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Maronda, Espai Rambleta, Valencia (19-6-2015)

Autor:  | Google+ | @blutaski

La presentación de un disco, en principio, es un momento importante y emocionante. El artista muestra, por primera vez y sin la red de protección de la grabación fonográfica, el fruto del trabajo de meses, y el público juzga, por primera vez, las canciones que normalmente ya ha podido disfrutar en disco. Dualidad de emociones, celebración y juicio.

Maronda presentaron el pasado viernes su tercer disco, “Vibraciones”, en L’Espai Rambleta de Valencia, como colofón de la programación de la segunda edición del València Vibrant. Un álbum, publicado a finales del pasado mes de marzo, que representa un cierto giro ruidista en el sonido de esta banda comandada por Pablo Maronda y Marc Greenwood (La Habitación Roja) y completada por Paco Beneyto (Midnight Shots) Alfonso Luna (Tachenko). Este nuevo trabajo es una nueva exposición de las numerosas y variadas influencias de Maronda; parece que pudieran navegar con fluidez colgándose premeditadamente cualquier etiqueta interesante aparecida desde los sesenta hasta la actualidad y hacerlo sin perder un ápice de originalidad. Pura iconografía pop al servicio de una personalidad marcada. Si en sus trabajos anteriores recurrieron al pop clásico sixtie, rescataron unos 80 denostados por el indie actual, a Gainsbourg, o a Vainica Doble, en esta ocasión modernizan sus canciones con guitarras distorsionadas y sintetizadores atmosféricos, pero con una indiscutible marca de la casa: las melodías infalibles y una lírica preciosista pero de precisión quirúrjica.

Para abrir el concierto nada mejor que un breve saludo y un brindis al aire, aunque sea de sabor amargo. “Brindar con detergente” también es el primer tema del disco y en él se resume la contundencia de este nuevo trabajo, incluso con una velada declaración de intenciones: “Ya sabes el percal, no pienso recular, ponerle puerta al monte”. Siguieron con ”Impresionable”, ejemplo del clasicismo de su primer disco “El fin del mundo en mapas” y una de las más joyas de su breve discografía; y ”El ruido eterno”, contenida en su segundo “La orfebrería según los místicos”. Tres canciones, tres discos. Diferentes pero intercambiables, demostrando la heterogeneidad homogénea que enriquece a la banda. Lástima que empezábamos a intuir que el ruido eterno podía no ser solamente entre los dos, como reza este último tema, si no que podía ser la tónica de la noche entre el escenario y el público. El sonido era malo, realmente malo, plano y por el centro, como los penaltis mal tirados. Una pena.

Continuaron con “Quemando cromo”, que ha sido el primer single extraído del disco. Una canción redonda, de ritmo potente y melodía ruidosa, de letra exquisita, de desamor y lugares comunes del cancionero marondiano. En su traslación al directo se echó mucho más de menos las melodías de sintetizador que la adornan en el disco que la voz de Marina de Klaus & Kinski que la complementa, bien suplida por Pablo Maronda.

Tras ella, el retorno a canciones antiguas: “Me fui antes de verte llegar” y ”La recriminación”, con la aparición de Sandra Belda que estaba entre el público y que recreó la bonita colaboración de la grabación original.

La riqueza compositiva de Maronda se aprecia claramente cuando al preguntar a los que les conocen desde el principio por su canción favorita, algunos responden que “Cambiada”, otros que “Los novios de Bélmez”, que tocaron a continuación, otros que “Volverás”, que sonó poco después, o “La Campiña”, o “La Roma Imperial”, incluso alguno puede que ya sea fan de “Quemando cromo” o la magnífica “Nefertiti”, que llegaría con los bises. El resultado está tan repartido como el nuevo mapa político de muchos ayuntamientos. La salud de la democracia hecha música.

El sonido continuaba siendo rabiosamente deficiente, al menos para los que estamos acostumbrados a los trabajados matices de la banda, algo inmerecido para la actitud y disposición de la banda durante toda la noche. Han crecido en directo y se les ve orgullosamente seguros. Fueron cayendo temas de los tres trabajos como “Las luces resplandecen”, “He hablado con ella”, “Volverás”, “La fé inmortal”, “Improvisado” o “Ajoblanco”, que cerró un set largo pero en absoluto pesado.

Los bises, sin dilación y certeros, comenzaron con el “Oráculo”; una enmarañada, inquietante y sublime composición novedosa dentro del repertorio, que se explica ella misma en su críptica pero referencial letra: “Y ahora se pone el sol, por detrás de las cortinas, y tu conversación, es oscura y retorcida. Y en la televisión, las secuencias selectivas, del programa de hoy, trazan nuevas geometrías”. Le siguieron, la claramente vigente, “Vivimos en democracia”; “Nefertiti”, una de las joyas de este nuevo álbum; “Pastoral de tierras baldías”; y cerraron el concierto con la dulzura del pop pluscuamperfécto de “La campiña”. Casi dos docenas de temas, con el último disco prácticamente al completo y la mitad de las canciones de sus dos anteriores, lo que demuestra lo sólido de su repertorio y las ganas de tocar de los músicos.

En este tercer trabajo, los valencianos suman muchas guitarras y algún sintetizador, pero mantiene la esencia de Maronda; delicadas referencias y nada velados homenajes, algún que otro mensaje social y mucho costumbrismo pop, escenificado en melodías protagonistas y letras exquisitas. “Vibraciones” no parece que vaya a sonar este año en festivales, porque ha nacido a deshora y sin padrinos. Se abre la temporada de patos cuando no quedan cartuchos en las tiendas, metes el triple ganador cuando la chica que te gusta no mira, hablan de ti en la radio cuando tu madre no la tiene puesta; todo eso le va a pasar a Maronda este año. La suerte que tienen es el convencimiento que demuestran en lo que hacen, la desbordante creatividad de un Pablo Maronda que ya habla del par de discos que tiene medio ideados para el año que viene, y que estas canciones son buenas hoy pero lo serán también mañana.

 

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