Publicidad

Nada Surf, Sala But, Madrid (25-10-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

portada nadasurf copy

Nada Surf es una de esas bandas que, quien más o quien menos, ha tenido oportunidad de ver alguna vez. En los últimos quince años han sido unos fijos de los festivales y salas de nuestro país, y no ha sido difícil toparse con ellos en alguna ocasión. A priori, esto podría haber jugado en su contra en esta nueva visita a Madrid (estuvieron por aquí hace medio año y agotaron entradas), pero el grupo neoyorquino tiene tirón, y volvieron a colocar una buena cantidad de entradas en esta nueva cita madrileña.


No esperábamos nada nuevo en este concierto, y así fue. Nada Surf no se salen del guion establecido y, salvo algún tema más antiguo (viajaron hasta 1996 para tocar Treehouse), volvieron a hacer un show basado en “The Stars Are Indifferent To The Astronomy”, su último trabajo hasta la fecha. Esta vez, ni siquiera hubo una versión. Entonces, ¿por qué vuelven a triunfar? Pues muy fácil, es una de esas bandas que te deja con una sonrisa de oreja a oreja tras una hora y media de concierto, y sus píldoras de power-pop son de las que no cansan.

Empezaron con Clear Eye Clouded Mind y Waiting Or Something, los dos temas que abren su último trabajo, perfectos para abrir un concierto como este. A partir de aquí fueron intercalando canciones de este álbum con temas de sus discos más recientes, con muy pocas concesiones a sus dos primeros trabajos. Parece que tienen claro que su público mayoritario es el que se enganchó a su música a partir de “Let Go”; y es una pena, porque “The Proximity Effect” es, de largo, su mejor álbum. De hecho, creo que ellos también lo saben, y siempre incluyen algún tema de él –en este caso, cayeron una tremenda Hyperspace y la siempre efectiva 80 Windows–. Pero bueno, de vez en cuando hay que hacer concesiones y dar al público lo que quiere, aparte de que pocas pegas se le pueden poner a canciones como Do It Again, Inside Of Love, See These Bones o esa The Way You Wear You Head tan cañera con la que cerraron la primera parte del concierto. Tampoco hay nada que añadir cuando nos brindan Hi-Speed Soul, la canción rockera que llevan años intentando hacer New Order –y no lo consiguen–, que fue de lo mejor del concierto. Además, temas de su último disco como When I Was Young, crecen en directo. Parte de la culpa de esto la tiene Doug Gillard, que como ya pudimos comprobar en su anterior gira, consigue que con su guitarra las canciones tomen más fuerza y suenen más compactas.

¿Alguna sorpresa para acabar el concierto? Pues no: una coreada Always Love (me perdí el momento en el que esta canción se convirtió en un himno), y una festiva y alargada Blankest Year para cerrar como Dios manda. Por supuesto, volvieron a triunfar y todo el mundo se fue contento de la sala, incluido un servidor, que les ha visto una docena veces.

Por cierto, no llegamos a tiempo de ver a Ezra Furman, que ejerció de telonero de tapadillo (muchos de los que estábamos allí nos enteramos de que actuó cuando Matthew Caws le dio las gracias a mitad del concierto de Nada Surf). Una pena. 

Fotos: Fernando Curto

 

To Top