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Mark Lanegan, Teatro Lara, Madrid (30-05-2016)

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El blues-rock ampuloso y envolvente de Duke Garwood en directo, con solo su voz y una guitarra, resulta bastante monótono. El público que aún iba entrando en un luego abarrotado Teatro Lara le aplaudió con entusiasmo, pero yo confieso que la sensación de tedio me pudo. Un pequeño intervalo para probar sonido y turno para la estrella de la noche.

Sobre el escenario viejos conocidos. Jeff Fielder (a quien pudimos ver no hace mucho acompañando a Greg Dulli) a la guitarra eléctrica y acústica, el belga Lyenn (habitual telonero de Lanegan en sus últimas giras) al bajo, y Garwood a la segunda guitarra. Y el señor Mark Lanegan, claro. A pie de micro y tan estático e impasible como siempre. En esta ocasión con un nuevo look a lo mosquetero.

El repertorio, como no podía ser de otra manera, un recorrido por gran parte de su discografía. Unas cuantas versiones (“Creeping Coastline of Lights”, “I’ll Take Care of You”, “On Jesus’ Program”), un par de temas de su disco con Duke Garwood (“Driver”, “Mescalito”), y dos guiños a sus días con Screaming Trees (“Where the Twain Shall Meet” del ya lejanísimo Buzz Factory, y la habitual para cerrar los conciertos “Halo of Ashes”).

Lanegan ofreció lo que mejor sabe hacer, una retahíla de historias sobre eternos perdedores, románticos empedernidos, desamores, y otras miserias del alma.  Salvo algún que otro animal de bellota (casi inevitable en cualquier tipo de evento social) que no debería haber salido de su redil, y los que ignoraban la ausencia de batería y el tono crepuscular y melancólico que iba a imperar durante la mayoría de la velada, el resto del público presente aulló de gozo ante cada pedacito de angustia vital y desengaño crónico con los que el nativo de Ellensburg (Washington) nos deleitó.

Mark “garganta profunda” Lanegan es un valor seguro, y la noche del pasado miércoles no fue una excepción. Verle por escenarios españoles es ya una buena costumbre, esperemos que siga siéndolo.

Fotos: Adolfo Añino

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