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Motorama (+ Válius), Sala Sidecar, Barcelona (4-12-2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Es uno de esos mitos para todo indie que se precie. Más grandes que la vida, poniéndonos melodramáticos. Son solo dos palabras: Joy Division. A las que le siguen otras dos, todavía más poderosas, si cabe: Ian Curtis. Pero detrás de ambos hay una especie de universo paralelo, musical, estético, actitudinal… amplificado por el hecho -desolador para todo “moderno”-  de que quienes los pudieron ver en directo hoy se cuentan con los dedos de las manos. Este hecho provoca que cada año surjan un puñado de grupos a los que saludamos como aspirantes al trono de la banda de Manchester. Aún sabiendo que ese lugar es y va a ser siempre sagrado, claro.

The Organ, The Horrors, Wax Idols, White Lies, Holograms, Human Tetris.. La lista de pretendientes -otros los llaman imitadores- al podio post-punk es interminable. Algunos, como Interpol, nos han dado grandes discos aunque ahora parezcan agotados. Otros, como Editors, empezaron como una promesa estelar para desvanecerse cruelmente. Uno de los más interesantes en los últimos años es sin duda Motorama, además con el componente, digamos exótico, de su procedencia. No nos llegan demasiadas referencias de Rusia. Y menos de este calibre.

El quinteto de Rostov-on-Don ha llegado a Barcelona -en Madrid lo ha hecho gracias al magnífico Festival Sónida Collective, repleto de propuestas interesantes- gracias a Cooncert, una grata iniciativa en la que, a grandes rasgos, traslada el fenómeno del crowdfunding a los conciertos: un fan o la propia promotora propone el artista o banda, si el concierto es viable se empiezan a vender entradas y si se cubre el mínimo necesario, se hace realidad. Los responsables de Cooncert tienen motivos para estar orgullosos -y los amantes de la música para alegrarnos-. Su segunda propuesta agotó las entradas.

Aunque el concierto era el miércoles, ya la noche anterior pudimos disfrutar de las canciones de Motorama en directo, en un gran aperitivo previo -detallazo de la gente de Cooncert- organizado en la tienda de ropa Nudie Jeans del barrio de Gràcia. Ante una treintena de afortunados, los rusos ofrecieron un anticipo de lo que llegaría 24 horas después, mostrando que aunque el post-punk siempre ha tenido un halo gélido en su sonido, su interpretación debe ser intensa. Las expectativas para el día siguiente no podían ser mejores.

El sold out en la sala Sidecar ya pudo certificarse con el dúo encargado de abrir la velada. nos referimos a los barceloneses Vàlius y su desenfadado ¿punk? ¿garage? ¿cacofonía? ¿terapia de choque? Gerard Segura y Pol Serrahima sueltan berridos y guitarrazos con tanta facilidad como nuestros políticos mentiras. Pero no se asusten con la siniestra comparación: la idea de Vàlius no es deprimir, sino contagiar una especie de euforia. La loable idea es divertida, aunque quizá se necesite algo más para que funcione cuando la sorpresa inicial de su destartalada puesta en escena y sus sonrojantes letras, versión de Raimon incluida, se agota.

Y tras un ligero retraso llegó la hora de Motorama. Ante un público ansioso y presto a dejarse llevar por los infinitos punteos de guitarra, los espasmódicos movimientos -no podía ser de otra manera- de Vladislav Parshin, y los embites cuál llegada de la caballería de la sección rítmica, los de Rostov justificaron muy pronto las ganas que había de verlos. Aquí hay enjundia, tensión, pasión y talento para las melodías que noquean al oyente. Aquí hay banda.

El sonido estuvo lejos de ser el idóneo. La abismal voz de Parshin nunca sonó nítida y los teclados tuvieron un discreta presencia. Además, las reducidas dimensiones de la sala Sidecar alimentaron la sensación de estar embutidos en una ratonera, algo que el grupo debió padecer en grado superlativo debido a su minúsculo escenario. Una pena.

Pero al mismo tiempo, la proximidad sí contribuyó a que incluso los temas menos destacados de Calendar, un segundo LP, tras el indispensable Alps, que quizá sea más irregular, pero donde la banda muestra una mayor ambición pop que hace veraz ese -comiencen a salivar- cruce imposible entre Morrissey y Curtis, sonasen vivos e intensos. Y que temazos con Warm Eyelids -tremendas guitarras finales con Irina desmelenándose-, One Moment o Wind in Her Hair fueran simplemente abrumadores. ¿Podrían ser los nuevos Joy Division? Esperemos que no. Porque como Motorama estos cinco músicos tienen un enorme futuro por delante. Gracias a Cooncert por traerlos y permitirnos disfrutar de ellos en la distancias cortas.

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