debut. Empezó el concierto con “Your Fool”, la sala enmudeció con las primeras notas de la hermosa y desgarrada “Violently” , y hubo gran momento sing-along  con el estribillo de “My Baby Don’t Understand Me”. Pudimos disfrutar de algunos temas inéditos, la preciosa “Last Time”, la rockera “Sand Dunes”, y la difícilmente clasificable (y de engañoso título) “Jazz“. Y también hubo tiempo para dos versiones, “Any Time, Any Place” de Janet Jackson, y “Caught Up In The Rapture” de Anita Baker.

Prass y compañía se retiraron del escenario en medio de una gran ovación por parte de un público que parecía más que satisfecho.

¿La próxima vez en un escenario más grande y con sección de viento? Por pedir que no quede.

Foto: Cyndi_Pauper

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