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Mark Lanegan, Teatro Nuevo Apolo, Madrid (26-11-2013)

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El primero en aparecer en escena fue el belga Lyenn. Aunque por aquí es un gran desconocido tiene un único (y bastante interesante) Lp en el que colabora gente de la talla de Sam Amidon, Jolie Holland o Marc Ribot. La música de Lyenn podría definirse como un folk-rock algo experimental, con una tesitura vocal que recuerda inevitablemente a Jeff Buckley.

En solitario, y en acústico, su música pierde ese toque experimental y recuerda al folk británico de los 60-70.

Delicado, intimo, quizás demasiado para un público que aún estaba llegando poco a poco al teatro Nuevo Apolo de Madrid. Aplausos, y quizá cierta indiferencia tras una actuación que no llegó a la media hora.

Tras unos pocos minutos turno para Duke Garwood. En su set en directo el multi-instrumentista británico demostró tanto su pericia como guitarrista (creando densas atmósferas de blues-rock utilizando distintas guitarras y distintas técnicas a la hora de tocarlas) como lo limitado de su registro (temas muy parecidos unos a otros, y una manera de cantar muy lineal).

Tuvo mejor acogida, y más tiempo, que su predecesor (ya había más gente en el teatro), y esa atmósfera bluesy anunció un poco lo que nos esperaba a continuación.

Una pequeña pausa y comienza el plato fuerte de la noche. La actitud de Lanegan en el escenario es entre estática, esquiva, y chulesca (gafas oscuras durante todo el concierto, miradas al suelo, y firme a pie de micro). Arrancaron con “When Your Number Isn’t Up” y “The Cherry Tree Carol” (con esta, de su “disco navideño”, demostraron lo dramático que puede resultar un villancico).

Hasta la tercera o cuarta canción absolutamente nada salió de la boca de Mark entre tema y tema, solo entonces dio las gracias y presentó a la banda.

Los antes teloneros, Lyenn y Garwood, al bajo y guitarra rítmica (alternando con algún instrumento de viento) respectivamente; un guitarra solista; y una pequeña sección de cuerda (violín y violonchelo) que hicieron las veces de percusionistas en algún tema.

El anunciado concierto acústico no tuvo nada de acústico, a no ser que se entienda como acústico por la ausencia de batería. Fue el concierto de un cantante acompañado de toda una banda. Mejor así, el abaratamiento de costes al prescindir de una banda propiamente dicha disfrazado de elección para ofrecer conciertos más “íntimos” ya huele.

Supuestamente esta gira de Mark Lanegan por Europa es para presentar “Black Pudding” (el disco con Garwood) y también “Imitations” (su reciente disco de versiones), y entre esos dos discos se repartió el grueso de las canciones más otras de discos anteriores. Personalmente tengo que destacar las canciones de “Imitations” que gracias a esa pequeña sección de cuerda no perdieron el “lustre” que tienen en disco. “Pretty Colors” (una de mis favoritas), “You Only Live Twice”, o “Solitaire” (con una interpretación más emotiva de lo habitual en la que su voz parecía a punto de romperse de un momento a otro).

Tampoco faltó el homenaje a Lou Reed con “Satellite Of Love”, y con una versión casi apocalíptica de “ On Jesus Program” el grupo dejó el escenario tras una hora de actuación.

Al poco Lanegan aparece de nuevo en escena, esta vez acompañado solo por el guitarra solista, para ofrecer un breve bis que finalizaron con “Halo of Ashes” (único recuerdo de su etapa al frente de Screaming Trees).

Yo nunca he sido muy amigo de este tipo de exhibiciones, así que no aprecié mucho el innecesario, prescindible, y largo solo de guitarra en este tema. Viendo la entusiasta reacción del público asumo, igual que en otras cuestiones, que el raro soy yo. Ovación cerrada, Mark da las gracias, y fin.

La elección de repertorio siempre es un tema peliagudo, nunca llueve a gusto de todos, y yo hubiera agradecido más canciones antiguas (hay mucho donde elegir).

Lanegan ofreció un concierto compacto, bastante coherente, y arropado por un grupo de buenos músicos que parecen tener muy buena química encima del escenario. Aún así yo salí del Nuevo Apolo no convencido del todo.

Apenas cantó un par de temas de sus cinco primeros discos, y los temas elegidos que no pertenecían a los dos últimos compartían esa (anteriormente mencionada) atmosfera de blues-rock denso que el grupo parecía querer darle a casi todas las “revisiones” de las canciones, y que a mi personalmente se me hizo un poco pesada. Lo que no se puede negar es que todo sonó muy a labor de grupo, creando un sonido propio, no como meros acompañantes de un cantante. Y eso, teniendo en cuenta la fuerte personalidad (y voz) de quien nos ocupa, es digno de mención.

Fotos: Adolfo Añino

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