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Mastretta, Café Berlín, Madrid (30-04-2016)

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Tuve la oportunidad de ver a Mastretta el año pasado en el Café Berlín. Esta vez vuelvo a verle (verles) en la nueva ubicación del Berlín (a pocos metros de distancia de dónde se encontraba originalmente). Este es uno de esos ejemplos que demuestran que no siempre es cierto eso de que segundas partes nunca fueron buenas. La nueva sala es más grande, más propicia para dar cabida a la extensa y variada programación que sus responsables se están currando de verdad desde la inauguración, y además conserva el encanto art déco de la antigua. Una buenísima noticia para la vida cultural de la capital.

El proyecto musical de Nacho Mastretta a lo largo de los años se ha ido convirtiendo en una orquesta en toda regla. Una orquesta y una banda de pueblo. Un pasacalles tocado por un grupo de cámara. Culto y popular. Serio y pachanguero a ratos. Divertido y emotivo. Es jazz, pero no del todo. Es folklore de aquí y de allá, pero no exactamente. Son músicos, y un poco cabareteros. Son solemnes, y un poco payasos. Son cine, y son teatro. Son todo eso y alguna cosa más.

En esta ocasión (como en la anterior) la excusa fueron las canciones de su último disco “El reino de Veriveri”, y los temas compuestos para la banda sonora de “El gran Vázquez“. Excusa para disfrutar y hacer disfrutar al público que llenaba la sala con una amalgama de sonidos de ayer, de hoy, y de sabe quién cuando.

Nueve músicos sobre el escenario (con un autentico arsenal de instrumentos), con Nacho y su inseparable clarinete como maestros de ceremonia. Músicos de distinto origen (musical y geográfico) y diferentes edades, que aún disfrutando cada cual de su momento de protagonismo brillaban más y mejor uniendo sus talentos.

Entraron tocando entre el público mientras se dirigían al escenario y se fueron de la misma manera. Dejando entre medias un “duelo” entre percusionistas, solos de instrumentos imposibles y maravillosos, un baile “agarrao” del trompetista en medio de la pista, zapateado, gritos, palmas, risas, y música, mucha música. Una velada distinta, especial, como su música. El público entre sorprendido, emocionado, y contento, dejaba la sala con una sonrisa en los labios. No es poca cosa. Nos vemos pronto (espero).

Fotos: Adolfo Añino

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