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Matthew E. White, Sala El Sol, Madrid (30-06-2015)

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Si vas a un restaurante italiano esperas comer comida italiana (buena a ser posible), si te sirven una hamburguesa aunque sea buena saldrás decepcionado. El martes Matthew E. White en la madrileña sala El Sol nos dio hamburguesa. No era muy buena, y sobre todo no era lo que esperábamos, y sí, decepcionó bastante.

Mentiría si dijese que me sorprendió, ya le había visto en su anterior visita a Madrid (en el Teatro Lara) y fue algo bastante parecido pero esta vez me pareció menos aceptable (será el calor).

Matthew E. White hace música soul. Soul “blanco” con influencias de otros estilos propios de los 60 y 70, pero soul. Y en este tipo de música los arreglos de cuerda y (sobre todo) de viento no son un simple adorno para embellecer las canciones, son parte fundamental del sonido característico de este género musical.

White apareció acompañado de guitarra, bajo, y batería, más él también a la guitarra. Y lo que sonó allí no tuvo nada que ver con lo que ha grabado en sus (de momento) dos únicos discos. Discos que han sido unánimemente alabados por la crítica precisamente por todo lo que no pudimos disfrutar en su concierto. Una vez despojadas de su “alma” las canciones se vieron reducidas a una suerte de rock americano clásico que rozaba peligrosamente lo mediocre (las composiciones del señor White, salvo alguna contada excepción, se quedaron en nada). Está claro que el directo de un artista no tiene que ser exactamente igual que lo grabado para sus discos (de hecho a veces se agradece poder disfrutar en directo de otra faceta del mismo), pero cuando lo ofrecido en directo se aleja tanto es normal que haya quien acabe decepcionado. Más aún cuando el impedimento es puramente económico. Llevar músicos de apoyo para poder ofrecer algo parecido a lo que tu público ya ha oído (y apreciado) en estudio sale caro, y algunos artistas optan por hacerlo solo cuando la ocasión les parece suficientemente importante. Para el resto, actuaciones “low cost ” (del sangrante tema de los conciertos acústicos mejor hablamos otro día).

Por supuesto hay gustos para todo, y alguno de los asistentes (seguramente los que estaba allí sin saber muy bien porqué y sin conocer casi nada de la música del de Virginia), recibieron bien la dosis de rock simplón que sustituyó a la riqueza musical y a los matices (no nos engañemos, el público español nunca se ha caracterizado por tener mucho criterio, y festeja casi cualquier cosa). El repertorio elegido fue lo de menos, casi todo sonó muy lineal y a años luz de sus referentes de estudio.

Matthew nos demostró que tiene razón, rock & roll is cold.

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